Purgatorio español
Martín-Miguel Rubio Esteban
viernes 14 de octubre de 2011, 21:53h
Aunque Catón de Útica es el portero del Purgatorio lleno de esperanza, para hispanos está Calvo Sotelo, el protomártir que inició mi andanza por la montaña purificadora cuya difícil cima el cielo alcanza. Un millón de almas de Dios loadoras, en otro tiempo españoles matados, suave marcha de lentas andadoras iniciaban por empinados prados con los gloriosos ángeles de Dios protegiéndoles con celo y cuidado. Un muchacho pálido como un boj andaba entre aquellos asesinados con poca vida usada en su reloj.
“¿Con cuántos años te mataron?” – dije Con trece, en Paracuellos del Jarama me maniataron con cilicios” – gime, “y vi de sus metralletas mil llamas que horadaron mis sesos, mis entrañas, y mis últimos besos di a la grama.” “¿Y por qué tus verdugos con tal saña acabaron con vida adolescente?” “Yo rezaba el rosario en la montaña”. A su lado otro chico esmoreciente caminaba trefe directo al cielo, inocente y devoto enmagreciente. “¿Quién te mató con tan criminal celo?” “Cruel sargento de ferrocarriles me molió a palos en el frío suelo.” “¿Dónde fueron esos golpes tan viles?” “En la prisión del Dueso, en Santander, por ser de los socialistas gentiles. Rezaba a María en el perecer. La Santa Madre de Dios me salvó por pensar en ella en mi fenecer.”
Cuando me separé del suplicante cortejo que rogaba que otro ruegue para hacer que su gloria se adelante, me aproximé a otra alma honesta y pura con un aspecto feble y lastimero, y en sus ojos impresa la pavura. “¿De qué moriste humano compañero?” “Me ha eliminado la crisis y el hambre que a mi España hace pasar Zapatero. Ha convertido España en un osambre donde buitres y blancos picotean la carroña de unos huesos de alambre”.
Vi un alma desgreñada cual Medea y reconocí sus ojos de madre que intensa desesperación boquean. Me acerqué a sus heridas de vinagre. “¿Quién ha asesinado a tu hijo o a tus hijos?” “Bomba de ETA nos reventó en un trance”. “¿Y hay quienes a ETA dispensen cobijo?” “Gozando de los público favores reciben literarios galardones y dulces nacionalistas fervores. Premiaron a los buenos españoles con balazos de parabellum etarra y a sus asesinos con comprensiones. El gobierno les otorga perdones, les da títulos universitarios y las elecciones muchos doblones. Y aunque a usted le parezca estrafalario, estas cosas ocurren en España y se anuncian desde los campanarios.” Me alejé de aquella madre muy triste, aunque sus hijos habiten el Cielo y los cabrones coman negro alpiste. ¡Ay, sierva España, asilo eres del duelo y, en la tormenta, nave sin barquero, y burdel reinando sobre tu suelo. Dos ángeles llevaban de la mano derecha hacia el eterno y feliz Cielo un alma que no llegó a su verano. Yo perplejo le pregunté a Sotelo: “¿Una nueva mártir es esa joven?” “Muerta y violada en andaluz suelo quedaron sin castigo sus matadores pues sádico en España pueden ser todos los malvados que son menores.”
Mas no quiero lector ver desviada tu buena decisión por tener ciencia de cómo a Dios la deuda es abonada. No contemples cómo es la penitencia: piensa en lo que vendrá; que, en todo caso, terminará siempre en buena sentencia. Y Sotelo: “El tormento que padecen de tal modo hacia el suelo los inclina que ahora es cuando sin dudas se aparecen. Mas mira fijamente y examina a aquéllos por las piedras agobiados: ve cómo cada cual se disciplina”. ¡Políticos soberbios, desgraciados, que, enfermos de la vista de la mente, confiáis en que estáis divinizados! ¿No veis que somos larvas solamente hechas para formar la mariposa angélica, que a Dios mira de frente? Los diputados allí se encogían según que el peso fuese tanto o cuanto, y el que con más paciencia procedía sollozar parecía: “Ya no aguanto”.
La mayor parte de los españoles en el Purgatorio limpian sus almas de nuestra envidia, que los caracoles sienten por esos que son campeones en la justa y aquilea carrera que trae laureados galardones. Y Dios con hilo les cose sus ojos que están ciegos para ajenas acciones y ven graciosos sus propios piojos. “Tanto de envidia ardió la sangre mía que si un hombre feliz tenía enfrente de palidez mi rostro se cubría”. De alambre es el hilo del Creador con que Él mismo ciega a los envidiosos para que limpien su culpa mayor.
Vi también una caterva de actores castigados porque sobreactuaban, y aportaban al cine las peores faltas con que nuestro teatro hozaban, corrompiendo así aquel cine extranjero que tantos placeres y gusto daba. Actores la virtud ponen en fuga cual bicha hostil, ya sea por desventura del cine o porque el vicio los subyuga, pues tanto han transformado su natura los del mísero cine, que parece que a ese rebaño Circe los pastura. Entre piara de cerdos, que merece bellotas, pero no humana pitanza, su pobre prole se endereza y crece.
Nuestra Señora del Pilar ánima con amor de madre a los penitentes a salir de la purgadora sima tras cumplir sus castigos obedientes, que castigo viene de volver castos a aquellos que desviaron su mente.
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Doctor en Filología Clásica
MARTÍN-MIGUEL RUBIO es escritor y catedrático de Latín
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