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Los mercados no esperan a Rubalcaba

martes 09 de agosto de 2011, 07:41h
El Banco Central Europeo ha decidido comprar deuda española e italiana, resolviendo las previas dudas desestabilizadoras de su presidente Jean-Claude Trichet. La iniciativa ha tenido transitorios efectos benéficos sobre la economía española. Los mercados han dejado de presionar tan agresivamente sobre nuestra deuda, haciendo que la prima de riesgo española bajase considerablemente y la Bolsa abriese al alza, justo cuando se temía un “lunes negro” de grandes caídas. Pero esta repercusión favorable sobre nuestros indicadores económicos no puede convertirse en un velo que distorsione e impida ver a la opinión pública la auténtica gravedad de nuestra situación económica.

El alivio es provisional ya que los males de fondo no han sido atacados aún con la pericia y energía que la situación de emergencia requiere. Con toda probabilidad veremos cómo la impresión de alivio se evapora en cuestión de días, del mismo modo que la Bolsa madrileña se desmoronó ayer en cuestión de horas, después de un inicio optimista. Las perentorias reformas que nuestra vida económica reclama no pueden aplicarse a cámara lenta o simplemente proponerse para el año que viene, haciendo un ejercicio de absoluta irresponsabilidad. El presidente del Instituto de Estudios Económicos, José Luis Feito, en una entrevista concedida a El Imparcial ha señalado males que es perentorio resolver: reducir el gasto, evitar infraestructuras faraónicas, realizar una auténtica reforma del mercado laboral, afrontar otra política fiscal y completar la reestructuración de las entidades financieras. Otros economistas, como Juan Velarde, en este mismo periódico, apuntan a la competitividad y al saldo con el comercio exterior, también a una reformulación de la política energética. No es una agenda corta ni fácil. El problema es que, además, es de una urgencia angustiosa.

Todas estas medidas requieren una opinión pública bien informada que sea consciente de los sacrificios inevitables que es necesario asumir, con la certeza de que una situación de crisis como esta es perfectamente remontable si se toman las medidas adecuadas con la solvencia y la rapidez exigibles. Algo que es imposible de llevar a cabo con sindicatos decimonónicos lastrados por ideologías trasnochadas, y alimentados por un Gobierno paralizado con un presidente desprovisto de cualquier capacidad de actuación porque su propio partido está pensando en el calendario electoral del señor Rubalcaba.

Mantener un estado de parálisis como el actual hasta que un nuevo Ejecutivo tomase las riendas el próximo enero es una actitud casi suicida. España no tiene un problema de deuda pública complicado pero tiene un estrangulamiento financiero asfixiante porque los mercados no confían en la capacidad de decisión de nuestros políticos. Bordeando la bancarrota, bajo la amenaza de una intervención de la Unión Europea, es más que urgente dar paso a un nuevo Gobierno - sea del color que sea- que de inmediato afronte las medidas que se están relegando. Un adelanto de la actual fecha de elecciones se impone como la única medida sensata para eludir los peligros que nos amenazan. Y si no es por las buenas –por una decisión del actual Presidente o la formación de un gobierno de gran coalición, como proponen algunos- que sea por las malas, por un voto de censura. Todo esto puede sonar apolítica-ficción pero más ficticio es negar la realidad del maremoto económico que se nos viene encima.
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