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Los estertores de una legislatura perdida

viernes 23 de septiembre de 2011, 01:44h
El pleno de ayer en el Congreso español sirvió de despedida para muchos diputados que ya no volverán a serlo, y para otros que aún no saben si repetirán en calidad de grupo de oposición o sostenedor del Ejecutivo. Fue, en todo caso, el colofón de una legislatura que no pasará a la historia precisamente por su brillantez parlamentaria. Eran otros tiempos cuando diputados y senadores tenían mucho más arraigado que ahora el concepto de servicio público. Hoy las prioridades son otras. Ayer, sin ir más lejos Joan Tardá, diputado de Esquerra, aprovechaba su último día en el Hemiciclo para pedir la puesta en libertad de un delincuente condenado a diez años de prisión por pertenecer a ETA, Arnaldo Otegui.

Mientras, los socialistas canarios se enfrentaban a la dirección nacional y pedían que Casimiro Curbelo, el senador que protagonizó un bochornoso espectáculo en una “sauna” de Madrid, fuera su cabeza de lista por La Gomera. Igual de impresentable son las maniobras del entorno de Rubalcaba para que su hombre en Interior, Antonio Camacho -si es elegido su calidad de aforado dificultaría un eventual procesamiento por el caso “Faisán”-, entre con calzador en la listas de Zamora, lo cual ha llevado a que gran parte de las ejecutivas de Toro y de la propia Zamora presenten su dimisión. Son sólo algunos ejemplos de comportamientos que dejan mucho que desear. Así las cosas, es comprensible que la clase política en su conjunto sea considerada un problema por gran parte de la ciudadanía. El 20 de noviembre es la ocasión para revertir todo este tipo de cuestiones. Que se vote atendiendo no sólo a unas siglas concretas, sino a la ejecutoria de quien comparece bajo esas siglas. Está en juego no repetir errores muy presentes.
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