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Crisis y contracrisis

lunes 17 de octubre de 2011, 22:06h
Un amigo tiene una pecera interesante, una pecera sin agujero. Uno no puede meter la mano y sacar el pez naranja para sentir cómo coletea sobre la palma (como hacía una antigua amiga de la juventud con Júpiter, su pez dorado, en Ohio). A mí me gustaba pedirle que me dejara sacarlo también, solo un ratito. Lo sentía unos segundos, deslizante, intentando escaparse, y luego lo volvía a echar en el agua.

Júpiter se movía de un lado a otro, dando coletazos con su cola casi de plumas mientras me miraba con asombro. La pecera de mi amigo es también una bola, pero no tiene agujero, y no hay mano que salve o condene al pez, o le sirva de cuna o de féretro. Es una pecera herméticamente cerrada, un microambiente de la NASA; tiene unas gambas diminutas, de esas que en los spas de Tokio y Palm Springs de tratamientos exfoliantes sueltan en una piscina en la que estás sumergido para que te quiten las células muertas a base de comérselas. Producen muchas cosquillas, cosquillas diminutas, microscópicamente crustáceas. Las gambas de mi amigo se reproducen, nacen y mueren en esa bola de cristal sin agujero. Se reproducen entre ellas, nacen de ellas y cuando mueren se comen o asimilan a ellas. Me imagino que con el tiempo todas las gambas minúsculas serán la misma gamba, aunque quizá alguna de ellas piense que es muy diferente.

La gestión del microcosmos es interesante; parece que se regula solo, sin nadie que intervenga, igual que a los economistas de la escuela de Chicago les gustaría que ocurriera con los mercados. Mi amigo ni es economista, ni conoce a los economistas de la universidad que está en aquella ciudad, pero yo le digo que en el fondo lo es, porque no quiere intervenir. “Me la compré precisamente porque no tenía que hacer nada”, me dice, y yo le respondo que eso mismo querrían los políticos españoles en este momento: que les tocara en las elecciones un micro o macrocosmos en el que no tuvieran que intervenir porque se autorregulará solo.

Los políticos españoles quieren intervenir, y seguramente no les queda más remedio que meter la mano en la pecera. Pecera viene de pez, no de PC (Personal Computer), y es un recipiente con seres vivos que forman una sociedad, no con bits de información. Si uno los saca con la mano del agua mucho tiempo, se ahogan. Así son los peces. La pecera española anda muy revuelta, como cada pecera occidental. En la española, no salen las cuentas de nada, sobre todo las del estado: no se ingresa tanto como se gasta y eso solo tiene un fin –la ruina--.

Frente a eso, pocas cosas se pueden hacer: a. ganar más, b. gastar menos. Además, hay que hacer algo más: repartir de forma que no se queden sin nada algunos peces y otros acumulen todo.

Por lo pronto, los políticos españoles no saben qué hacer para ganar más. El paro sigue subiendo, lo que indica que se gana menos, y además se reparte peor. El ciudadano medio va gastando menos también, pero el ciudadano medio no controla el gasto principal, el del estado. Su comportamiento puede tener efecto en la factura energética, pero poco. A fin y al cabo, España no es como los Estados Unidos, un país en el que se derrocha energía. Así que los políticos han decidido meter la mano en la pecera. Políticos nacionales y autonómicos, en competencias que han exigido con dureza pero que luego no han sabido gestionar. ¿Y qué han hecho? Por el momento, recortar en educación, sanidad y tercera edad (al menos en una comunidad autónoma y aunque se hayan echado aparentemente atrás). Sin entrar en un análisis detallado de los recortes, lo que se puede ver es que a quienes afecta es: a. los niños y jóvenes, b. los enfermos, y c. los ancianos o viejos. ¿Qué decir de una sociedad en la que cuando hay una crisis, los primeros que la pagan son los niños, los enfermos o los viejos? No creo que la respuesta pase por ideologías. Actualmente en España, hay campos en los que se puede recortar y que no son educación, sanidad o atención a la tercera edad. Estos últimos meses han salido algunos: control de la clase política, eliminación de organismos inútiles (incluidos algunos ministerios), implementación de los genéricos sobre los medicamentos de marca, receta de la dosis exacta, no de una caja con el doble o el triple de lo que se necesita, etc. Casi ninguna de estas cosas se ha hecho, aunque de algunas se lleva hablando años.

Una sociedad se define por las soluciones que busca a sus problemas. Por el momento, la solución de la sociedad española ha sido dejarse llevar o dirigir los ojos al más “malo” o al más débil. De acuerdo que encontrar una solución para hacer más caja, para aumentar los ingresos no es nada fácil. Y que mientras tanto habrá que recortar. Pero, ¿cómo, dónde y a quién? Los recortes pueden tener ideología (suponiendo que sigan existiendo las ideologías), pero antes deben tener algo diferente: sentido común y un sustento en la vieja idea del humanismo. Si no, vamos a acabar siendo como la gamba de la pecera sin agujero, una gamba única que es todas y no es ninguna porque se ha comido a las demás.
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