Inmunes a la crisis
América Latina y los emergentes, ¿al rescate?
viernes 07 de octubre de 2011, 09:18h
Mientras Europa y Estados Unidos hacen números para intentar superar el bache financiero que ha hundido sus economía en estos últimos tres años, América Latina, literalmente se forra de dinero. Contrario a lo que el FMI ha vaticinado para la UE y la nación del Tío Sam, el 2012 supondrá para gran parte de los países iberoamericanos un año más de crecimiento y expansión económica, en donde Brasil, Colombia, Perú y Chile se llevan la guinda del pastel.
“Europa puede contar con Brasil”. Con estas contundentes palabras, la presidenta de la potencia suramericana, Dilma Rousseff, reafirmó el compromiso de los países emergentes a tenderle una mano a la Unión Europea para ayudarla a salir a flote y evitar que haya un “efecto Grecia” en los estados miembros de la Eurozona.
Pero el representante latinoamericano del exclusivo grupo de los BRIC, no ha sido el único que le ha hecho un guiño a la UE. Argentina, Chile, Colombia o Panamá, también han manifestado sus intenciones de ayudar, fortaleciendo sus relaciones con países como Alemania, Bélgica, España, Francia o Portugal, con el propósito de consolidar acuerdos comerciales y poner en marcha proyectos de desarrollo e infraestructura, tan necesarios al otro lado del Atlántico.
Asimismo, desde el 2010 y tras seis años de estancamiento, el Mercosur y la Comisión Europea han retomado las negociaciones para impulsar un acuerdo de libre comercio entre ambos bloques, que de materializarse podría traducirse en 14.000 y 21.000 millones de euros que le entrarían a los veintisiete.
Con unas perspectivas de crecimiento del 4,5% y del 4% para el 2012, según el último informe del Fondo Monetario Internacional, América Latina y el Caribe se muestran inmunes a los vientos de recesión mundial que vaticina el organismo internacional para el año próximo, aún cuando la institución matiza que el impacto de la crisis podría llegar a la región en forma de “vientos de doble cola”, debido a la inestabilidad que promete el mercado mundial.
No obstante, ello no parece frenar a una región cuyas economías crecieron durante el primer semestre de 2011 al envidiable ritmo del 5%, gracias a que le ha sacado partido a una de las claves del boom iberoamericano: la exportación de materias primas a un consumidor poderoso llamado China. Pese al descenso que han sufrido en las últimas semanas los precios del cobre y la soja, productos muy demandado por el país asiático, las premoniciones del FMI son claramente optimistas pese a la cautela de la coyuntura financiera.
Estados Unidos tampoco es ajeno a este fenómeno. Washington ha pasado de ver a América Latina como su “jardín trasero” a situarla como una aliada estratégica. Desde que Barack Obama asumió el poder en 2008, las relaciones de la Casa Blanca con sus vecinos han adquirido una nueva dimensión, profundizando una agenda que durante muchos años estaba enfocada a la seguridad hemisférica y a la lucha contra el narcotráfico.
Esta semana el mandatario aprobó la ratificación del Tratado de Libre Comercio (TLC) con Colombia y Panamá, los cuales fueron firmados durante el gobierno del presidente George W. Bush en 2006 y 2007, respectivamente; a fin de que sean aprobados por ambas cámaras del Congreso.
En este sentido y pese a la crisis que afecta a la potencia norteamericana, la secretaria de Estado, Hillary Clinton, anunció que EEUU destinará 17,5 millones de dólares (cambiarlo a euros) en proyectos de desarrollo e inclusión social a países de la región, a fin de impulsar “el motor” de las Américas. La misma que en plural, comienza a tener voz dentro del parqué financiero y los organismos internacionales.
¿Una reforma del orden mundial?
Durante la pasada Asamblea General de las Naciones Unidas, presidentes latinoamericanos como Dilma Rousseff, Juan Manuel Santos, Cristina Fernández de Kirchner, Sebastián Piñera, Ollanta Humala o Felipe Calderón, pusieron de manifiesto la necesidad de actualizar la estructura geopolítica hacia un modelo multipolar, en donde las decisiones mundiales no se restrinjan exclusivamente a un grupo de países. Algo del que también se hizo eco los líderes de las llamadas naciones BRIC.
La consolidación de países como Brasil, India, Rusia, China y recientemente Sudáfrica, como el gran quinteto de las economías emergentes; sumado al imparable crecimiento que experimentan muchos países latinoamericanos y de otras latitudes geográficas, es la contra parte de la realidad que se observa en el mundo desarrollado y sus principales potencias como Estados Unidos, país donde recae el equilibrio del ecosistema financiero.
Si bien las naciones del G-8 siguen manteniendo el liderazgo político que les ha caracterizado en la esfera de las relaciones internacionales, lo cierto es que la crisis ha debilitado las bases de su eje de influencia. Una situación que el club BRIC, así como algunos estados miembros del G-20 comienzan a analizar con detenimiento.
Ante la posibilidad de que los emergentes terminen siendo el “Equipo A” del rescate europeo, tal como sugirió el guiño de Rousseff esta semana a el consejero europeo, Herman Van Rompuy y al presidente del Ejecutivo comunitario, José Manuel Durao Barroso; y al interés de Washington hacia la unidad de "las Américas", que por siglos y décadas fue un puzzle fraccionado, cabe plantearse el interrogante: ¿Comienzan a moverse la fichas para un nuevo orden mundial?