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¿Listas abiertas en las próximas elecciones?

Lourdes López Nieto
jueves 28 de julio de 2011, 21:33h
Cuando se repasa las hemerotecas se advierte, que han sido numerosas las demandas de reformas institucionales, como las electorales, para solucionar la distancia entre políticos y ciudadanos. Estas se han formulado por parte de diversos grupos sociales y económicos (fundaciones, foros, etc.) y medios de comunicación, desde hace varios años en España y en otros países democráticos. Después estas propuestas han ido cuajando en amplios sectores de la opinión pública y algunas han sido asumidas por algunas formaciones políticas. En el ámbito de la ciencia política, este viejo dilema y problema, ha sido objeto de reiterados análisis y debates académicos a lo largo del siglo XX, especialmente en las últimas décadas.

Por ello las recientes demandas de los llamados indignados, (otro ejemplo de “aplicación discriminada del estado de derecho” por el gobierno) no son novedosas. Bien es cierto, que los asociados al adanismo que nos invade desde el comienzo de siglo, muy vinculado al pensamiento del actual presidente de gobierno, creen que estamos ante un grave problema democrático.

En consecuencia, unos y otros han propuesto la introducción de la lista abierta, que se ha convertido en demanda recurrente y que según opinan, solventaría los problemas de desconocimiento y distancia de los representantes que genera la lista cerrada y bloqueada. Este tipo de voto se estableció para las elecciones constituyentes para frenar el histórico problema de los personalismos y clientelismos practicado por los políticos españoles. La lista cerrada y bloqueada ha reforzado el papel de los partidos y se ha introducido en todas las leyes electorales. En el Congreso, este tipo de voto no ha disminuido el número de candidaturas, aunque sí los votos sin representación: en las elecciones de 2008 quedaron sin representación 779.570 votos (3,1%) de 1.114 candidaturas.

Por el contrario, el tipo de voto que regula la elección de los 208 senadores que se eligen por los ciudadanos, otorga una gran libertad de opción al elector. En efecto, el voto personal y limitado para elegir a los mencionados senadores, está consagrado en la denostada ley electoral española. En todas las provincias, menos en las insulares, Ceuta y Melilla, los electores tienen libertad para utilizar los tres votos de que disponen. Los pueden otorgar a cualquiera de los candidatos presentados, a dos, o solo a uno. También pueden votar en blanco o anular el voto.

¿Qué han hecho los partidos? Limitar o reforzar su presencia al reformar en tres ocasiones la papeleta. En las dos primeras elecciones, 1977 y 1979, la papeleta para elegir a los senadores estuvo conformada por una lista alfabética de los candidatos. Este formato de lista bastante parecida a la lista abierta ha desaparecido tras dos reformas. La primera introducida desde las elecciones de 1982, previo sorteo ordenaba las candidaturas concurrentes en la papeleta. A su vez los candidatos los seleccionaba el partido y los presentaban alfabéticamente y en su caso los incluían suplentes, para evitar la celebración de elecciones parciales cuando algún senador abandonaba el cargo. En 2010 los grandes partidos reformaron de nuevo la papeleta, que entrará en vigor en las próximas elecciones. Aprobaron una curiosa ley orgánica que modificaba un artículo de la ley electoral y otro del tribunal constitucional. La nueva papeleta estará ordenada “de mayor a menor” es decir que anulan el sorteo de las candidaturas y hacen prevalecer el apoyo de los partidos en las elecciones previas. Además sustituyen el tradicional y neutral orden alfabético de los candidatos, por el orden que decida el partido.

¿Qué han hecho los electores?
Los partidos que aprobaron la reforma de 2010 sostienen que tratan de reducir la mayor abstención, porque los candidatos de los grandes partidos estaban relegados “lo que hace difícil al votante encontrar a los candidatos de su preferencia” (preámbulo). Además defienden la reforma por “alto número de votos nulos y en blanco, más de lo que sería admisible en circunstancias normales”. La realidad (elecciones 2008) es que las diferencias se reducen a un 1% en cada indicador y en consecuencia la suma total de electores que de alguna forma cambia el voto en el Senado no llega al millón y medio.

¿Qué pueden hacer los partidos, en concreto el que aspira a gobernar para dar respuesta a las demandas ciudadanas de mayor libertad en la emisión de voto.? No tiene que cambiar ninguna norma. Solo tiene que permitir que los tres candidatos que el partido haya seleccionado en cada distrito, personalicen al menos una parte de la campaña de acuerdo con sus propios criterios. Es previsible que si uno de los grandes partido se anima a introducir esta práctica política para tratar de dar respuesta a las demandas ciudadanas, los demás se sumen a esta práctica política.

¿Qué harán los electores? Vaya por delante que hay muchas razones para justificar las disfunciones que generan los diversos tipos de voto que permiten más libertad a los electores. En este caso, si muchos ciudadanos usan a fondo su libertad en el uso del voto personal del Senado, puede ocurrir que una parte de los nuevos senadores pertenezcan a partidos minoritarios y que el Senado aumente el debate interno. Es posible que si el resultado es disfuncional, esta intervención activa de los ciudadanos, sirva también para llevar a cabo la vieja demanda de reforma esta cámara.
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