En el día de homenaje a
Evans no podía faltar la lucha por la prestigiosa etapa parisina. Tampoco
Cavendish, imparable con cinco triunfos de etapa, la vigésima en cuatro años, cifras que le acreditan como el mejor esprinter del mundo al ciclista de la Isla de Man, de 26 años, también maillot verde por puntos.
Mientras
Cavendish levantaba los brazos por delante del noruego
Boasson Hagen (Sky) y del alemán
André Greipel (Omega),
Cadel Evans se proclamaba vencedor absoluto. El hombre tranquilo, abrazado por todos sus compañeros, se sumergía en una sonrisa. Empezaba otra vida.
Evans cumplió a los
34 años el sueño de subir a lo más alto del podio en la carrera más importante del mundo. Un triunfo para la historia porque se trata del primer australiano y de todo el hemisferio sur en conseguirlo. Dos veces se quedó a las puertas, en 2007 y 2008, superado por
Alberto Contador y Carlos Sastre. Pero al séptimo intento se consagró.
El ciclista aussie, en cuyo palmarés figuraba el título mundial de 2009 y la Flecha Valona de 2010, escuchó el himno de su país en versión cantada, esta vez sin errores, acompañado por dos hermanos, los
Schleck, otro detalle sin precedentes en la historia.
Andy otra ver segundo, y ya van tres subcampeonatos, con una diferencia final de 1.34, y
Frank tercero, a 2.30.

Un premio a la constancia del veterano ciclista de las antípodas, procedente de la bicicleta de montaña, donde destacó con dos Copas del Mundo. Discutido por su forma de correr, por su escasa aportación al espectáculo, ha sido coherente con su estilo. Jugó sus bazas, aguantó hasta la contrarreloj de Grenoble e impuso su potencial ante un Andy Schleck que se estanca en sus objeto en un año que ha coincidido con la cotización a la baja de
Contador, su rival natural.
No se rinde el pequeño de los
Schleck, quien ya anuncia que volverá el próximo año "para ganar", pero tendrá que luchar primero con la sensación de haber perdido una ocasión de oro y con la obligación de mejorar, y mucho, en contrarreloj. Un aspirante a ganar el Tour no debe perder 2.38 en 42 kilómetros. Así no rentabilizan gestas inolvidables como la que firmó en el Galibier.
Se quedaron fuera del podio el francés
Thomas Voeckler (Europcar), cuarto, que vistió de amarillo 10 días y
Alberto Contador, quinto, el gran derrotado del Tour, incapaz de ampliar a siete sus triunfos consecutivos en las pruebas grandes por etapas. Desde 2006, con triunfo de
Pereiro tras la descalificación de Floyd Landis por dopaje, el primer escalón del podio era español.
Contador lo conquistó en 2007, 2009 y 2010 y
Carlos Sastre en 2008.
El madrileño dio la arena. Sea por las molestias en su rodilla derecha a causa de las caídas, por el cansancio del Giro de Italia o las influencias de un año difícil en lo personal con su caso de presunto dopaje pendiente de la decisión del Tribunal de arbitraje (TAS), la imagen de
Contador descolgado en los puertos, alejado de la pelea entre los favoritos, ha resultado extraña por inhabitual.
"
A ver si me dejan subir un rato al podio", bromeó el ciclista de Pinto. Más en serio, aseguró a fuego que no irá "
nunca más al Giro antes del Tour". Y claro, dijo que volverá el año que viene "para ganar".
También subió al podio
Samuel Sánchez (Euskaltel), el triunfador de la etapa de Luz Ardiden. El campeón olímpico fue el único español que subió al escenario de los ganadores, donde se enfundó el maillot de lunares que acredita al rey de la montaña.
El cuadro de honor lo completaron
Pierre Rolland (Europcar), primer francés en conquistar el Alpe D'Huez desde Bernard Hinault (1986). Ha sido la revelación de los jóvenes, por lo tanto maillot blanco. Por equipos el premio fue para el
Garmin Cervelo, donde milita, entre otros, el noruego
Thor Hushovd, ganador de dos etapas y maillot amarillo 7 días.