El todavía presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, ha inaugurado esta semana en su tierra natal, León, el
quinto Instituto Confucio en España, entidad estatal china dedicada a la difusión de la lengua y la cultura del gigante asiático en el mundo. El Instituto Confucio cuenta con 350 centros repartidos por 104 países. Dispone además de unos 10.000 profesores y medio millón de alumnos.
Por su parte, el
Instituto Cervantes, institución pública creada por España en 1991 para la promoción y la enseñanza de la lengua española y para la difusión de la cultura española e hispanoamericana, y que este martes ha celebrado la reunión anual de su patronato presidida por los Reyes, cuenta con 140 centros de los que sólo uno está en China, con menos de 2.000 docentes y algo más de 200.000 alumnos.
Se calcula que unos 1.213 millones de personas hablan chino mandarín como primera lengua frente a los 329 millones de personas que lo hacen en español, por delante de los 328 millones con los que cuenta el inglés o los 221 millones del árabe, según
Ethnologue, Languages of the World. Además de ser el español ya la segunda lengua materna en el mundo, es el segundo idioma más estudiado después del inglés y el tercero más utilizado en Internet tras el inglés y el chino.
Cada uno que extraiga sus conclusiones. Las mías son que es bueno celebrar que el español ha superado al inglés como lengua materna más hablada, que es necesario asumir que difícilmente alcanzará al chino por una razón poblacional evidente, y que la batalla se librará en el terreno de la segunda lengua y, sin duda, de Internet. Y de ahí la importancia de que Cervantes venza a Confucio y hasta al British Council si queremos que el español cobre mayor protagonismo en las relaciones internacionales y en la Red, y que sea aún más útil su dominio en el desarrollo profesional y personal de quienes no sólo lo hablamos, sino que además lo amamos. El idioma español es probablemente lo más valioso de la
“marca España” y merece la pena potenciarlo mediante su enseñanza y difusión en el extranjero sin dejar que el gigante chino o el imperio británico coman terreno a la lengua de Cervantes.