tribuna
La miserable conferencia de San Sebastián
jueves 20 de octubre de 2011, 08:35h
Cuando Winston Churchill increpó duramente a Chamberlain por su postura ante Hitler, pronunció una de sus frases históricas: "Vd tuvo para escoger entre la vergüenza y la guerra; escogió la vergüenza y tendrá la guerra".
Algo así está sucediendo ahora con la posición de ciertos políticos y sus agentes institucionales en relación con ETA. Podría decirse “Usted tuvo que escoger entre la cobardía y la lucha. Escogió la cobardía y tendrá también la lucha, porque en realidad usted elegía solamente entre su miedo y la rendición. Usted se ha rendido a ETA”.
No se comprende nada de por qué partidos políticos que han tenido víctimas entre ellos mismos, que conocen de primera mano lo que es el terror, la mordaza, el miedo, la falta de libertad, han hecho de la entrega a ETA de toda nuestra historia y nuestra sangre, la manera de resolver lo que, increíblemente, siguen llamando “el conflicto”. Sentarse con sus representantes y hacerlo además en un escenario internacional con jubilados que dicen que vienen a equilibrar no se sabe qué.
El apoyo del Gobierno, como siempre tras bambalinas, y no digamos del “local government” de López, sigue sorprendiendo a quienes no están curados de espanto. Vender toda la democracia y el Estado de Derecho por un plato de lentejas políticas, como son unos votos en las próximas elecciones, sigue causando estupor.
La sociedad en el País Vasco, está hastiada y amedrentada, con miedo a hablar, a decir, incluso a pensar. El pensamiento político se ha convertido ahí en un acto íntimo, esencia de la mismidad, de la introspección. Se piensa intramuros, seguros de que el cercado colocado frente al exterior no delatará lo que cavilamos, lo que recapacitamos y lo que soñamos.
Sociedades herméticas por el cinturón de hierro que produce el miedo, ya se han dado en muchos sitios y lugares, con diferente condición y grado, desde luego. Es de la esencia del antiguo régimen, Ancien Régime en sentido estricto, la carencia de derechos individuales frente al poder. Fue propio también de la Alemania nazi, el silencio cómplice apoyador de la devastación humana que provocó el partido, el Partido. E igual la Unión Soviética, todo el Stalinismo, o Pol Pot en Camboya. Cuba, expresa la misma posición de reverencia al poder. Y así en otros muchos lugares.
Y los intelectuales progresistas – recuérdese a Sartre que como un miserable calló lo que vio en la URSS- apoyaban, mientras se mecían entre halagos y pastelillos, entre facturas y lisonjas, la barbarie en nombre del progreso, consistente éste en masacrar a quienes no bailan permanentemente al son de quien manda. Y para ello, ninguna mejor excusa que las grandes ideas, como la Paz universal, eso sí, asentada sobre el sufrimiento concreto y el dolor y el miedo y la opresión del ciudadano corriente.
Esto es lo que han hecho estos golfos de la conferencia de paz. Quizás apoyados criminalmente por personajes del poder más alto, algo que es un secreto a voces.
“Pertenece a la condición humana que su vida pudo ser de otra manera”, escribió Ortega y Gasset. Y pudo ser que efectivamente el Estado de Derecho hubiera vencido a ETA y sus mariachis. Hubiera bastado con cumplir la palabra dada, con no traicionar, con mantener la dignidad. Solo habría sido necesario mantener la madurez, la solvencia de las Instituciones, el cuidado y prudencia propios de quien tiene visión a largo plazo. Pero nada de eso ha ocurrido. Y si no lo remedia algún líder nuevo, alguien capaz de comprometerse con la compasión, con la dignidad, con la verdad, entonces el hermetismo y la comodidad, de la mano de la cobardía y de la indignidad, triunfarán definitivamente durante generaciones en este país.