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Un MIR para los políticos

sábado 03 de septiembre de 2011, 18:25h
Alfredo Pérez Rubalcaba propone, en su camino para llegar a La Moncloa, mejorar el maltrecho sistema educativa con una especie de MIR para la selección de profesores para la enseñanza pública, es decir, adaptar para los docentes el sistema que desde hace décadas lleva funcionando en España para que los médicos se habiliten como tales, un periodo de especialización en centros sanitarios que han de pasar los médicos antes de aspirar a una plaza pública.

La baja calidad de algunos profesores (como en todo las profesiones) es uno de los factores detrás de los altos niveles de abandono escolar temprano (jóvenes que dejan de estudiar después de la enseñanza obligatoria y que está fomentando la exclusión social), de repetir un curso y los resultados mediocres en las pruebas cada tres años de PISA, una evaluación internacional del rendimiento de alumnos de 15 años cercanos al final de la educación obligatoria en áreas temáticas clave como lectura, matemáticas y ciencias, pero no es el factor primordial.

También importante son factores como el estimulo y la disciplina que los alumnos reciben en casa, la autoridad de los profesores (demasiado cuestionado por los padres), la ratio de alumnos por clase, y un sistema educativo basado demasiado en memorizar infinitos contenidos que da lugar a una especie de criadero de borregos.

Para acceder a un puesto en un instituto o universidad es necesario pasar una fuerte oposición. Una vez aprobada, el aspirante debe hacer un montón de sustituciones hasta conseguir una plaza fija. Dicho esto, la forma de adquirir el certificado de aptitud pedagógica (CAP) no es nada rigurosa; hasta hace poco se trataba más bien de un trámite y desde hace un par de cursos se adquiere a través de un master “express” que tampoco parece ser adecuado.

La calidad de la enseñanaza no mejora con más pruebas u oposiciones, aunque un cambio del sistema educativa puede iniciarse con una especie de MIR para profesores en centros acreditados.

Comenté en una columna en junio pasado la buena noticia de la reducción en la tasa del abandono escolar temprano en 2010 al 28,4%, casi tres puntos menos que en 2009. Con tantos parados, no sorprende que más alumnos continúen estudiando después de la educación obligatoria. No tienen más remedio. La mala noticia es que la vuelta de muchos de estos jóvenes al sistema educativo ha generado una escasez de plazas en Formación Profesional (FP).

¿Como es que las autoridades educativas en las comunidades autonomos (la educación ha sido decentralisado) no prevenieron el alto riesgo de overbooking en FP y tomaron medidas? No hace falta ser un genio para saber que la demanda para estos cursos iba a aumentar durante una crisis tan profunda como tenemos, y el problema no es de ahora. Hace tiempo que tenemos una insuficiencia de oferta en numerosas carreras de FP. Una solución, según Rubalcaba, y totalmente inadecuado desde mi punto de vista, sería poder utilizar la teleformación para paliarlo.

La profesión que más necesita un MIR (mejor dicho un PIR) son los politicos y no los profesores. La clase política se ha convertido en el tercer problema más importante del país, sólo por detrás del paro y de las consecuencias de la crisis económica, según el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), un organismo del Estado. Y tanto José Luis Rodríguez Zapatero que Mariano Rajoy han recibido durante meses una puntuación muy baja como lideres en las encuestas de Metroscopia. No sorprende que la mayoría de españoles, incluso los votantes del PSOE, han dado por amortizado a Zapatero. Otra cosa es la baja puntuación para Rajoy, el próximo presidente con toda seguridad.

Lo que es aún peor es que los dos partidos mayoritarios viven en otro mundo. ¿Si no, como se explica que un centenar de políticos imputados en casos de corrupción se presentaron a las elecciones de mayo apoyados por sus aparatos y no entienden el enfado de los indignados? Todos somos indignados.

¿En que consiste un PIR? Uno de los requisitos debe ser haber trabajado en otra cosa que no es la política, y, en particular en el campo económico (¿cuántos políticos hoy han gestionado una empresa, pequeñita o grande), y de esta manera haber adquirido experiencia del mundo real. Ya hay demasiadas personas que son políticos profesionales. Otra necesidad seria demostrar una capacidad de poder llegar a arreglos y no quedarse en posturas rígidas por razones ideológicas. Y una vez aprobado para entrar en política, la persona tiene que firmar un documento limitando su vida política a dos mandatos con la posibilidad de poder regresar después de cuatro años. Demasiados políticos consideran su puesto un derecho para el tiempo que quieren una vez que están instalados. Mi pueblito, un microcosmos de España, eligió en mayo, por fin, otro alcalde después de 24 años de la misma persona.

Ya se que mi idea no se va a realizar. Si, en cambio, se puede cambiar la ley electoral y eliminar listas cerradas (esto es: el elector no vota a una persona sino a una lista de personas, ordenada por orden de preferencia de los partidos) a favor de las abiertas. Así, los votantes pueden elegir quienes piensan son los más preparados en la lista y descartar los corruptos.
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