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Naciones Unidas

¿Qué intereses juegan en contra de la adhesión de Palestina a la ONU?

jueves 22 de septiembre de 2011, 15:46h
Pocas veces una comparecencia ante Naciones Unidas había provocado tanta expectación como la de Mahmoud Abbás de este pasado viernes. Haciendo caso omiso a las recomendaciones de Barack Obama, que en la reunión privada que mantuvo a puerta cerrada con el líder palestino pocas horas antes intentó hacerle cambiar de opinión, Abbás subió al estrado de la Asamblea General de la ONU y pidió a los representantes de los 193 miembros actuales que reconozcan como miembro de pleno derecho a Palestina en la organización.

A pesar de que más de un centenar de países sí legitiman la entidad jurídica y nacional del territorio, lo cierto es que los analistas no creen que la propuesta del presidente de la Autoridad Nacional Palestina vaya a prosperar. Aunque obtenga un holgado respaldo entre los socios, es el Consejo de Seguridad el que tiene la última palabra. Ahí es donde Abbás se encontrará con una vía muerta.

Veto de Estados Unidos
El órgano supremo de la ONU, conformado por quince países, cinco permanentes (Estados Unidos, Rusia, China, Gran Bretaña y Francia) y diez temporales (Alemania, Bosnia-Herzegovina, Brasil, Portugal, Gabón, Colombia, India, Líbano, Nigeria y Suráfrica), tendrá que decidir si acepta o no en última instancia a Palestina como el socio número 194 Naciones Unidas, y es vox populi que Estados Unidos vetará tal decisión.

Barak Obama, que también compareció esta misma semana en el estrado de la Asamblea General, instó a ambas partes a sentarse en un diálogo bilateral que respalde el proceso de paz, estancado en los últimos meses y que ha dejado pocos avances en las últimas dos décadas.

Aunque el presidente norteamericano presentó el pasado mes de mayo su plan para Oriente Medio, en el que se incluía el reconocimiento de las fronteras de 1967, un proyecto que levantó ampollas tanto en Tel Aviv como en Ramala y que fue rechazado por las autoridades israelíes, el descenso en los índices de popularidad de cara a las elecciones presidenciales de 2012 ha hecho que la Casa Blanca se replantee su estrategia y acerque posturas con el influyente lobby judío de EEUU en aras de lograr la reelección. Esta nueva postura adoptada por el premio Nobel de la Paz de 2009 podría dañar la buena imagen que se había labrado en el mundo árabe tras el apoyo de Washington a las revueltas en Libia, Egipto, Túnez y Yemen.

"Obama jugó una baza muy arriesgada cuando anunció su plan para Palestina y ahora, con las encuestas cayendo mes a mes, se tiene que mostrar como un presidente amigo de Israel porque sabe que, sin su apoyo, las elecciones serán una lucha muy dura", señala Luis Ridley, analista, politólogo y experto en Relaciones Internacionales, a EL IMPARCIAL. "Sorprende ver cómo el presidente, con todo lo que está pasando en EEUU, social y económicamente, se esté involucrando tanto en Oriente Medio, lo que le puede traer problemas porque la gente le puede acusar de tener desatendido al país", añade Ridley.

En una línea similar se postula Daniel Ureña, consultor y experto en política estadounidense. En declaraciones a EL IMPARCIAL, Ureña cree que Obama se ha arriesgado mucho a la hora de abordar el proceso de paz a un año de su reelección. "Se trata de un asunto tan complejo y enconado que la mayoría de los presidentes (Bill Clinton, George W. Bush, etc.) lo abordaron en su segunda legislatura, cuando ya no arriesgaban su elección", señala Ureña.



Israel negocia, pero no así
El tercer actor protagonista es Benjamin Netanyahu, figura muy controvertida incluso en su país, que ha pasado a un inusual segundo plan adoptando una postura más dialogante. El primer ministro hebreo afirmaba esta misma semana que no apoyará la petición de Mahmoud Abbás, en una decisión coordinada con la Casa Blanca, pero sí confirmó que estaría dispuesto a reiniciar una ronda de encuentros con el objetivo de acercar posturas.

