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Apostillas para los tiempos que corren

Enrique Aguilar
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enrique_aguilarucaeduar/15/15/19/23
miércoles 02 de abril de 2008, 21:38h
Quiero someter a la consideración del lector unas pocas reflexiones deshilvanadas pero pertinentes todas, me parece, a nuestro inmediato presente:

1) La democracia no es sólo búsqueda de consenso. Es además, mal que nos pese, aceptación del conflicto. Deberemos acostumbrarnos a esta premisa.

2) Se vive aquí y ahora, sin duda, pero esta vida que se vive sin dilaciones requiere, para tener sentido, de un largo plazo. En otros términos, se vive aquí y ahora pero de cara a un porvenir que nos trazamos.

3) Por consiguiente, no nos llamemos a engaño: el pragmatismo extremo es un acto de cobardía que hace la vista gorda al porvenir especialmente si el pronóstico anticipa nubarrones. Asimismo es una forma más, aunque disfrazada, de ideología.

4) Si las cuentas claras conservan la amistad, las reglas claras preservan el Estado de Derecho.

5) Aparte de la obediencia debida a las reglas, hay otros valores que retroceden frente al avance de la disconformidad con una experiencia democrática que, en varios países, dista bastante de encarnar lo que la teoría prescribe. Menciono, a título ilustrativo, estos dos: el sentido del compromiso y el respeto por la opinión ajena, sobre todo cuando disiente de la nuestra.

6) Y nuevamente con relación a las reglas, hay cosas que, por definición, no pueden serlo: las excepciones. También son varios los países en donde lo excepcional se ha vuelto regla y la regla excepción.

7) Por acción o por omisión, los fracasos colectivos no son sólo el fruto de una mala praxis política pues la autonomía de la política es siempre relativa. Con todo, no resulta aventurado pensar que la presunción de idoneidad recae primero sobre quienes se postulan voluntariamente a cargos electivos.

8) No hace falta haber leído a Rousseau (aunque conviene hacerlo de vez en cuando) para saber que no hay cultura cívica que se precie si con antelación el hombre no se reforma moralmente. Y esta reforma requiere ante todo de una mirada introspectiva. Como escribió Pierre Manent, la línea divisoria entre el habitante y el ciudadano pasa precisamente por ahí, es decir, por el interior de nosotros mismos.

9) No pidamos, sin embargo, peras al olmo. Al hombre moderno lo mueve más su interés que la abnegación. Y si es evidente que una mera armonía de intereses es condición insuficiente para cimentar la llamada Buena Sociedad, lo es igualmente que no nos gustaría vernos moldeados en una legislación que hiciera de nuestras vidas, como quería el ginebrino, “un don condicional del Estado”.

10) De todas maneras, luchemos contra la apatía porque una sociedad atomizada es un terreno propicio para el despotismo. Sobre el particular aconsejo la lectura de Tocqueville quien supo advertir el peligro que se ocultaba detrás del “juicio erróneo” (el de ese habitante que “se considera a sí mismo como una especie de colono indiferente al destino del país en que habita”) que él llamó individualismo: “la maladie du siècle”. También en esta época padecemos sus síntomas.

11) Lo enseña Giovanni Sartori: el pluralismo se contrapone a la unanimidad, pero no por eso es asimilable a la indiferencia, al relativismo o a cualquier otra postura que ignore que la existencia de toda sociedad requiere de concesiones mutuas para ser exactamente eso, es decir, una sociedad.

12) Una verdad de Perogrullo. El equilibro de poderes presupone la división de poderes. La división de poderes, en cambio, no impide que una de las ramas (usualmente el Ejecutivo) se arrogue las atribuciones de las demás. En Latinoamérica, al menos, los ejemplos son múltiples.

13) Si de precisiones terminológicas se trata, cabe recordar que la libertad no es contraria al orden sino a la opresión. Lo contrario del orden se denomina anarquía.

14) En el plano educativo, también es conveniente recordar la raíz etimológica de la palabra educar: e-ducere, que significa sacar fuera. Hoy en día se insiste mucho en informar y en el “dictado de contenidos”. Pero información no es lo mismo que conocimiento y es un hecho que el exceso de contenidos atenta contra la reflexión serena y la facultad de pensar por cuenta propia.

15) Finalmente, no sé hasta qué punto es bueno que la “democracia de lo público”, según la divulgada tesis de Bernard Manin, desplace a la golpeada democracia de partidos. En cualquier caso, y sobre gustos no hay disputas, prefiero siempre un electorado independiente a un electorado cautivo.

Enrique Aguilar

Politólogo

ENRIQUE AGUILAR es director del Instituto de Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales de la Universidad Católica Argentina

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