Un agosto de agobio, no sólo para los árabes
viernes 19 de agosto de 2011, 18:55h
Al sur de Tarifa y al este del Mediterráneo los últimos siete meses de 2011 pintan inquietantes. En esta columna de EL IMPARCIAL se ha procurado hacer un seguimiento del asunto.
Agosto prometía ser un mes de tregua, al coincidir con el adelantamiento del Ramadán. Lo que no se esperaba es que algunos kamicaces argelinos que están sacudiendo el país-eje del Magreb pusieran sobre el tapete otro escenario de violencia social dentro de la geografía del mundo árabe. Era de esperar, eso sí, que Assad “Junior” prosiguiera su política de represión, a sangre y fuego, de la oposición tenaz al régimen que asienta sus reales en Damasco.
Un compás de espera, prolongable hasta el otoño, sigue predominando en el interior de aquellos países norteafricanos en los que despuntó la “primavera árabe”. Algunos interrogantes flotan en la atmósfera de espera que envuelve el mundo de los medios: ¿actuará el gobierno de Turquía contra las “perturbaciones” fronterizas que está causándole la política de fuerza que despliega Siria en territorios limítrofes a las dos repúblicas vecinas?. ¿Salvará a Marruecos de sus disfunciones crónicas la operación reformista que lidera Mohamed VI desde hace unos meses?. ¿Cuál será el comportamiento del ejército egipcio, si prosigue el incremento social favorable a los Hermanos Musulmanes?. Estas cuestiones y otras de calado no menor, están en suspenso por el momento.
La tregua veraniega se ha visto, empero, muy alterada, no sólo por el retroceso que han sufrido las perspectivas de mejora económico-financiera, sino también por las revueltas complejas que han teñido de sangre varios barrios conflictivos de Londres, Birmingham, Leeds y Manchester en el Reino Unido.
Desde el momento en que algunos analistas apuntan al multiculturalismo reinante en tantas y tantas poblaciones del Reino Unido, en cuanto factor coadyuvante al desbordamiento juvenil que ha tenido lugar en la primera semana de agosto, no podía faltar en el debate de turno la cuestión de si se ha sido excesivamente permisivo, cuando no laxista, con las generaciones de inmigrantes que desde los años 50 del siglo pasado se han asentado en Gran Bretaña. Según algunos autores, más allá de estos últimos días de orgía vandálica que han asolado el país, procedería hacer una reflexión conservadora de la presencia islámica en el centro-oeste de Europa (véase Christopher Caldwell, “Cómo el Islam ha cambiado el viejo continente”); mientras que otros autores (caso de John Cole, “Un nuevo compromiso con el mundo islámico”) se adhieren a una interpretación de las relaciones euro-americanas con el mundo árabe marcadas por la codicia de las potencias ex-imperiales en parajes estratégicos para sus intereses por razones geopolíticas y estratégicas. Se trata de un debate que, aunque añejo, no deja de ser actual, y que viene enfrentando a orientalistas y a historiadores de nuestro hemisferio desde los frentes que abrió hace más de treinta años la polémica que mantuvo Edward Said “versus” Bernard Lewis, y viceversa.
En el horizonte inmediato de estos asuntos, ha emergido la Turquía que gobiernan los musulmanes moderados, cual fórmula pragmática -no exenta de riesgos- de compatibilidad entre un Islam equilibrado en sus pasos y una concepción democrática de la vía musulmana hacia el futuro.
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Historiador. Profesor emérito (UNED)
VÍCTOR MORALES LEZCANO es director del Seminario de Fuentes
Orales y Gráficas (UNED) y autor de varias monografías
sobre España y el Magreb
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