Todas esas muertes, todas esas vidas
jueves 03 de abril de 2008, 20:53h
ESCAMILLA, AZCONA, PILAR LOPEZ
¡PERO SIGUE SIENDO EL REY!
Suelo titular mis crónicas como lo insólito cotidiano, título debido a un injustamente olvidado Antonio de Obregón. Pero a veces la oración se vuelve por pasiva es lo cotidiano lo que nos parece insólito.
Hace unas horas he dejado un sanatorio ejemplar y del que por suerte y también por desgracia soy asiduo paciente: El de la Concepción también conocido como Fundación Jiménez Díaz. En su cada día más amplios metros cuadrados dedicados apaliar el dolor, aunque mi estado no era crítico, recordé el último artículo de César González Ruano, publicado un día después de su muerte en el ABC auténtico, lo concluía así: “Morir es perder la costumbre de seguir viviendo”. Yo replico a mi maestro que morir es caer derrotado en nuestra costumbre y ansias de seguir viviendo.
En estos días desfilaron ante mi, muertes que nos parecen cotidianas y a los que las hemos sufrido se nos aparece como insólitos. Desapariciones que tienen eco según lo mediático que sea el personaje. No importa que el muerto sea un imbécil o un súper dotado. Muchas veces escuche que mi libro, el que sea era bueno, pero yo no era un personaje carismático. Es decir no era una persona tonta del haba, ni un adultero internacionalmente conocido.
Por eso me dolió el silencio de la desaparición de Manuel Tarín Iglesias, un día Director de Radio Barcelona, otro día fundador del Premio más internacional de la radio difusión española, “Los Premios Ondas”. Y, además fiel a sus ideas y así mismo. Tarín dio rienda suelta a un excepcional personaje, Escamilla que estos días también se fue. Conviene recordar que ellos dos inventaron la “Nova Canço” en la que se alinearon en coro de libertad Juan Manuel Serrat, Pi de la Serna, Luis Llaç, D. Raimon. Ellos hacían la guerra haciendo la paz, “Els Segadors”, es un buen ejemplo aquellos muchachos no estaban politizados, eran la auténtica política. Y los representantes no solo de Cataluña sino de todos nosotros.
Se nos fue nuestro amigo Ascona, que era tan importante, entre los mejores guionistas mejores del mundo, que no necesitó darse importancia ni en su muerte. Huyo de la temible “semana del duro”, despidiéndose después de que ya había sido despedido.
Y Pilar López. Todo un símbolo del baile y de la dignidad española. Hermana de “La Argentinita”, vivió no a su sombra sino a su lado. Y también junto a García Lorca, Manuel de Falla, Cernuda, los Machados, Pepin Bello, Luis Buñuel, Salvador Dalí...
En sus noventa y cinco años de edad, podría decir: el baile soy yo. Las mejores figuras de la danza española se formaron a su lado. Antonio Gades una de sus mayores obras, se fue antes de ella. Pilar, que hasta para hacer un reproche llamaba a sus discípulos “riquín”, deja lo que los cursis llaman “huella indeleble” y los que saben de su talento califican de huella indudable.
Concluyo con lo que también parece insólito en el monarca español y que ya está resultando cotidiano. Tendremos que llamarle “Don Juan Carlos el pacificador”. No solo impone el sentido común en repúblicas bananeras –por que no te callas- sino que trata de pacificar los múltiples “gallineros” de la vida española. Sus manos sobre sus manos. Más que un gesto de afecto que lo fue, se trató de decirle sin palabras que recordasen la “vergüenza torera”. Dani Pedrosa y Lorenzo, supieron simplemente por el gesto de un gran señor, que la paz no es una entelequia.
Para mí, salvo imprevisto, la lucha por la vida tiene un nombre: Doctora Rosa Astarloa Gómez, y todo el equipo médico, para mi inhabitual, que con sus capotillos de brega le hizo un quite sensacional al torito, torito toro, que quiso partirme por desgracia en dos.