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paso cambiado

Rajoy con Rubalcaba, la foto que lo explica todo

viernes 14 de octubre de 2011, 09:31h
La instantánea del desfile militar con motivo de la Fiesta Nacional no fue este año la de Zapatero incómodo, ni siquiera la de la cabra de la Legión. Fue la de los dos candidatos a las elecciones, Mariano Rajoy y Alfredo Pérez Rubalcaba, departiendo amablemente sobre la vida, el fútbol y la "dura campaña".

En realidad, la campaña tiene muy poco de dura, en el sentido habitual del término. La única dureza es que es muy cansada para los candidatos. Pero ésta no es una campaña electoral a cara de perro, como hemos visto bastantes. Porque, entre otras cosas, los protagonistas son muy educados y porque, además, el pescado parece estar bastante vendido.

Otra cosa sería si habláramos del trasfondo de la campaña, especialmente en las filas socialistas, donde parecen empeñados en poner palos en las ruedas a su propio candidato, ya sea en su partido (Fernández Vara) como desde el propio Gobierno (Zapatero). Por eso se dice siempre que hay adversarios, enemigos y compañeros de partido, por ese orden de antagonismo.

Pero ese elemento no es significativo. La tierra quemada dejada por el zapaterismo, como forma de Gobierno que merecería estar en los tratados de teoría política (es decir, la infinita autocomplacencia en la acción, la inconstancia, la improvisación, la confusión histórica e ideológica y algunas cosas más) apenas dejaba campo de maniobra al candidato socialista, contaminado a su vez.

Por eso, la campaña no es lo relevante. Lo importante es la imagen que deje para ver qué se puede hacer en el futuro. Un futuro en el que además de hablar de fútbol, la vida y la dura campaña, habrá que hablar de la reforma laboral, del sistema financiero, del Tribunal Constitucional, de la Ley Electoral y de las tensiones territoriales, por poner algún ejemplo. Y de Eta no digo nada, porque ahí nunca ha estado el problema de fondo, sino sólo el de la forma negociadora, fruto también del inefable zapaterismo buenista.

Si la foto del desfile se prorrogara, algo mejor podrían ir las cosas. Y no es imposible, si es que se asienta un cierto racionalismo político en España, lo que no tiene por qué ser imposible.

La pelota, probablemente, quede en manos de la oposición socialista. Por instinto, al PSOE le apetecería hacer la vida imposible a un Gobierno de Rajoy. Pero si hace un adecuado cálculo, puede también pensar que es rentable estar en la cocina de lo que venga, más que echarse al monte. La proclividad al pacto casi nunca perjudica a la minoría (Zapatero, en el acuerdo contra Eta en época de mayoría absoluta de Aznar, y después ganador; o González, tras la investidura llamemos accidentada de Calvo Sotelo).

Hay que pensar que Rubalcaba tiene suficiente Estado como para jugar esas cartas con dignidad, e incluso rentabilidad futura. Otra cosa es que su propio partido decida abruptamente laminar a su mejor cabeza actual. Tan buena cabeza que aún resulta más inexplicable que se metiera en el berenjenal de la campaña.

La realidad es que si Rubalcaba aguantara en la oposición, podría configurar su propia alternativa, actualmente condicionada por su complicidad con Zapatero. La cuestión es que le dejen, o que se deje.

Por el momento, la "dura campaña" es baile de salón, por fortuna. Ningún insulto entre los candidatos, y casi ni alusiones. Ninguna, desde luego, por la parte de Rajoy, lo que todos interpretan como táctica electoral del candidato del PP, pero que se puede analizar mejor desde el instinto de Rajoy, no sólo porque la confrontación personal no le va en el carácter, sino porque no quiere romper puentes ni con su peor adversario.
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