Italia en huelga
miércoles 07 de septiembre de 2011, 00:52h
Mientras el Senado discutía el plan de ajuste, la Confederación General Italiana del Trabajo (CGIL), el mayor sindicato nacional, convocaba una jornada de huelga en protesta contra las medidas impulsadas por el Gobierno para intentar reanimar la frágil economía italiana. Se trata de unos recortes improrrogables que sirven para mantener la promesa de reducir el déficit a cero en 2013. Tras la huelga que ha conseguido la paralización de varias ciudades, el Ejecutivo ha procedido a un nuevo cambio del plan, incluyendo el aumento del IVA y una batería de medidas de austeridad como una tasa del 3% para aquellas rentas que superen el medio millón de euros anuales.
A pesar de las críticas, resulta evidente que tanto el Banco Central Europeo como los mercados, exigen a Italia unos cambios significativos para recuperar credibilidad e impulsar la economía nacional. La propuesta final, tras varios cambios, titubeos y marcha atrás, pone de manifiesto la voluntad del gobierno por un lado de no descontentar a su electorado y, por otro, de no empeorar las relaciones con la Lega, aliado de Gobierno del Partido de Berlusconi. Debido a la exigencia de compromiso y al deseo de evitar agrandar la crisis del Gobierno, la reforma que se está perfilando parece débil e inadecuada y no lo suficientemente eficaz para estimular la economía nacional. El Gobierno italiano debe preocuparse de consolidar y reforzar la credibilidad del país, presentando una estrategia económica eficiente. Además de algunos recortes, sufridos pero necesarios, debería incluir en su agenda medidas para fomentar el crecimiento económico, acciones para recuperar la confianza de los mercados.
El pueblo que le ha perdonado muchas cosas al actual mandatario (escándalos sexuales, problemas judiciales) se ha movilizado masivamente contra una reforma que considera injusta sin entender, que los sacrificios que los organismos supranacionales piden a Italia son tan necesarios como ineludibles. Sin embargo, las huelgas y el miedo a tomar decisiones impopulares no puede condicionar la acción del Gobierno, cuyo deber principal es la realización de medidas inaplazables. Asimismo, las tensiones entre la coalición de Gobierno no deben condicionar las decisiones: en caso contrario, Italia parecerá un país sin rumbo, ni guía, rehén del electorado y del voto. La falta de iniciativa y la búsqueda constante del compromiso confirman el temor a que Italia sea “un barco sin timón”: el país necesita otras medidas para salir de la crisis como el fomento del crecimiento y la puesta en marcha de reformas estructurales. Las vacilaciones y las continuas marchas atrás ofrecen la imagen de un plan fruto de la improvisación, de la ocurrencia. El Gobierno no sabe cómo cuadrar las cuentas públicas para alcanzar el deseado objetivo del déficit cero en 2013 y mientras tanto presenta unas medidas que intentan salir del paso, con el menor daño posible para la actual coalición gubernamental. El país necesita reformas estructurales y ayuda al crecimiento: un ajuste a sangre y lágrimas no sirve para salvar al país si no se acompaña medidas para relanzar la economía. Italia representa la tercera economía de la zona euro y la séptima potencia mundial, Tiene el deber –y las condiciones- para recuperarse y ofrecer una imagen nueva, de credibilidad tanto económica como política.