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CRÍTICA

Jon Juaristi y Marina Pino: A cambio del olvido. Una indagación republicana (1872-1942)

domingo 02 de octubre de 2011, 13:29h
Jon Juaristi y Marina Pino: A cambio del olvido. Una indagación republicana (1872-1942). XXIII Premio Comillas de Historia, Biografía y Memorias 2010. Tusquets. Barcelona, 2011. 478 páginas. 24 €
Hay niñas espabiladas que corretean por la limítrofe calle Wellington en los años de la postguerra barcelonesa; policías de élite que prestan sus servicios en el Banco de España durante los años republicanos y que acaban siendo denunciados por envidias corporativas y desapareciendo en ese tétrico camino que llevaba de las checas -en esta ocasión la de los socialistas- a Paracuellos; adolescentes sevillanas que se enamoran en Madrid de estudiantes bilbaínos y que se ven, más tarde, condenadas a pasar un par de años en la atestada Cárcel de Mujeres de Ventas de 1940 por la malquerencia, avaricia, o quien sabe si lujuria, de un cuñado resentido, uno de los personajes siniestros, tan siniestros como reales, que acompañan en A cambio del olvido a los más diversos héroes. Porque es verdad que también nos encontramos en el libro, junto a las heroínas arriba apuntadas, con soldados valientes que alcanzan la oficialidad combatiendo en Marruecos y a los que siguen, en la carrera, hijos más muelles, menos vocacionales. Es al joven comandante Amadeo Ynsa Arenal al que una bala, vaya usted a saber de dónde ha partido, mata en el frente de Aragón. Un retrato sobre una cómoda, en un modesto comedor de viviendas militares de la susodicha calle Wellington, frente a la tapia trasera del parque de fieras, presidirá, a la postre, los recuerdos muy ocasionalmente evocados en voz alta. Ni vencedores ni vencidos: derrotados y callados.

Del otro lado del Atlántico, nos llegarán noticias de comodoros y celadores argentinos que informan del estado de un hombre que de la alegría congénita ha pasado, lejos de la familia y de la patria, a la tristeza profunda, a la locura. Una vida. Una más, aunque singular, la de Tomás Pino Sayago, junto a la de curas y nacionalistas vascos -de los unos y de los otros-, carlistas y republicanos que bogan a contracorriente, constructores y grandes arquitectos que llegan a ministros en los gobiernos de Juan Negrín -el cabal, para esta historia y en la Historia de este país, Tomás Bilbao Hospitalet-, colaboradores y resistentes, gente de bien y aprovechados indecentes. El elenco es extenso pero, como les insinuaba en su parcial, por muy incompleta, enumeración, los perfiles de cada uno de los personajes están tan bien definidos, todos ellos, que es imposible perderse. La familia -los complejos y extensos linajes- orientan al lector: abuelos y abuelas, padres y madres, hermanos, primos en los más diversos grados de consanguinidad. Voy a poner un primer pero a uno de los libros de Historia y de memorias más sutiles, laboriosos e intelectualmente honorables, que he leído en tiempo. Un árbol genealógico, completo, desplegable si lo prefieren, no hubiese desmerecido la hermosa labor editora de Tusquets y, para el lector, no hubiese estado de más.

Si la familia orienta, la cronología y la geografía ponen límites. De guerra civil del XIX a guerra civil del XX; de sitio de Bilbao a sitio de Bilbao. Siempre la reacción acechando a la ciudad liberal. Aunque no es menos cierto que los espeluznantes hechos de Begoña -el convento de los Ángeles Custodios, en enero de 1937- tengan poco o nada de liberales. O tal vez sí. Quizá la violencia en este país no haya sido patrimonio de la reacción aviesa y trabucaire y menos cuando ese baluarte liberal era bombardeado. La acción, en definitiva, transcurre en España, en toda ella, y en las que han venido siendo sus prolongaciones naturales en tiempos de penurias y de salidas a escape: Buenos Aires, La Habana, París, el sur de Francia. Es tanto la España itinerante del militar como la del burgués. La que viene del sur y se despliega por lo que en la retórica postnacional hemos convenido en llamar el arco mediterráneo, como la que transita entre Bilbao y Madrid recalando, para procrear y no solo, en Miranda de Ebro. La que se recorre quien, al ser llamado, “metería cuatro pertenencias” en la maleta para dirigirse a una nueva geografía.

