tragedia de utoya
"No me atreví a hacer nada excepto permanecer en el suelo durante tres horas y media"
martes 26 de julio de 2011, 21:07h
De 22 años, Hakon Sandbakken no era ni mucho menos el chico más joven en acudir al campus de verado del Partido Socialdemócrata en la isla de Utoya. Como otros tantos, disfrutaba de una apacible jornada junto a otros centenares de noruegos que asistían a conferencias, actividades comunes y acampadas en este idílico enclave situado a 20 kilómetros de Oslo.
Sandbakken llegó a Utoya en el mismo barco que Anders Behring Breivik, que poco antes había colocado un coche bomba en el barrio gubernamental de la capital y cuya explosión le costó la vida a ocho personas. Entonces, Sandbakken, sin poder imaginar la verdad que se escondía detrás del uniforme de agente de policía de Behring, bromeó junto a vario de sus compañeros sobre la verdadera identidad del misterioso hombre 1,90 metros de altura que curcaba junto a ellos las aguas en dirección a Utoya.
"Recuerdo que dije entre bromas que deberían comprobar sus credenciales y que ese hombre no era realmente un policía, por su coche civil", señala Sandbakken. El joven, que agradece a la suerte el poder haber salido con vida de la isla, tiene sentimientos encontrados. Aunque se alegra por seguir con vida, tiene una carga de culpabilidad por el trágico destino que siguieron 76 de sus compañeros de campus.
"La verdad amarga y dura es que yo, como todos los demás, no me atreví a hacer nada excepto permanecer en el suelo hasta que, pasadas tres horas y media, la policía nos encontró", afirma el joven al portal Nrk.nr.
"Entré en una cabina y me encerré, pero luego cambié de opinión y abrí la puerta para que pudieran entrar otros", comenta el joven superviviente, que confiesa que estuvo oculto con otros tres compañeros durante una "hora terrorífica" en la misma posición, completamente quietos. "Los pensamientos volaban en mi cabeza hasta que encontré un o fijo: 'Si muero ahora, muero feliz'".