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Turquía castiga a Israel, pero su política exterior está en ruinas

Ely Karmon
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ekarmonidcacil/7/7/11/14
jueves 08 de septiembre de 2011, 20:56h
La decisión de Israel de no acatar el ultimátum turco sobre la necesidad de disculparse por el incidente de la flotilla Mavi Marmara, que tuvo lugar en mayo de 2010, dio lugar al prometido castigo del “plan B”: Turquía ha decidido expulsar al embajador de Israel a Ankara, reducir sus relaciones diplomáticas al nivel más bajo posible, atenerse a todos los acuerdos militares y bloquear el comercio entre Israel y Turquía. El ministro turco de Asuntos Exteriores Ahmet Davutoglu dijo que su gobierno proporcionará ahora pleno apoyo a las familias de los muertos y hará que todos los miembros gubernativos o militares israelíes responsables de las muertes sean juzgados.

Es más, el presidente Abdullah Gul ha condenado taxativamente el Informe Palmer de las Naciones Unidas, porque dicho informe considera el bloqueo naval de Israel sobre Gaza “una medida de seguridad legítima”, y ha afirmado que Turquía podía haber hecho más para disuadir de sus acciones a los participantes de la flotilla turca. El presidente lo consideró “nulo y sin efecto” y envió una amenaza velada a Israel: “Turquía, el país más poderoso de la región, no sólo protegerá sus propios derechos, sino también los de toda la gente necesitada.” Davutoglu declaró que “Turquía tomaría medidas para asegurar la libertad de movimiento marítimo en el Mediterráneo oriental.”

Hasta hace unos meses, la política turca de “cero problemas” con todos sus vecinos, el tender “un puente entre el Este y el Oeste,” y el activismo del Oriente Medio formulado por Davutoglu, parecían haber sido coronados por el éxito.

El incidente divulgado por el primer ministro Recep Tayyip Erdogan, que atacaba brutalmente al presidente israelí Shimon Peres en el Foro Económico Mundial de Davos, en enero de 2009, así como el incidente de la flotilla internacional de mayo de 2010, guiada por la organización islamista turca IHH, llevaron a la cima el estatus de Erdogan y Turquía dentro del mundo árabe.

El incidente del Mavi Marmara y la consiguiente crisis con Israel marcan también el inicio del fracaso de su política. El intento de mediar un acuerdo de paz entre Israel y Siria se desvaneció; el excesivo apoyo al Hamas islamista palestino hizo que se congelaran las relaciones con el entonces régimen de Mubarak en Egipto e incluso con la Autoridad Palestina; Turquía aparecía cada vez más como una potencial amenaza islamista que como una baza para Occidente y la OTAN.

Las revueltas árabes han barajado de tal modo las cartas de Turquía, que han mostrado las limitaciones de sus ambiciones neo-otomanas.

Durante los últimos años, el gobierno del AKP ha mejorado considerablemente las relaciones políticas y económicas con Siria. En abril de 2009, Turquía y Siria realizaron una instrucción militar conjunta sin precedentes, de tres días de duración, en la frontera entre uno y otro país y firmaron una declaración de intenciones que daba luz verde a la cooperación en materia de industria de defensa.

Durante los primeros días de las sublevaciones de El Cairo, Erdogan coordinó junto con el dictador sirio Bashar al-Assad “los esfuerzos relativos a los disturbios de Egipto”. Unas semanas más tarde, la sangrienta represión de la rebelión del pueblo sirio obligó a Erdogan a condenar el régimen de Assad, a acoger a la oposición siria y a advertir a su antiguo amigo que “aquéllos que edifiquen la felicidad sobre los cimientos del despotismo se ahogarán en la sangre derramada”. Según el Today’s Zaman, el Consejo de Seguridad Nacional Turco ha discutido recientemente la posibilidad de establecer una “zona de amortiguación” a lo largo de la frontera siria, primero, en “tierra de nadie”, entre las líneas de demarcación sirias y turcas, y más adelante, si es necesario, dentro del territorio sirio.

Los vínculos de Ankara con Irán también han mejorado bajo el AKP. Turquía ha defendido los esfuerzos encaminados hacia la nuclearización de Irán, y en mayo de 2010 negoció (con Brasil) el controvertido intercambio de combustible nuclear iraní, que en la práctica no condujo a ninguna parte. El voto de Turquía en la ONU contra las sanciones iraníes provocó serias objeciones en Estados Unidos y en Europa. Indirectamente, Irán apoyó las maniobras militares secretas entre las fuerzas aéreas turcas y chinas que tuvieron lugar en septiembre de 2010 en Turquía, cuando los aviones de combate chinos SU-27 que habían despegado desde bases chinas repostaron en Irán.

