“Más duro es el cementerio”
miércoles 13 de julio de 2011, 00:14h
Le espetó a Arnaldo Otegui -ese “hombre de paz”, según Zapatero- la fiscal, cuando éste se quejaba de la dureza de la cárcel, durante el juicio que se sigue en la Audiencia Nacional contra el dirigente etarra. Mientras, en Ermua se rendía homenaje ayer a Miguel Angel Blanco, asesinado por ETA hace 14 años. Su muerte provocó una reacción en toda España que hizo temblar al nacionalismo, pues sirvió para despertar la conciencia colectiva de que al terrorismo se le vence entre todos. Esa unidad generada por la muerte de Miguel Angel Blanco, denominada en su momento “el espíritu de Ermua”, debilitó ostensiblemente al terrorismo. Un terrorismo que ha segado ya casi un millar de vidas, y ha arruinado otras tantas.
Su brazo político campa hoy a sus anchas por las instituciones una vez más. En ninguno de los consistorios gobernados por Bildu hubo ayer siquiera un recuerdo a la memoria de Miguel Angel Blanco. Ni a él ni a ninguno de los inocentes -todas las víctimas lo son, lleven o no uniforme, y militen o no en partido alguno- asesinados por sus patrocinadores. Por eso, efemérides como la de ayer deben servir para tener bien claro dónde está cada uno. ETA no mata porque no quiera, sino porque no puede. Porque ETA son sus comandos, sí, pero también quienes evitan condenarlos y les dan pábulo. Y ésos están bien a la vista.