Las soluciones a la crisis
jueves 13 de octubre de 2011, 23:13h
Las elecciones se acercan y las propuestas para salir de la crisis se animan. Muchos diarios, directores, asociaciones, fundaciones económicas o partidos políticos van sacando a la luz sus ideas. Hasta ahora todos yerran. Algunas muestran algún destello de inteligencia, propuestas aplicables, pero todas se equivocan en algo fundamental.
La totalidad de poderes públicos, agentes sociales y económicos de este país está empeñada en que estamos en una crisis de competitividad a la que se la sobreimpuesto una crisis financiera primero y una de deuda después. Una crisis de la que tenemos que salir tomando medidas de ajuste presupuestario –los socialistas prefieren subir los impuestos y los populares reducir el gasto-, reestructurando el mercado financiero y poniendo en marcha una reforma del mercado de trabajo que incluya la flexibilización del mismo por la vía de reducir los gastos derivados del despido.
Sin embargo, las exportaciones españolas, sector que debería ser el primero en reflejar una posible crisis de competitividad, están muy bien de salud. El que quiera puede comprobar cómo, tan pronto como el PIB de nuestros clientes europeos crece, nuestras exportaciones crecen con el crecimiento de su demanda. Es decir, somos competitivos con quienes tenemos que serlo y en las industrias con las que contamos. El año pasado y los tres primeros meses de este año son un buen ejemplo. ¿O es que alguien quiere que compitamos con los chinos en productos de baja gama y por costes laborales? Otra cosa es que nuestro país sea tradicionalmente un país con poco espíritu empresarial pero eso podemos dejarlo para otro análisis crítico.
Por otro lado, una reforma del mercado de trabajo que busque la reducción de los costes del despido sin tener en cuenta la otra parte de la ecuación del empleo, está destinada al fracaso porque nos hundirá aún más en la crisis. Y es que para que exista en España un mercado dinámico de empleo como el que queremos, en el que la seguridad en el empleo venga por la alta probabilidad de encontrar uno nuevo cuando se pierde el que se tiene –como sucede en los Estados Unidos- y no por la vinculación legal –mediante altas indemnizaciones e impedimentos administrativos- al puesto de trabajo actual, tiene que facilitarse la creación de empresas que ofrezcan esos nuevos puestos de trabajo. Empresas que surjan con fuerza de las nuevas ideas con apoyo financiero previo o sin él.
Sin estas nuevas empresas, la reducción de los costes del despido soló crearía una gran bolsa de trabajadores precarios y mal pagados cuya capacidad de compra se vería reducida al límite. La demanda nacional de productos y servicios caería en picado y todo nuestro crecimiento pasaría a depender del mercado exterior. Craso error económico en el que nuestros gobernantes han tendido a caer una y otra vez desde hace décadas. Para comprender esta afirmación basta con recordar cómo el crecimiento económico de la época de Aznar vino de la demanda interna, demanda que nos permitió crecer y crear empleo incluso en un contexto de crisis internacional bastante intenso.
¿Y que se necesita para que las nuevas empresas aparezcan con facilidad? Pues lo mismo que existe en los Estados Unidos, lo que gozan algunas comunidades chinas en nuestro país y lo que nuestra compleja y en exceso protectora legislación financiera impide. Me refiero al capital riesgo. Pero no al que de vez en cuando se le oye dándose autobombo, sino al que, a cambio de un jugoso porcentaje de los posibles beneficios durante un número de años razonable, financiaría una nueva idea empresarial sin apoyo financiero previo fuerte hasta que esta triunfara finalmente. Nuestra legislación considera a nuestros ciudadanos poco menos que tontos indefensos y, para evitar que puedan perder sus ahorros por invertir inadvertidamente en alguna institución financiera dedicada a este tipo de negocios de riesgo, limita su existencia a lo que hoy aquí conocemos. Nada de nada.
Los chinos de nuestro país lo tienen mejor. Entre ellos, sin recurrir a ningún tipo de banco, se financian con este formato. Y acaban por triunfar allí donde los negocios españoles fracasan y cierran. Por eso, hasta que nuestra legislación financiera no se modifique para permitir la existencia de un verdadero capital riesgo, cualquier facilitación del despido acabará con la capacidad de compra de cientos de miles de familias y con la demanda interna de este país. El peor escenario posible en nuestra situación actual.
De esta crisis podríamos salir mucho antes de lo que ninguno hoy día piensa si la enfocáramos correctamente. Si tuviéramos una visión clara del desarrollo temporal de los acontecimientos podríamos apreciar sin dificultad los factores que están detrás de este embrollo.
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Doctor en Política Económica
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