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Chacón y Rubalcaba pierden el norte

domingo 18 de septiembre de 2011, 21:15h
El nerviosismo que se vive en el PSOE a cuenta de las negras perspectivas electorales del próximo 20-N se ha dejado sentir estos últimos días en Cataluña. Si el viernes Carmen Chacón cargaba contra los jueces por “hacer política con sus togas, por ejemplo en el tema de la lengua”, ayer era Rubalcaba quien, durante la Fiesta de la Rosa, acusaba al PP de ser el “pirómano en la relación entre Cataluña y España”. Esta última expresión –suponiendo que no sea un desliz freudiano- aparte de gruesa e infamante, está mal construida; en todo caso, debería haber dicho “Cataluña y el resto de España”.

Da la impresión de que ni en Ferraz ni en el seno del PSC se han percatado todavía de lo caro que les ha salido jugar a ser más nacionalistas que CIU y Ezquerra, en el caso de Cataluña, y que el BNG, en Galicia, donde el PSOE perdió por mayoría absoluta. En Cataluña: pérdida de la Generalidad, de un buen montón de ayuntamientos -Barcelona inclusive- y, sobre todo, retirada de la confianza de un importantísimo sector del electorado. ¿En qué queda ahora el pacto del Tinell? ¿En qué el acuerdo formal con Esquerra a nivel nacional? ¿Cómo explicar a sus conciudadanos que la herencia del tripartito se traduce en que Cataluña sea hoy la comunidad autónoma más endeudada de toda España?

La insumisión judicial, los guiños a los antisistema y el atizar resquemores hacia determinadas fuerzas políticas son comportamientos absolutamente inaceptables. Pero si quien lo hace son dos personas de la relevancia de Alfredo Pérez Rubalcaba y Carmen Chacón -presente y posible futuro del PSOE, respectivamente-, el tema resulta aún más grave. No se ganan votos con ejercicios de crispación e irresponsabilidad, sino haciendo justo lo contrario. Desde un punto de vista socialista, la política nacionalista del señor Zapatero es un dislate ideológico, además de un destrozo electoral. En cuanto al tema de la lengua, el asunto no tiene un pase: es general en España el aprecio -la defensa y la promoción del catalán, como la del vasco y el gallego- lo cual nada tiene que ver con perseguir el castellano, impedir que unos padres -pocos o muchos- socialicen a sus hijos en el idioma del Estado y en la lengua que hablan más de 450 millones de habitantes, y en prohibir a un comerciante o fabricante rotular en la lengua que estime conveniente. Lo primero -la promoción del catalán- es catalanismo cultural positivo; lo segundo -prohibir, impedir y perseguir- es intransigencia nacionalista, cosa totalmente distinta. Hacía tiempo que el socialismo español no andaba tan desnortado.
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