La huelga del fútbol: de espaldas a la racionalidad
sábado 13 de agosto de 2011, 09:09h
Hace pocos días se anunciaba que habría fútbol televisado a casi todas horas del fin de semana. Ahora, la Asociación de Futbolistas Españoles (AFE) pone en entredicho el comienzo mismo de la competición, al convocar una huelga para las dos primeras jornadas de la Liga. En realidad no se trata de dos hechos contradictorios, sino muy interrelacionados entre sí. La huelga está motivada por la cada vez más abultada deuda contraída con al menos 200 jugadores de Primera y Segunda División que –respaldados por el resto de sus compañeros- no piden otra cosa que no sea que se respeten sus contratos. El anuncio ha causado un indudable impacto mediático al estar avalada por las idolatradas estrellas de los grandes clubes y de la Selección.
El debate se envenena con argumentos demagógicos irracionales, espoleados por las pasiones que despierta este deporte en nuestro país y el nerviosismo por el volumen de capital en juego. Los clubes deudores han encontrado subterfugios para eludir la norma que les obliga a descender de categoría si no hacen frente a sus compromisos económicos y nadie olvida las manifestaciones callejeras –mucho más concurridas que movilizaciones contra la corrupción y la crisis de aquel momento-, durante la década de los noventa, que impidieron, por presión popular, el descenso de algunos equipos. Este factor de irracionalidad es el que impide afrontar la situación con sentido común. Ni la creación de un fondo de garantía de 500 millones de euros –como exigen los jugadores-, ni el descenso de los equipos deudores, ni siquiera la ampliación del mercado del fútbol televisado a Asia o América, que inundaría el fin de semana de encuentros en las más extrañas franjas horarias, pueden ser una solución a medio plazo, sino que parecen más bien huidas hacia delante incapaces de resolver el problema.
Los hechos son que España vive una grave crisis que pudiera desembocar en una bancarrota, con un flujo crediticio casi nulo. Que buena parte de los equipos españoles arrastran una deuda que duplica, sino triplica en muchas ocasiones, el presupuesto del club. También que entre los quince jugadores mejor pagados del mundo, nueve pertenecen a nuestra Liga, con contratos que alcanzan los 12. 000 millones de euros. Con estos datos lo sorprendente es que solo se les adeude a 200 jugadores. La pasión por este deporte hace que éste pretenda sobrevivir al margen de la crisis, en una “burbuja futbolística” absolutamente irracional. Los clubes deben ser gestionados con criterios empresariales lógicos. Lo mismo que el resto de la Nación, no pueden gastar más de lo que ingresan y las inversiones en fichajes astronómicos no pueden estar a la cabeza del mundo, cuando nuestra economía no está precisamente en esa posición de vanguardia y se necesita mucho más urgentemente financiación en otras áreas.
El deporte no saldría perjudicado con este retorno a la racionalidad. El último Campeonato de Europa y la primera estrella de Campeones del Mundo se obtuvieron con un gran fútbol hecho por jugadores salidos de una cantera que no requirió faraónicas inversiones.