Pero desde los movimientos turcos en contra del régimen de Assad, Teherán ha influido en hacer que se tambalee la confianza de Siria en Turquía a base de difundir propaganda anti-turca, ha impedido la cooperación de los servicios de inteligencia con Turquía en la lucha contra el PKK kurdo en Iraq, e incluso ha amenazado con no intervenir en los asuntos sirios “a no ser que la cosa se ponga seria”. Irán también estaba descontento con el apoyo de Turquía a la represión de la rebelión chiita por el régimen de Bahraini.

Turquía se opuso a los rebeldes de Libia al principio de las sublevaciones de Benghazi y de la intervención de la OTAN, pero al final tuvo que subirse al carro de la alianza y hoy en día ha reconocido el gobierno del NTC.

Cuando Chipre decidió seguir adelante con las prospecciones de gas fuera de su costa meridional en octubre de 2011, tras firmar un acuerdo de demarcación marítima con Israel en 2010, Turquía se opuso firmemente a esta decisión. Turquía afirmaba que habiendo invadido Chipre y habiendo establecido allí una entidad turca, que nadie más reconoce, tenía derecho a impedir cualquier actividad en la zona de exclusión económica chipriota hasta que se creara el estatus de Chipre a través de una negociación. Al mismo tiempo, Erdogan ha anunciado a las Naciones Unidas y a los líderes de Chipre que su país ya no está preparado para aceptar las concesiones acordadas con el fin de contribuir a la reunificación de Chipre, basadas en un plan de la ONU que se remonta a 2004. La parte turca aceptará nada menos que el reconocimiento de una “solución de dos Estados” de la isla.

A modo de consuelo, “para mostrar la ambición de Ankara de convertirse en un interlocutor político y económico africano de primer orden” y “para aumentar aún más la importancia de Turquía”, Erdogan ha visitado recientemente Somalia, el país más afectado por una prolongada sequía en el Cuerno de África. Anunció que Turquía había recaudado 137 millones de dólares para Somalia y prometió fundar una embajada, construir carreteras y abrir más colegios y hospitales. Asimismo, Erdogan ha prometido procurar que se promueva una resolución sobre el conflicto interno de Somalia, contando como parte del proceso de paz con la milicia islamista Shabab.

El FM turco ha amenazado a Israel con ser más activo a la hora de impulsar la solicitud de la Autoridad Palestina de que se reconozca un Estado palestino en la próxima Asamblea General de la ONU.

Da la impresión de que el gobierno de Erdogan olvida por completo su principal problema interno: la cuestión kurda. El impacto más inmediato del reconocimiento del Estado palestino por la ONU recaería sobre los kurdos de Turquía, Siria e Iraq. El gobierno del AKP no ha resuelto, como prometió, el problema kurdo, y desde que ganó las elecciones en junio de 2011 afronta un terrorismo en aumento y una ofensiva de guerrillas dentro de Turquía y procedente de Iraq, así como una oposición política activa por parte de los parlamentarios kurdos y la declaración de una “autonomía democrática” por ONG kurdas en la provincia sudoriental de Diyarbakir (el Kurdistán turco).

Las fuerzas aéreas turcas han bombardeado recientemente “60 objetivos predeterminados pertenecientes a la organización separatista (PKK)” en Iraq, y su artillería, empleándose “a fondo”, alcanzó 168 objetivos adicionales. El ejército turco afirmó que entre, aproximadamente, 145 y 160 miembros del PKK murieron y otros resultaron heridos. El diario turco progubernamental Zaman decía que Turquía estaba creando “guarniciones operativas de primera línea” en el norte de Iraq, donde hasta ahora sólo mantenía una moderada presencia de los servicios de inteligencia para controlar las actividades kurdas.

El ministro Iraqi de Asuntos Exteriores Hoshyar Zebari denunció los bombardeos turcos de las áreas kurdas en el norte de Iraq. El Observatorio de los Derechos Humanos afirmó en un comunicado que muchas de las zonas señaladas como objetivos eran puramente civiles y que la mayor parte de las víctimas eran, asimismo, civiles.

Lo que más aterra a Erdogan, a Davutoglu y al gobierno de ambos es el mapa que se reproduce a continuación:

Al amenazar a Israel, el gobierno de Turquía parece haber pasado de la política de “cero problemas” en Oriente Medio a la estrategia del “cénit de todas las hostilidades”.

Ely Karmon

Investigador del ICT Herzliya, Israel

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