Sin Camps, al PSOE no le queda nada
José Antonio Sentís
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directorgeneralelimparciales/15/15/27
jueves 21 de julio de 2011, 01:10h
La dimisión de Francisco Camps tiene muchas lecturas. Pero la principal de ellas, a unos meses de las elecciones generales, es que el PSOE se queda sin el último caramelo, sin la escasa posibilidad de alterar a su adversario. La mínima esperanza en la que hubiera podido aferrarse en su argumentario electoral.
Es irrelevante que haya sido la presión de Rajoy, o la propia voluntad del muy votado presidente de la Comunidad Valenciana, la que haya propiciado este desenlace. Lo importante es que Camps ha preferido defender su honra sin barcos, y no mantener sus barcos sin honra. Lo que, por cierto, le honra.
El asunto Camps ha sido una absoluta desmesura durante muchísimos meses. El juicio por unos regalos siempre careció del mínimo sentido, salvo que los regalos recibidos por todos los políticos, desde un reloj a un jamón, sean causa de procesamiento, lo que abarrotaría los tribunales de Justicia.
Pero, una vez encausado, Camps sólo tenía una opción digna. Dejar el cargo. Lo que puede ser justo, o no, pero era insoslayable. Porque no era su partido el que iba a estar en almoneda, sino su propia persona. Más aún, mucho más su imagen que la del PP, porque aunque algunos socialistas tuvieran la secreta esperanza de que este affaire les diera algún voto, la verdad es que estaban errados. Ni el caso Camps le quitó un solo voto al PP en las elecciones en la Comunidad Valenciana, donde ganó por mayoría absolutísima, ni le hubiera quitado un sufragio a Rajoy. O, por decirlo de otro modo: ni le dio un voto a un señor que se llama Alarte, que, aunque nadie le conoce, es el candidato socialista valenciano, ni le iba a dar un apoyo a Rubalcaba, que bastante tiene con quitarse de encima a Zapatero, al Faisán o a la gestión del PSOE en la crisis económica.
Ahora, Camps se defenderá como civil en una causa menor. Y tal vez salga no culpable de ella. Y, si eso pasa, a lo mejor no puede ser presidente valenciano, pero sí ministro del Reino. Y, si no, pues tendrá que retirarse a sus refugios de invierno. Pero el PP ha quedado exonerado, por mucho que ahora intenten exprimir los socialistas este absurdo asunto, que nunca tuvo que dar de sí, y que, desde luego, no da más de sí.
Sin el juguete Camps, a Rubalcaba sólo le queda atacar a la Banca (que, por cierto, parece en vías de recuperación) o apoyar al melifluo agregado llamado 15-m. Lo que no es mucho bagaje. Porque su principal enemigo no está en el PP, sino en el empecinamiento de Zapatero, que no quiere convocar elecciones pese a saber que cada sema que pasa el PSOE pierde cuatro diputados.
Rajoy, con intervención o sin ella, se ha encontrado con un magnífico regalo. Si eso le hubiera pasado a Zapatero, todos hubieran hablado de su suerte, de su baraka. Es la paradoja de la política. La suerte va por barrios, y ahora todo lo afortunado cae en Rajoy. Lo que le puede caber a él es gestionarlo con habilidad y con energía de liderazgo, porque la prudencia se le conoce y la paciencia también.
Es curioso pensar que el enorme éxito del PSOE y de sus medios afines por derribar a una persona, en este caso Francisco Camps, puede haber sido tan eficaz como estéril. Bien, ya han conseguido la dimisión de un presidente de Comunidad Autónoma del PP. Ahora, este partido tiene otro sin despeinarse. Y, al PSOE ¿qué le queda? Ninguna batalla por jugar, porque se empeñaron en un combate de boxeo contra una sombra, y ahora se van a encontrar braceando al aire.
Si lo pensamos, era lógico. La gran causa contra Camps, que iba a derribar al PP, la comenzó Garzón, y la jaleó la Fiscalía socialista y el partido de Zapatero y Rubalcaba. Veremos quién es condenado antes, si los acusadores o el acusado. Y veremos quién saca provecho político. Si el dimisionario y su partido, o los inquisidores que tanto se fijan en los regalos ajenos y tan poco se fijan en los que les hacen a ellos. O al menos, a alguno de sus presidentes o expresidentes autonómicos.
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Director general de EL IMPARCIAL.
JOSÉ A. SENTÍS es director Adjunto de EL IMPARCIAL
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