Netanyahu incluso llegó a pedir a la delegación de Abbás que se reuniera con él en Nueva York, una posibilidad que ha sido rechazada de pleno por la Autoridad Nacional Palestina "hasta que no se desalojen los territorios invadidos por las fuerzas de ocupación israelíes y el terrorismo colonial", declaraba el presidente de la ANP este viernes.

La postura de Israel es clara: "Tel Aviv está dispuesto a reconocer un estado palestino independiente y soberano, siempre y cuando la ANP se comprometa a mantener una estabilidad y una seguridad que asegure la paz en la zona y reconozca el derecho de Israel a existir también como país, pero siempre desde el diálogo bilateral supervisado por Estados Unidos, la Unión Europea y Rusia", afirman fuentes del Ministerio de Asuntos Exteriores hebreo.

En este sentido, Lior Haiat, portavoz de la embajada de Israel en España, añade que "el proceso de diálogo debe ser bilateral, entre nosotros y los palestinos, sin presiones externas, porque no es cuestión de mandar la pelota al tejado de nadie". Una postura que comparte Ridley, que añade que "no es la labor esencial de la ONU reconocer estados, eso se hace entre países, por lo que la paz sólo llegará si ambas partes se sientan a negociar abiertos a hacer concesiones dolorosas, pero con la paz y la convivencia con fin".

De cara a la galería
Pero lo que queda en el aire tras el discurso de Abbás es lo que realmente conseguirá. "El impacto político es innegable, esta semana ha logrado que el mundo entero vea cómo reclama libertad y derechos para su pueblo en un foro legítimo y multinacional, y eso siempre es un mensaje que, aunque todo quede en nada, recoge simpatías", sostiene Ridley.

Ahora la patata caliente pasa al Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, que tendrá que evaluar a partir del próximo lunes, aunque no se han fijado plazos, la viabilidad de la petición palestina y luego votarla en pleno, momento en el que Estados Unidos echará por tierra las aspiraciones de la ANP. Si bien Abbás ya sabe de antemano que el veto es casi una realidad, su comparecencia es una estrategia para intentar recabar apoyos a su causa aprovechando el tirón de simpatía hacia el mundo árabe a raíz de las revueltas populares en Oriente Medio y el Magreb.

La UE, desaparecida
El cuarto actor en discordia en el entramado de Oriente Medio es la Unión Europea. La falta de una política exterior común coordinada ha llevado a que haya disensiones en el seno de la eurozona. Mientras España, Francia o Alemania se muestran favorables al reconocimiento del estado palestino, Reino Unido, tradicional aliado de Estados Unidos, se muestra más reticente, emula a Washington e insta a las partes a que se sienten a dialogar.

Los rigores de la crisis económica que azota a la UE ha tenido ocupados a los gobiernos europeos y el asunto palestino ha pasado a un segundo plano. Prueba de ello es que ni Catherine Ashton, la "ministra de Exteriores" comunitaria, ni Herman Van Rompuy, presidente del Consejo Europeo, han sido noticia a lo largo de la semana y la pérdida de peso de Bruselas en el concierto internacional es evidente. "La Unión Europea ni está ni se la espera y es un fracaso absoluto de su equipo diplomático el no haber estado al frente de las conversaciones, han vuelto a llegar tarde", sentencia Ridley.

Así, si bien el discurso del presidente de la ANP ha supuesto un soplo de esperanza para el pueblo palestino, lo cierto es que no parece que vayan a cambiar mucho las cosas para su pueblo. Las cinco grandes diferencias que separan a la ANP y a Israel (la división de Jerusalén, el agua, las fronteras en el valle del Jordán, Gaza y Cisjordania, los asentamientos ilegales, el regreso de los refugiados) siguen siendo insalvables y ambas partes no dan su brazo a torcer.
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