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Libia, aún, en el candelero: II. Las potencias no dan puntada sin hilo

Víctor Morales Lezcano
sábado 10 de septiembre de 2011, 20:53h
No es que se trate solamente de no dar puntada sin hilo debido al potencial libio, si medido en términos energéticos -que es factor nada baladí-; sino que, además, anda en juego el cálculo a corto plazo que están haciendo los sistemas democráticos de Estados Unidos, Francia, y en menor medida, Gran Bretaña.

Que el presidente Obama ha de enfrentarse en pocos meses a una campaña electoral muy recia, está a la vista de cualquier lector puesto al día de las confrontaciones entre demócratas y republicanos.

Liderar de frente una nueva guerra en territorio islámico -y Libia es un enclave sunní dotado de cofradías poderosas como la senusi- no fue desde un principio aconsejable para la Casa Blanca. De ahí aquella directiva desde la sombra, apuntando al “to lead from behind”, que Estados Unidos hizo suya en el arranque de la guerra contra el régimen libio. Como, de otra parte, la guerra en Afganistán dista de haber concluido en el aniversario de su desencadenamiento, y la Republica americana mantiene destacada, todavía, una tropa de 45.000 soldados en el polvorín del Iraq “post-bellum”, no habría sido sensato por parte de Obama hacer en Libia de necesidad virtud. El gobierno es consciente, además, de que el déficit americano no debe engrosarse más por guerras (¿menores?) que otras potencias ribereñas puedan acometer.

Las otras potencias son -más allá de la cobertura aeronaval de la OTAN- Francia y Gran Bretaña. El caso es que al presidente Sarkozy le ha venido lo de Libia “como anillo al dedo”. No tanto, en cambio, le ha sucedido al británico Cameron.

Con el pensamiento puesto en las elecciones presidenciales que se avecinan también en Francia, Sarkozy no ceja en plantar cara al principal contrincante (socialista) en el Hexágono -contrincante diluido entre cuatro candidatos dispuestos a asumir el liderazgo de turno en las campañas electorales de 2012-. Amén de recuperar para Francia un protagonismo (bélico) en el marco del Mediterráneo, que la República gala ha interiorizado desde el desembarco de Napoleón I en Egipto, Sarkozy ha logrado estrechar lazos con algunos mandos de la OTAN y del Pentágono mismo, al subrayar, con la participación activa en el asunto de Libia, la reincorporación de Francia a la estructura militar de la Alianza; no bienquista, como es sabido, por el general De Gaulle en otros tiempos. En último lugar, el Elíseo ha apostado por conferir a la intervención francesa en Libia una rentabilidad diplomática -y energética, no se olvide- que puede generar ingresos sonados a la imagen y a la Hacienda francesas, hoy maltrechas.

La escenificación del respaldo internacional a la Libia emergente de la guerra, que ha tenido lugar en el Elíseo el primer día de septiembre con toda pompa y circunstancia, ha sellado la pirueta diplomática del presidente en el marco general de las revueltas árabes en el norte de África. Por si fuera poco, Sarkozy ha arrimado, todavía más, el ascua de la República a las inversiones qataríes en Francia: la presencia del emir Hamad bin Jalifa al-Zani y de su heredero electo en los fastos de París, es un activo valioso para el Tesoro de la República, hoy tocado de ala, como cualquier otro en la Europa de la Unión, a causa de los años de crisis que estamos capeando todos -administración y ciudadanos- como podemos; y como nos dejan, capearla.

Finalmente, David Cameron (el primer ministro de los tijeretazos sin piedad a los gastos improductivos de la deficitaria Gran Bretaña) lo ha hecho, en parte a regañadientes; en parte por lealtad a la causa de los Aliados; y con mucho porque la “British Petroleum” tiene razones que la voluntad de coherencia política ignora cuando le conviene: así se ha visto arrastrado a participar activamente en las operaciones que han culminado con la entrada de las milicias rebeldes de Libia en Trípoli, hace escasamente quince días.

Cameron, frente a Sarkozy, nos resulta menos aparatoso en la escenificación; un peor actor en esta ocasión. Ello, sin embargo, sería lo de menos para “10 Downing Street”. Lo que más castiga la trayectoria de Cameron hasta el momento, lo ha puntualizado Alan Cowell recientemente en el “New York Times” : “ los recortes (británicos) podrían haber demostrado que el gran desafío para una Gran Bretaña post-imperial reside no tanto en efectuar una proyección poderosa dirigida a campos de batalla lejanos, sino en el pulso que hay que echarle a los tiempos difíciles que la economía ha vuelto a introducir en el país”.

En la próxima entrega, no habrá alternativa a la obligación de oficio que reclama considerar el estado de Libia en las dos últimas semanas que han transcurrido desde la caída de Trípoli en manos de las milicias rebeldes.

Víctor Morales Lezcano

Historiador. Profesor emérito (UNED)

VÍCTOR MORALES LEZCANO es director del Seminario de Fuentes Orales y Gráficas (UNED) y autor de varias monografías sobre España y el Magreb

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