El naufragio de España
José Antonio Ruiz
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jantonruytelefonicanet/9/9/20
viernes 30 de septiembre de 2011, 21:22h
Sólo en un país como España, tierra esquilmada por los saqueos que se han venido sucediendo de generación en degeneración desde las primeras invasiones germánicas de vándalos, suevos y alanos, sería concebible que los mismos forajidos que asaltaron el tren postal de Glasgow tendrían la desfachatez de presentarse ante el alguacil quevediano poseído por el demonio y ofrecerse a las autoridades para dirigir la operación de caza y captura de los ladrones.
Más desesperado que la canción de Neruda tiene que estar Alfredo, inspirador por partida doble del bombero pirómano y del bombero torero, para saltar al ruedo de las plazas de toros que aguardan enfervorizadas los días que están por venir de corrida electoral, dispuesto a prometer una cosa y su contraria. Si yo fuera Zapatero no le volvía a dirigir la palabra por los siglos de los siglos, por renegado.
El tío tiene la jeta de montar todo el andamiaje de su campaña sobre la pilastra de la demagogia low cost, y nadie salta a la arena para arrearle con la boina un buen trompazo o enfundarle la barretina hasta la sobaquina por ser tan desconsiderado con la capacidad mental del respetable. Lo inaceptable en un político, según el particular parecer de este cronista, no es que mienta a sabiendas y prometa la luna sabiendo de antemano que son de imposible cumplimiento (que se lo digan a Tierno Galván, que ese sí que lo tenía claro), sino que de por supuesto que somos todos unos tontos del haba.
El «señorito Alfredo» (Erasmo), «Alfredo Manostijeras» (González Pons, el atildado subalterno del «recortador» Rajoy), se desenvuelve en el lodo con más soltura que las gatitas de playboy en una piscina de barro. Muy angustiado tiene que estar su ilustrísima eminencia para haber orquestado esta estrategia electoral que más que descabellada resulta suicida. Más que un candidato, parece un corredor fulero de apuestas de una peli de Tarantino. No quisiera entrometerme donde no me llaman, pero digo yo que en lugar de dedicarse a esta cosa tan indecente de la política, tendría que buscar trabajo en algún hipódromo a las orillas del Bósforo o mismamente en una casa de subastas. En Sotheby’s se lo rifarían.
Hay verdades sospechosas, como las del mentiroso compulsivo recreado por Juan Ruiz de Alarcón; verdades engañosas como las de San Atanasio; mentiras piadosas como las descritas por Platón en La República. Y luego están los embustes patológicos del Químico, que son un menosprecio a la inteligencia, o sea, una tomadura de los pelos del moño, qué coño. Claro que si todavía los hay, y son rebaño, dispuestos a votarle, es porque lejos de sentirse ofendidos en su intelecto, o bien tienen vocación de masocas, o están acojonados porque se han tragado el cuento de que está a punto de aterrizar en Moncloa una hermana gemela de Sarah Palin, que tiene barba y se hace acompañar por un dobermann.
Aunque me complace tener lectores críticos como un amigo marroquí que me echa la bronca cada vez que me nota blando y maricomplejines, créanme si les digo que a menudo hago un sobre-esfuerzo (aunque no lo parezca) por evitar el lenguaje soez, ordinario, tabernario, poligonero, graffitero, perrofláutico y macarrónico, pues pienso que se descalifican a sí mismos los compañeros de profesión que confunden la vehemencia con el insulto y en lugar de tratar de analizar la actualidad con tanta clarividencia como a cada cual le permita su talento, se dedican a vomitar la bilis sobrante del duodeno, que cae a la altura del retro peritoneo. Pero confieso que me supera la situación (y que sepa, no corro peligro de sufrir de depresión postparto) cuando escucho a algún administrador de la cosa pública intentando tomarle la pelambrera a la parroquia, dando por hecho que la congregación va a aplaudir sus sermones agitando sus ropas de lino como hacían con Pablo de Samosata, patriarca de Antioquía, a cuyo paso el río Orantes no hay día que no baje más chocolatero que la ciénaga de Shrech.
