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Consecuencias y lecciones de una crisis anunciada

jueves 04 de agosto de 2011, 00:36h
Ayer pedíamos que, ante una situación de emergencia como la que está viviendo España y, en general, toda la Unión, los partidos debían dar una respuesta solidaria. Y hoy, Mariano Rajoy tendía la mano al Gobierno ante la posibilidad de adoptar nuevas medidas anticrisis. Con ello, aportaba una dosis de tranquilidad sumamente necesaria, en un momento en el que la prima de riesgo alcanza máximos históricos colocando al país en una situación financiera dramática. Más de una vez se le ha ido la mano al PP en su machacona insistencia en el ámbito económico, aunque el tiempo le ha dado la razón. Ahora bien, no han sido únicamente los populares quienes alertaban de lo que podía venirse encima. Instituciones públicas y privadas y analistas de todo tipo vaticinaban un horizonte muy negativo, si el Gobierno seguía en su permanente laissez faire. Cajas de ahorros, sindicatos y legislación laboral son las tres patas de un banco inmovilista que cojeaba ostensiblemente por haber quedado obsoleto. Y a todos ellos les hace falta un remozado integral.

Pero no sólo a nivel público hay que pedir cuentas. En comparación con el resto de Europa, las personas físicas y jurídicas en España han vivido -y aún viven- muy por encima de sus posibilidades. El abuso del crédito y una palmaria irresponsabilidad en muchos casos ante la posibilidad de no poder hacer frente a las obligaciones contraídas es también un factor determinante de esta crisis. Una gran parte de la ciudadanía consideraba que la situación económica era algo más bien lejano a ellos, cuando realmente no es así. Si el Gobierno hubiese hecho los deberes en su momento, posiblemente hoy la situación sería mucho menos apurada. Pero no sólo el Ejecutivo. Empresas y economías domésticas deben también tomar buena nota. Parte de lo que está pasando es consecuencia de no haberlo hecho en un pasado no muy lejano.

En este sentido, es un hecho que la deuda pública española es inferior a la media europea y es manejable. Pero la deuda privada, de empresas y particulares hace tiempo que está por las nubes. A los bancos se les puede exigir mayor transparencia a la hora de publicitar y vender sus productos financieros pero ciudadanos y empresarios tienen que reconocer que no es obligatorio firmar un crédito y, quien lo hace contrae una responsabilidad que debe estar dispuesto a afrontar. La libertad, la democracia y el libre mercado constituyen un mundo próspero y estimulante pero muy exigente. Exige responsabilidad y no sólo de los políticos: el autogobierno demanda la responsabilidad individual de cada uno de nosotros.
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