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Dos propuestas de Rubalcaba

martes 18 de octubre de 2011, 08:20h
El Partido Socialista va perfilando paso a paso su programa. Un aspecto en el que está más adelantado que el Partido Popular, que parece guardarse sus bazas hasta el último momento, sin perjuicio que ya haya desvelado algunos aspectos. Entre las últimas propuestas del candidato Rubalcaba destacan dos, una de carácter económico y otra que tiene un cariz más amplio.

Rubalcaba ha hecho suya, y ha incluido en el programa socialista, una de las pocas propuestas que han logrado un amplio consenso en el movimiento ciudadano llamado 15-M, que es el saldo de la deuda con la entrega de la vivienda hipotecada, lo que en el lenguaje jurídico se llama la dación en pago. Es una posibilidad que ya recoge la legislación hipotecaria, por lo que poco podría añadir al respecto el Partido Socialista. Pero esa opción no está sancionada por la práctica. Ese contrato trasladaría el riesgo del negocio desde el hipotecado al banco. Pero como prestar dinero no es una obligación, lo más seguro es que la entidad sólo lo aceptaría bajo ciertas condiciones que probablemente los compradores de vivienda considerarán inconvenientes. O bien rebajarían el porcentaje hipotecado del valor de la vivienda, o bien aceptarían el riesgo cargando intereses mucho más altos, o cualquier combinación entre ambos. Es, por tanto, un buen ejemplo – sobre el que los muchos partidarios honestos del 15M deberían reflexionar- de cómo buenas intenciones producen consecuencias indeseables. La propuesta es más un gesto de acercamiento a los autodenominados “indignados” que una solución para la precaria economía española.

También ha prometido acabar con los privilegios de la Iglesia Católica. Los socialistas se refieren, en concreto, a que la legislación nacional reconoce a la Iglesia la facultad de emitir sus propios certificados de dominio, en ausencia de otros títulos escritos. Es el vestigio de un ordenamiento jurídico arcaico en el que las fuentes de derecho eran más variadas. Tiene lógica que se unifique hasta en estos extremos el derecho dominical e hipotecario. La Iglesia, de hecho, está estudiando la propuesta sin haberla rechazado de plano en sus términos. No tienen sentido los privilegios, y la lucha contra los mismos es una de las grandes conquistas del liberalismo histórico. Pero ese camino llevaría a España a conmover la posición de muchas más instituciones que la Iglesia y no está claro que todas estén dispuestas a estudiar su caso.
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