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El fantasma de la recesión

miércoles 07 de septiembre de 2011, 00:53h
Las Bolsas parecen haber adelantado el crudo invierno en los últimos días de este turbulento verano. El Ibex 35 ha perdido un 10 por ciento de su valor en sólo tres días y abre el miércoles en niveles no vistos desde marzo de 2009. Por aquél entonces se decía que comenzaba la recuperación. Ahora lo que se teme es que Estados Unidos y Europa vuelvan a la temida recesión.

El detonante inmediato de este pavor han sido las palabras de Chrisine Lagarde, directora gerente del FMI, quien alertaba el viernes sobre el riesgo de una “inminente” recesión. A ellas se sumaba la advertencia del presidente del Banco Mundial, Robert Zoellick, de que entramos en una fase peligrosa del ciclo. Estas consideraciones están precedidas por varios análisis que apuntan en el mismo sentido; alguno incluso antes de comenzar el verano. ¿Qué hay de cierto en todo ello?

En primer lugar Christine Lagarde tiene sus propios motivos para ser tan alarmista, y que nada tienen que ver con la independencia y la prudencia que se le exige a quien ocupe su cargo. Lagarde está dispuesta a utilizar el FMI para favorecer una política determinada que rompe parcialmente con la tradición de la institución y que, cualesquiera que sean sus méritos, no debe llevarle a forzar el análisis para azuzar a los líderes europeos a adoptarla. Con todo, el enfriamiento de las primeras economías del mundo es evidente. Se da por descontado que el año que viene será muy duro en Europa y EEUU, y el bajo crecimiento y el alto desempleo podrían continuar hasta bien entrado 2013. Hay demasiados desequilibrios en las finanzas públicas y en los balances de los bancos como para descartar un crecimiento negativo, pero ni es seguro ni, por otro lado, el hecho de que lo evitemos agota las malas noticias que nos pueda deparar el futuro de la economía.

Ante ello, sólo nos queda hacer dos cosas. En primer lugar, y con urgencia, realizar las reformas que necesitan las economías europeas y la estadounidense para que fomenten el ahorro y permitan que el libre juego del mercado realice los ajustes pertinentes y restituya las bases de un sólido crecimiento. En segundo lugar -aunque no menos importante- cabe pensar que nos lanzaremos a una reflexión abierta y profunda sobre las causas que nos han traído a estos males, y poder así aprender para no cometer de nuevo los mismos errores.
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