A cambio del olvido es un ejercicio de memoria desencadenado por la curiosidad de Marina Pino. Aturdida por los silencios, ya insinuados, y por las ausencias, dolorosas, definitivas, decide recomponer un cuadro exacto de sus raíces. El texto liminar, el relativo a esa calle barcelonesa de su infancia y juventud, conduce al restablecimiento del linaje complejo, itinerante, marcado por el vacío que deja el padre. El nombre del abuelo, Tomás Bilbao, lleva a la escritora a establecer contacto con su primo -ellos han decidido que lo son, casi con toda seguridad lo sean, y en todo caso no es asunto nuestro- Jon Juaristi. La indagación pasa a ser, con todas sus consecuencias, republicana. E histórica. La memoria es rescatada con esfuerzo debido al mutismo que acompaña a las figuras de ayer. Aquellas que encarnan la historia triste -al fin y al cabo como (no) todas las que merecen la pena- de la agonía del republicanismo entre 1936 y 1939.

Restaurar los hechos es complejo. Evitar mezclar ficción y realidad, en unos momentos en los que se tiende a lo contrario, una cautela inexcusable. Hacerlo asumiendo una autoría conjunta y cruzando las memorias respectivas, complicado. Iniciar el camino en una Barcelona postolímpica en la que se ha borrado la memoria de las calles para proceder, a renglón seguido, a injertar otra, la que han acordado etiquetar de democrática, un problema añadido. Como lo es concluir en el País Vasco de nuestros días: ese en el que Acción Nacionalista Vasca de Tomás Bilbao, refugio entre otros de los últimos federalistas de esas tierras, ha devenido otra cosa. El campo estaba lleno de minas. Suerte hemos tenido de la tenacidad en los archivos, del respeto sagrado por el documento, de la capacidad de trabajo y el entusiasmo de ambos indagadores.

Los autores no dejan de dar su opinión. Cuando Pino o Juaristi sospechan, queda claro que sospechan. Cuando tienen la certeza, la transmiten y punto. Sus dictámenes son, en muchas ocasiones, renovadas e imaginativas jaulas de papel en las que queda preso el malo. Parece, por momentos, la expresión de un deseo, paralelo al de recomponer la historia: el de vindicar determinadas trayectorias, públicas y privadas, y de poner al villano en su sitio. Es vano el intento de cambiar la Historia. No lo es el de aprovechar sus lecciones para desenmascarar a los indecentes, a aquellos que se aprovechan de las circunstancias, cuando no de las olas de odio que se desatan para hundir al otro, humillarlo, reducirlo a una condición pretendidamente no humana.

Hay, en la obra, una revisión, o una profundización, de algunos de los elementos centrales en la historia política española. Una aproximación contundente a un nacionalismo que arraiga con fuerza en las sociedades de familias; aquellas en las que éstas se convierten no ya en el natural mecanismo central de articulación de los individuos en el ámbito privado sino el cauce de participación en el dominio público. Un nacionalismo, a ver si se entera la izquierda alguna vez, que fue determinante, antes de 1936 y aunque no obrase en solitario, en la erradicación del republicanismo -tanto del unitario de los Linacero como del federal de los Ulacia-, en su erosión en buena parte de la geografía española. Es, A cambio del olvido, la historia entrecruzada de tres familias y, como dice justamente el subtítulo, una indagación republicana hecha desde el más alto concepto del decoro intelectual. Un libro indispensable.


Por Ángel Duarte
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