El problema Camps
domingo 17 de julio de 2011, 10:07h
Ya escribimos hace tiempo en esta sección, y sobre este caso, que estas cosas acaban sabiéndose y terminan mal. Lo mismo que, en estos días, estamos predicando sobre un tema mucho más grave, como es el caso “Faisán”. La imputación de Francisco Camps por cohecho impropio pasivo es un problema que bien podía haberse evitado el señor Rajoy. En Valencia, tanto a nivel de comunidad autónoma como de buena parte de sus municipios, el PP ha obtenido siempre muy buenos resultados. En los últimos comicios esta pauta, lejos de variar, ha supuesto incluso un mayor repunte popular. Y ese ha sido precisamente el error de Camps –refrendado por Rajoy: pensar que las urnas lo legitiman todo, cuando no es así. Afortunadamente, el Código Penal se cambia en el Congreso pero sus artículos no se votan por elección popular. La Justicia es independiente y está separada del Ejecutivo. Por eso vivimos en un Estado de Derecho.
A nadie escapa que la campaña de acoso y derribo contra Camps ha sido desmesurada. Lejos quedan delitos tan graves como apropiación indebida, corrupción, financiación ilegal o prevaricación. Sí, en cambio, hay indicios de un ilícito penal, cual es el del cohecho impropio pasivo; o lo que es lo mismo, aceptar unos trajes como regalo, a sabiendas de que la intencionalidad de quien llevaba a cabo dicha liberalidad no estaba del todo clara. Un ilícito relativamente venial, menor, si se quiere, pero ilegal. Suficiente, por tanto, para que un cargo público no deba seguir adelante. Cada sistema tiene sus exigencias y la democracia, aunque sea coronada, exige virtud y decoro republicanos. Hay cosas, imágenes y actitudes, que no tienen cabida: es un asunto de estética y también de ética. Pocos piensan que el señor Camps se ha vendido por cuatro trajes pero muchos, muchísimos, creemos que debería haber dimitido hace tiempo.
El problema de no haber atajado en sazón semejante fisura es que, si finalmente Camps es condenado, puede producirse una fractura de imprevisibles consecuencias para el PP. Un partido, por otra parte, donde hay cantera de sobra -la propia Rita Barberá sería una excelente sucesora- para sustituir a un presidente imputado. Y un partido que puede tener un problema nacional por no haber solucionado uno autonómico en su momento.