EEUU cometió otro delito de lesa humanidad
miércoles 27 de julio de 2011, 21:13h
Llamémosle por su nombre y digámoslo fuerte y con todas sus letras: EE.UU. cometió otro delito de lesa humanidad, ahora con México.
El programa ilegal denominado de forma frívola y hollywoodesca como “Rápido y furioso” (y que es ilegal para ambos países), consistente en introducir subrepticiamente armas a México desde EE.UU., pretextando seguirles el rastro y verificar así que el crimen organizado sí las adquiere, es un crimen en toda forma.
Es un plan orquestado por el gobierno estadounidense sin colaboración mexicana y que es equiparable se mire por dónde se mire, a los experimentos de manera intencionada consistentes en aplicar inyecciones de cepas de sífilis y gonorrea a personas de Guatemala entre 1946 y 1948, ocultándoles la medida solapada por ambos gobiernos y efectuada a petición de EE.UU..
Así, las armas hacen las veces del líquido mortal que ha sido inyectado al conejillo de Indias, México. Lo grave y lo deplorable es la desvergüenza con que el gobierno estadounidense apenas puede asumir esa responsabilidad, por las redes de intereses y complicidades que envuelven el trafico de armas en su propio país y dado que EE.UU. perdió el control de aquellas que introdujeron ilegalmente a México, una de las cuales se uso para matar a uno de sus agentes en ese país. Una sopa de su propio chocolate, mientras que otras se usaron para matar mexicanos.
Es un insulto a la inteligencia de cualquiera y una traición a la buena fe mexicana y a la colaboración antidrogas binacional que tanto se le exige a México –cual si no actuara– y sirve para demostrar que a EE.UU. no le interesa poner fin a la guerra antidrogas que causan sus drogadictos y que tanto le reditúa. ¿Cómo admitir esa conducta nefanda sin denunciarla y cual si EE.UU. fuera paladín de la lucha antidrogas? Bien que es equiparable a un delito de lesa humanidad. ¿El gobierno estadounidense se equipara al narco actuando igual, con una acción tan vil y descarada como la que se ha mencionado? Quizá.
Cuado fue asesinado el agente estadounidense, entonces se generó una ola de repulsión contra México en el vecino país, hasta que se descubrió todo el entramado de mentiras, contubernios, ilegalidades, bajezas e intereses oscuros en torno a introducir armas ilegales a México, mientras el gobierno estadounidense desoía los reclamos puntuales del gobierno de Felipe Calderón acerca de imponer orden en el comercio de armas allá y evitar que sean adquiridas sin mayor control por cualquiera, impidiendo además su introducción a México. Entonces, se callaron. La soberbia del gobierno de Obama, torpe en tantas cosas, hace sospechar ya de este lado de la frontera que su incapacidad es muestra de una carencia de oficio de la que da evidencias todo su gabinete. No extraña su baja popularidad, pero México paga las consecuencias.
Al mismo tiempo, el 22 de julio de 2011 en un hito que por fin se ha producido y digno de mencionarse, Obama reconoció que la demanda de droga en EE.UU. aumenta la violencia en México, evidenciando la corrupción del gobierno estadounidense en todos los niveles que demuestra, una vez más, por si no se convence alguien y aún quedaban dudas, que la corrupción también habla inglés y desacredita al gobierno de Washington al completo, quitándole estatura moral para reclamar nada a nadie. Mientras EE.UU. pone las recriminaciones y lucra con el tema, México pone los muertos y nada ganará si EE.UU. no hace su parte real en la lucha antidrogas, metiendo al redil a sus traficantes, a sus autoridades corruptas y combatiendo de manera decidida el consumo de drogas. Si implica poner tropas en las calles de Nueva York, hágase. Pero allá nadie quiere cargar con el costo político de hacerlo.
Poco ganaremos si desde Washington o desde su embajada en México se ponen oídos sordos a las denuncias de su propio actuar y si continúan cometiendo atropellos como el deleznable programa de “Rápido y furioso”. Y menos si sus corifeos siguen culpando a México de la situación actual. Debería de caérseles la cara de vergüenza ante las evidencias recientes. ¡Basta de cuentos! Es necesario apuntar también a EE.UU. y su mal dada inoperancia.
Por fortuna, la opinión pública en México cada vez valora peor el actuar de EE.UU. y colige que nuestros problemas se originan allá en materia de tráfico y consumo de drogas. Cada vez más se pone el acento en que EE. UU. se evidencia no haciendo su parte, por mucho, y un programa de la bajeza del mencionado ha tenido un efecto definitivo y demoledor en la percepción que en México se tiene de EE.UU., en sí tan negativa. La escasa cooperación estadounidense está denunciada y sabemos que se niegan a hacer su trabajo en su propio territorio, pues no les gusta, la evaden y se niegan a hacerla como gobierno y como sociedad. Los mexicanos centran ya el debate en la nula acción de EE.UU. allí, antes que en el mundo dando lecciones que nadie les ha pedido, exhibido como un país tan permisivo en venta de drogas y venta de armas, mientras otros se están llevando la peor parte. No pasarían una certificación como las que propinaron por casi dos décadas de manera unilateral. Bien que se merecen pasar por esa prueba, abusiva como lo fue.
Con indignación hemos ido sabiendo semana tras semana como altos funcionarios estadounidenses estaban más que enterados de las corruptelas permitidas y provocadas por su gobierno en el programa “Rápido y furioso”. Los dedos apuntan cada vez más alto y el propio Obama se ha deslindado, negando saber lo que sucedía frente a sus narices. Parece increíble.
Podemos decirlo más alto, pero no más claro: evidenciados, EE.UU. ha volteado para otro lado alardeando su mejor herencia puritana; responde con el destacado y tradicional doble discurso moralista y moralizante, tan gratuito, pero ante todo, tan hipócrita. Lo normal. ¿Les interesa terminar esta guerra? hay pruebas de que no, pues es un gran negocio para muchos. En dado caso ¿qué les importan los 40 mil muertos causados en México? Respuesta: nada.