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crónica económica

Los prestamistas no duermen por las noches

domingo 23 de octubre de 2011, 17:37h
Está ocurriendo en España. Según decía recientemente el Banco de España, el endeudamiento de los españoles está hoy en los niveles de 2007, cuando estalló la crisis financiera. Muchos ven ese desapalancamiento (como también se le llama a la reducción al endeudamiento) como un hecho muy negativo.

El CEPR (Center for Economic and Policy Research” emite una nota a partir de una información del New York Times que decía lo siguiente al respecto de España: (La información) “decía que un crecimiento menor que el esperado llevará a España a incumplir sus objetivos de déficit. El resultado previsto en los recortes en el gasto público y el incremento en los impuestos en medio de una crisis severa es un menor crecimiento”. Y añade: “El PIB equivale a consumo, inversión, gasto público y el saldo exterior neto. Si cae el gasto público en un contexto de crisis severa, no hay un mecanismo obvio por el cual alguno de los otros componentes podrían crecer para compensarlo”.

Otra información, ésta del Wall Street Journal referida a los Estados Unidos, va en el mismo sentido. Dice: “Desde que saltó la crisis financiera, millones de americanos han cancelado su tarjeta de crédito, han acelerado la amortización de sus hipotecas y han cortado las líneas de crédito que, durante los buenos tiempos, eran utilizadas como una hucha sin fondo”. La deuda total de los estadounidenses se ha reducido en 1,1 billones de dólares desde mediados de 2008 hasta mediados de 2011; una caída del 8,6 por ciento. El periódico entrevista al vicepresidente de una cooperativa de ahorro que reconoce que hay noches que no puede dormir porque su negocio se ha reducido en un cuarto desde mediados de 2008.

Para incidir en el análisis de cómo este desapalancamiento está dañando la economía, el WSJ cita la autoridad de John M. Keynes. El periodista escribe que “durante la Gran Depresión el economista John Maynard Keynes advirtió sobre la llamada ‘paradoja del ahorro’: Cuando todo el mundo se vuelve frugal, todos sufrimos. El ahorro sincronizado ralentiza la economía, según Keynes, que hace renquear el crecimiento de los ingresos, y fuerza a la gente a ser más agarrada, en un círculo vicioso”. Lo que no dice es que Keynes expuso esta idea en la que él creyó en su momento que iba a ser su mayor obra y que, con diferencia, es su libro más ambicioso: su fallido Tratado sobre el dinero.

Pero al mismo tiempo que Keynes expuso su formulación de esa viejísima idea, otro economista, