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La guerra en Afganistán se retroalimenta

Víctor Morales Lezcano
viernes 07 de octubre de 2011, 21:41h
En alguna que otra columna enviada a este periódico digital, se han hecho menciones repetidas -cuando no comentarios monográficos- a las guerras que Estados Unidos mantuvo en el Oriente extremo (Japón y Vietnam) entre 1941 y 1970. Dos teatros de conflictos armados muy diferentes, de los que el país americano salió victorioso en un caso, pero moralmente derrotado en el otro.

A partir de las “andadas” soviéticas en el Asia central afgana, hace ya unos treinta años, otro escenario de aquel continente volvió a convertirse en asunto internacional de actualidad bélica.

Los avatares internos de Afganistán con el resurgimiento de varias oleadas de guerrilleros islámicos reconocidos como talibanes, de una parte, y la azarosa trayectoria político-militar de Paquistán, de otra, colocaron el Asia central en el “ojo del huracán” durante los mandatos del ex-presidente George Bush.

El pulso entre insurgencia talibán, en las provincias pobladas por tribus pastunes y otras tribus también disidentes, aunque más “negociadoras” -como son los tayicos al norte del país-, ha ido involucrando a Estados Unidos y a sus aliados incondicionales, en una guerra continental a la que la administración Obama desea poner fin mediante una táctica doble: entrenar al ejército y policía afganos para hacer frente al desorden interno; y, paralelamente, ir evacuando un territorio encerrado (“landlocked”) por su abrupta geografía.
Recuérdese que es hacia 2014, cuando Obama y el almirante Mullen (presidente de los jefes de Estado Mayor) han venido a calcular la fecha de terminación de la presencia militar de Estados Unidos en Afganistán. Los acontecimientos de este verano, sin embargo, han cernido densos nubarrones sobre el panorama del final de esta otra guerra americana en Asia.

La serie de atentados talibanes contra comandos aliados, ha culminado con la explosión del “Hotel Intercontinental” el 28 de junio y con el aparatoso asalto a la embajada de Estados Unidos el 10 de septiembre. Ambos atentados han tenido lugar en el centro de Kabul, intentando maximizar su alcance.

Por si ello no bastara en cuanto ejercicio de afirmación de una insurgencia prolongada con cierta capacidad de reto-respuesta tardía, también ha caído víctima de los talibanes el presidente del Alto Consejo para la Paz en Afganistán: Burhanudin Rabbani. Rabbani era figura pública de mucho relieve nacional por haberse situado en su momento a la cabeza de la resistencia a la ocupación soviética de Afganistán desde las provincias del norte. Las perspectivas de concluir un proceso de pacificación en Asia central se han estrechado en estos meses de verano -cuando la atención de Washington, del Pentágono y de la OTAN se han tenido que centrar bastante en el norte de África y Oriente Medio.

Por último, aunque no por ello de menor importancia, Mike Mullen, precisamente, ha tomado la decisión de apuntar con su índice a Paquistán como retaguardia, y madriguera, del clan pastún Haqani. Islamabad sería, según el alto mando estadounidense, cómplice de los últimos atentados que se han solapado en territorio afgano durante los meses de verano. Mullen, que esta vez “no ha tenido pelos en la lengua”, ha sido directo en su alocución de despedida en el Pentágono, pronunciada recientemente. Los servicios de inteligencia paquistaníes, según él, estarían favoreciendo la insurrección talibán, puesto su cálculo en lograr para Islamabad un ascendiente de envergadura sobre el país vecino. Motivación en tiempos por venir a la que se sumaría un afán de desquite por no haber podido contrarrestar la operación americana que dio buena cuenta de Osama bin Laden en territorio de soberanía paquistaní.

No parece que el embrollo en que todavía está inmersa la política internacional de Estados Unidos en el ámbito islámico, sea cuestión a despejar en corto plazo y a bajo coste. Pronóstico que no se compadece del todo con las “calendas” electorales que se avecinan en América.

Víctor Morales Lezcano

Historiador. Profesor emérito (UNED)

VÍCTOR MORALES LEZCANO es director del Seminario de Fuentes Orales y Gráficas (UNED) y autor de varias monografías sobre España y el Magreb

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