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Buteflika reúne una conferencia antiterrorista internacional

El ejército argelino quiere mantener su liderazgo en el Sahel

miércoles 07 de septiembre de 2011, 13:31h
Este miércoles se reúnen en Argel medio centenar de delegados en una conferencia internacional sobre el terrorismo y la seguridad en el Sahel. Participan los miembros permanentes del Consejo de Seguridad, varias instituciones internacionales, y un nutrido grupo de especialistas, junto con los países de la franja saheliana liderados por Argelia. Tras la caída del régimen libio, Occidente tiene los ojos puestos en la zona, y Argel quiere que su Ejército sea el gendarme único de la seguridad en la región.
Los cálculos de los estrategas de Argel no han fallado. Aunque fue el 20 de Mayo pasado cuando el país magrebí y mediterráneo recibió el placet de sus socios del Sahel (Níger, Malí y Mauritania) para organizar el encuentro, éste coincide con el fin del sistema Gadafi en Libia, y la diseminación de armas en el Sahel, muchas de las cuales han caído en manos de grupos islamistas yihadistas y de las bandas del crimen organizado, narcotraficantes y contrabandistas.

Aunque el objetivo oficial declarado por los promotores es el de organizar “las vías y los medios para acompañar a los países del Sahel en sus estrategias de seguridad y desarrollo”, a nadie escapa que el objetivo oculto para los argelinos es que el Consejo de seguridad y los países claves de la OTAN acepten “el papel de gendarme exclusivo del Ejército argelino en la zona”. Las cúpulas castrenses de los tres países sahelianos ya han aceptado el liderazgo militar argelino; ahora hace falta que lo haga la OTAN.

También participan en el encuentro de Argel, especialistas de la lucha antiterrorista y contra el crimen organizado de Europa y Estados Unidos, así como delegados del Centro Internacional de Lucha contra el Terrorismo (CILT) y del Centro contra el Narcotráfico con sede en Ginebra.

La caída estrepitosa del régimen de Muamar Gadafi ha sido muy oportuna para los organizadores. Argel espera poder concienciar a los presentes sobre el peligro que se cierne sobre los países delSahel, lo que permitirá crear sinergias importantes en los planos político, militar y de seguridad.

En el menú de la reunión estará en primer plano la crisis libia y sus consecuencias; la diseminación de armas en la región; la rebelión de los tuaregs, unos apoyados por Gadafi y otros hostiles al líder libio; el peligro de la existencia de bandas del crimen organizado; y la amenaza actual que supone Al Qaeda del Magreb Islámico. Argel espera que Estados Unidos y Gran Bretaña principalmente, le ayuden a contrarrestar las presiones de Francia, que enarbola una estrategia diferente para combatir la inestabilidad en la región.

Pese al despliegue de medios hecho por Argel para que la conferencia tenga éxito, en los círculos antiterroristas occidentales se echa de menos la presencia de países clave en la seguridad en el Sahel, como Marruecos, Tchad, Libia y Egipto. Ni Rabat, ni Trípoli han sido invitados a asistir al encuentro. El primero por razones obvias: la rivalidad entre Marruecos y Argelia sobre el conflicto del Sahara Occidental, podría perturbar los debates; el segundo, Libia, porque Argel sigue posponiendo el reconocimiento del Consejo Nacional de Transición (CNT) como legitima autoridad en Trípoli. Sin embargo, debatir del antiterrorismo sin la presencia de Marruecos y de Libia, es en estos momentos un hándicap serio sobre la seriedad de la conferencia de Argel. A menos que los objetivos de los estrategas de Buteflika sobre el encuentro, sean otros.

Sin embargo y pese a las ausencias está claro que la OTAN respalda el encuentro. Según Daniel Benjamin, coordinador de la lucha antiterrorista en el departamento de Estado en Washington, “la conferencia nos permitirá crear y adaptar colectivamente las estrategias de lucha contra el terrorismo, que ayudaran a los países de la región a hacer frente a la amenaza que pesa sobre ellos”. La Casa Blanca lo tiene claro: la reunión se produce “en el momento oportuno”.

La obsesión de Occidente sobre el recrudecimiento de los grupos terroristas en el Sahel y sus relaciones con el derrocado régimen libio, se pone de manifiesto. El director del Centro de estudios estratégicos sobre el mundo árabe y el Mediterráneo, con sede en Ginebra, Hosni Abidi, sostiene que la función del envio de especialistas militares en antiterrorismo por parte de la OTAN a Benghazi en los primeros momentos del conflicto libio, tenía como finalidad no la de ayudar militarmente a los rebeldes, sino “impedir que las armas occidentales aterrizasen en manos de los enemigos de la OTAN”, es decir los yihadistas del AQMI. Lo que para el Coordinador de la lucha antiterrorista de la Unión Europea, Gilles de Kerchove, suponía además una “amenaza para la seguridad en Libia”.

Argel ha encontrado un apoyo claro por parte de Estados Unidos en su estrategia de “cortar las fuentes de financiación del terrorismo” que supone el pago de rescates por los secuestros de personas. Daniel Benjamin abunda en la posición argelina de negarse apagare rescates, a sabiendas de que dichos fondos van a servir para adquirir armas. Argel nunca ocultó su oposición a Francia al respecto; algo que Paris no ve con buenos ojos sobre todo teniendo en cuenta que aún quedan en manos de sus secuestradores cuatro franceses raptados en Níger en septiembre de 2010.


En nombre de un “nacionalismo de la vieja escuela” Argel se opone a la presencia de unidades militares occidentales en la zona del Sahel, fuese ello con las mejores intenciones. El presidente Buteflika muestra ahí una posición incuestionable: la seguridad en la zona la garantizamos nosotros solos, Argelia junto con los países de la región. Las negociaciones que vienen llevándose a cabo desde hace dos años entre Argel y el mando del Africom (el general Carter F. Ham asumió en marzo pasado el mando de las fuerzas americanas para África con sede en Alemania, y estará presente en el encuentro de Argel), han chocado siempre con la intransigencia argelina respecto a la presencia de tropas. Argel acepta intercambio de informaciones, acepta consejeros militares, acepta oficiales de inteligencia y formación de unidades especializadas, pero no acepta la presencia de unidades de combate, como pretendía el Africom. Y ello simplemente porque Argelia pretende jugar ese papel de gendarme.

Lo que está en juego en el Sahel es crucial para el régimen de Abdelaziz Buteflika. Tanto por el papel geoestratégico que allí se dirime, como por el control de sus materias primas, entre ellas el uranio, como por su función de corredor internacional para el paso de hidrocarburos. Argel no quiere dejar eso en manos occidentales.

Pero además, Abdelaziz Buteflika se juega mucho en la operación. La presión del estamento militar, la rivalidad creciente con el sector de la inteligencia y los servicios secretos, y la proximidad de los cambios constitucionales en el país, le han empujado a alejar al Ejército de los centros de decisión. Y nada mejor que hacer que las Fuerzas Armadas se vuelquen en el sur. Extraño paralelismo con el de su vecino Marruecos, que recurrió a la misma operación cuando Hassan II después de los intentos de golpe militar abortados en 1971 y 1972, envió al grueso de las FAR a combatir en la guerra del desierto del Sahara Occidental.
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