Sólo en un país donde la chusma es lo suficientemente desvergonzada como para gastar un pastizal en un dossier sobre el mejillón cebra o para montárselo con un ministerio de Asuntos Exteriores paralelo en el extranjero camusiano, pueden prosperar los pícaros que viven a costa de los ingenuos y los caudillos que actúan con impunidad conscientes de que siendo como es el nuestro un pueblo amaestrado como un león artrítico del Circo Price, a nadie se le va a ocurrir la idea de asaltar la Bastilla después de leer el libraco de Pedro Jota, aunque se clausuren quirófanos, se le cierre el grifo a los asilos y se amenace con desmantelar el estado clientelar si el Gobierno opresor con mando en plaza en el Madrid de los Austrias no claudica a la firma de un concierto con el nacionalismo mesiánico abertxaloide, filo-jili.
España, fashion victim divina de la muerte, metáfora imaginaria del despropósito, es un vagón desguazado como los trenes del 11-M, un furgón blindado desvalijado como el que convirtió al Dioni en un memorable personaje de leyenda. España, y más en estos tiempos de turbación, sigue siendo un país de bribones, de bandoleros, de vendedores de biblias, de charlatanes vende burras que se pasan los días de berrea electoral subidos a la diligencia, recorriendo Arizona en busca de desaprensivos que les confíen la hacienda y la vida. España, país sin remedio, de mantenidos que viven a costa de la exhausta teta pública, cabe toda entera en un plató telecinquero. Lástima que no me llegue la paga para comprar una isla como Sakira.
Igual que sigue siendo un enigma saber cómo se las ingenió Sarkozy para conquistar a Carla Bruni, me preguntó qué le vieron sus electores a Zapatero para auparlo a la presidencia del Gobierno, y qué virtud inescrutable pueden vislumbrar en Alfredo para jurarle amor eterno.
Quienes conocen al leonés lo piropean diciendo de él que es un excelente encajador. Cierto que no le cuesta sonreír tanto como a Aznar, que parece que cuando habla te está perdonando la vida. Pero digo yo que nuestros disgustos nos hubiera ahorrado si en lugar de calentar escaño en el Congreso durante cinco lustros, consecuente con los dones que Dios le ha dado, se hubiera metido a boxeador. Aunque lo mismo está meditando la oferta de Mr. Bean, que ha confesado que en un futuro no descarta utilizar a José Luis como doble.
Cómo va a prosperar un erial donde los lectores de la revista FHM llegan a la conclusión, con un grado de unanimidad que rivaliza con el pasteleo del G-14 de la Audiencia Nacional, de que la Dama de Elche es más sexy que Pilar Rubio y Elsa Palaky. Pasa que la ilicitana, por ser un busto de piedra, esté más maciza que las susodichas; pero de ahí a convenir que el pedrusco ibérico es la mujer más sensual de la historia de España, es como para que quienes hayan llegado a esa conclusión se lo hagan mirar acudiendo a la consulta de un psicoanalista freudiano en busca de alguna alteración genética en su bulbo raquídeo.
Cómo puede prosperar un país con una ministra de Defensa como Carmina Chacón, que todavía alberga esperanzas de que algún día puede ser presidenta de lo que quede de España en un abrir y cerrar de piernas. He de reconocer que por un instante he llegado a pensar, al ver su foto en el suplemento de moda del diario El País, que se trataba de una secuela de la tórrida secuencia de Sharon Stone en Instinto Básico pidiendo a gritos una estocada.
Si los fotógrafos autores de la fechoría aseguran que no ha mediado retoque, es que los pobres se han hecho la picha un lío con el carrete, y así le va al BOE proto-socialista, que está tan desorientado, o quién sabe si premeditadamente equívoco porque a la fuerza ahorcan, que lleva unas semanas haciéndole la pelota al Rey de Génova que da asco, descubriéndole unas virtudes insospechadas en las que no habían reparado ni siquiera los más redomados pelotas. Parece como si los chicos de Janli, de la noche a la mañana se hayan vuelto como los del Grupo Intereconomía, “orgullosos de ser de derechas”.
Y en estas hemos sabido que Jonathan Davidson, un profesor de psiquiatría de la Universidad norteamericana de Duke, ha publicado un libro con sus estudios mentales a cuenta de medio centenar de primeros ministros de Reino Unido, de desde Robert Walpole hasta Tony Blair, donde asegura con conocimiento de causa frenopática que tres de cada cuatro sufrió en algún momento de su mandato un trastorno en la calabaza, desde depresión severa hasta bipolaridad, pasando por ansiedad social, demencia y parafilias varias.
Y en estas que don Jordi Pujol ha vuelto a retratarse diciendo que hay que catalanizar a Las Chonis y a Las Jefiners. (…) ¡Pena de hombre!
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Periodista
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jantonruytelefonicanet/9/9/20
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