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Visado de Canadá a México: ignominioso

Marcos Marín Amezcua
sábado 16 de julio de 2011, 12:33h
En el verano de 2009, a punto de iniciar las vacaciones estivales y cuando miles de turistas mexicanos se aprestaban a efectuar viajes de placer al país de la hoja de maple –destino turístico muy en boga en los años precedentes–, les cayó como balde de agua helada la inesperada noticia de que Canadá imponía una visa. Visa de restrictiva y de limitada duración de tiempo de visita y de farragoso trámite para todo aquel que decidiera embarcarse hacia allá. Y debía de tramitarse de inmediato. No hubo consideración para quienes tenían ya billete de avión en la mano. Desde entonces, Canadá registró el derrumbe de turistas mexicanos hasta en un 30%, que no parece haber remontado.

Fue la mejor manera de estropear el ocio planificado por gente que así, vio frustradas vacaciones y ahorros arruinados en más de un caso; gente que además no tenía ni la más mínima intención de violentar las leyes migratorias del país del norte y a la cual se le causó un injustificable malestar que ha deteriorado la buena imagen de Canadá –que no considero que se haya recuperado del todo–. Por si faltara, crecía ese malestar por la angustiante desorganización visible en la embajada canadiense en la Ciudad de México, cuyas largas filas pude contemplar, pues en aquellos días acudía por una investigación a los archivos del cercano Museo de Antropología. Un día sí y otro también, quejas por doquier. Decepcionante al tratarse de ese gran país.

Canadá negó con una arrogancia desconocida y un desplante supino la desorganización denunciada por los afectados, aun siendo notable al instalar el tinglado que requería la nueva e intempestiva medida y no obstante que ésta se hizo más que evidente. Según comunicó el gobierno mexicano, se trató de una decisión unilateral y sorpresiva y eso pareció. Nos cogió desprevenidos.

Por parte de Canadá se dijo entonces de manera parca, que era una medida soberana y que había que acatarla. Sin más. Que no había trasfondo. Pero meses después el consejero comercial de su embajada en México, reconoció en un programa de radio al que acudió para promover una feria de turismo de Canadá aquí, que la medida obedeció a que muchos mexicanos de manera fraudulenta entraban como turistas y se quedaban a vivir allí y otros pretextaban persecución política obteniendo asilo y luego resultaba ser falso, en tanto que cobraban ayudas prodigadas por aquel país. O sea, que sí había un trasfondo en la impopular decisión del gobierno de Ottawa cuya medida había parecido sólo una intachable medida sin más. No lo era.

Cuando se ha sabido que los turistas mexicanos ya optan por otros destinos y pese a su fama de buenos compradores, ello nos conduce a preguntarnos la eficacia de la medida, que merece un par de consideraciones. La primera de ellas, de reprobación, pues es inadmisible e increíble que Canadá no fuera capaz ni de articular una política migratoria inteligente que detectara fraudes deplorables ni de distinguir entre gente de buena fe y quienes no lo eran, con el muy merecido castigo que debía de acarrearles semejante conducta vergonzosa y no en cambio, pagando justos por pecadores. Insostenible decisión por no articular una política bilateral con México, que estoy cierto hubiera colaborado dado el clima de entendimiento o el aparente, con un socio al que ellos apuestan en serio, dicen en Ottawa. En respuesta, México impuso visa a los diplomáticos canadienses, no a sus súbditos.

Lo que yo noto desde hace dos años es que ya no hay ni la misma algarabía ni el entusiasmo por conocer Canadá. Los mexicanos en muchos casos sí y en otros no, han optado por buscar otros destinos turísticos. Éramos el quinto país que les aportaba turismo e insisten en decir en Ottawa que no pasa nada.

En los años ochenta Canadá se ufanó aquí diciendo que era “la otra América del Norte”, frase grandilocuente con la cual deseaba distanciarse de la arbitrariedad y la petulancia estadounidenses. Sus gobiernos vendieron la idea de ser un país amigable y de saber diferenciarse de su conflictivos vecinos. Para sorpresa de muchos, sí hay roces constantes entre Ottawa y Washington. Podría decirse que lo lograron y la imagen y la opinión sobre ese país era muy favorable en México. El Tratado de Libre Comercio (TLCAN) me permite decir que incluso, relanzó y potenció el francés para incrementar los nexos con Quebec.

Canadá era visto como un gran país amigo de México. El TLCAN que distribuyó el peso de la relación con EE.UU. entre sus vecinos, incrementó de 2 al 6% el comercio bilateral, acogiéndose a empresas canadienses en todos los rubros del mercado mexicano de 112 millones de potenciales consumidores y a ellas no les va nada mal. Más de una envuelta en corrupción, dicho sea.

¿Y qué hacer con la visa? A finales de 2010 se efectuó en Ciudad de México la reunión interparlamentaria México-Canadá. Allí los legisladores mexicanos pidieron a sus homólogos canadienses, reconsiderar la decisión. Ya antes fue motivo de ríspidas declaraciones entre el presidente Calderón y su par Harper, ambos de signo conservador. Promesas vagas. El embajador mexicano en Canadá, Francisco Barrio, declaró entonces a la prensa mexicana que ya había una iniciativa que interpusieron algunos parlamentarios allá, sujeta a los tiempos de su órgano y declaró muy ufano y lacayuno que por el momento, no nos quedaba más por hacer, como aceptando así la ignominiosa visa.

¿Visa entre socios? ¿Visa con una relación fluida? ¿visa sin reciprocidad? ¿de verdad sigue siendo “la otra América del Norte”? nuestro turismo les compra, muchos mexicanos viven allí y contribuyen a engrandecer ese país. Mejores motivos no hay para que recapaciten con formas inteligentes de regular.

¿Sabe qué? yo no concuerdo con el diplomático mexicano. Claro que sí podemos hacer algo mientras se deciden si articulan mejores decisiones. Entretanto, yo como otros cogeré el mapamundi y buscaré un mejor destino que visitar y donde dejar mis divisas, faltaba más y donde me traten como en casa y no me sienta hostigado o como criminal o sospechoso al pasar su control migratorio. Ninguna necesidad. ¿Ir a Canadá? de momento no, gracias.
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