En 1978, cuando comenzaron las reformas de
Deng Xiaoping, el crecimiento fue del 11,7 por ciento. Cayó al 5,1 en 1981 y se aceleró al 15,2 por ciento en 1984. De nuevo volvió a bajar hasta el 3,8 por ciento en 1990 para alcanzar un sobrecogedor 14,2 por ciento de crecimiento en 1992. Ese año inició el actual período de crecimiento, que se ha mantenido sin apenas altibajos: 14,0 por ciento en 1993, 13,1 en 1994, 10,9 en 1995, 10,0 en 1996, 9,3 en 1997, 7,8 en 1998 y 7,6 por ciento en 1999. Esos últimos años se hablaba ya del fin del extraordinario crecimiento de la economía china. Pero lo que ocurrió fue exactamente todo lo contrario: volvió a acelerarse: 8,4 por ciento en 2000, 8,3 en 2001, 9,1 por ciento en 2002, 10,0 en 2003, 10,1 en 2004, 11,3 en 2005, 12,7 en 2006 y 14,2 por ciento en 2007. En los últimos años, en coincidencia con la crisis económica, ese crecimiento se ha moderado, pero hasta niveles aún sorprendentes: 9,6 por ciento en 2008, 9,1 en 2009 y 10,3 en 2010.
La economía china sufre graves tensiones. No es la última razón una
política monetaria que ha sido muy generosa con el crédito. Esto hace temer que en China se haya creado una burbuja de enormes proporciones. Es difícil apreciar cuánto hay de burbuja y cuándo de crecimiento real en los datos de China. El hecho de que desde 1976 China no haya entrado en recesión, en consonancia con la introducción paulatina, parcial, incompleta, de una economía de mercado, más la apertura al capitalismo global, hace pensar que gran parte de ese crecimiento es real. Pero no se puede descartar que haya una burbuja especulativa a punto de estallar. De hecho, las autoridades chinas son muy conscientes de esos riesgos y llevan años encareciendo la creación del crédito para enfriar la economía.
Este último dato de crecimiento, el peor en los dos últimos años, registrado en el segundo trimestre consecutivo de crecimiento por debajo del potencial, parece congruente con esa
política de enfriamiento de las autoridades chinas. La caída en el tercer trimestre también es congruente con un empeoramiento global del crecimiento, aunque ese deterioro se ha acelerado en septiembre, el último mes de ese trimestre.
Pero no es del todo así. Septiembre puede haber sido un mal mes para la economía global, pero no para China. Danske, en una
nota sobre el desempeño económico en aquél país, señala que “los datos de septiembre, mejores de lo esperado, sugieren que la economía china ha dejado de deteriorarse en el tercer trimestre y que incluso podrían haber comenzado a mejorar”. No obstante, “sigue habiendo un riesgo de descenso principalmente a causa de el desarrollo internacional y una posible caída sustancial en las exportaciones de China”. Es decir, que si cae no es por su demanda interna sino por la nuestra.
Rafael Pampillón ha recogido cuáles son las perspectivas de crecimiento de España según nada menos que 40 instituciones. Las ha ordenado de menor a mayor, lo cual deja un cuadro muy interesante. La peor previsión de crecimiento para 2012 es del –0,7 por ciento (Citigroup) y la más optimista, la Comisión Europea (1,5 por ciento, aunque esta previsión la hizo en mayo).
Es muy interesante que en la columna de la izquierda sólo hay una institución española (la CEOE, que espera un 0,7 por ciento), y que la derecha, con las previsiones más optimistas, está plagada de instituciones de nuestro país. También llama la atención que hay cinco instituciones que prevén un crecimiento negativo para España en 2012, de las cuales cuatro son bancos (Citigroup, JP Morgan, Goldman Sach y UBS). El otro es IHS Global Insight. Otro de los datos que destacan es que entre los más optimistas está el Fondo Monetario Internacional, que espera un
crecimiento el año que viene del 1,1 por ciento. Llama la atención por dos motivos. El primero es que en los últimos años ha sido especialmente pesimista respecto de España. El segundo es que lo ha sido en exceso y ha acabado fallando. ¿Lo volverá a hacer, quedándose ahora por encima de la realidad?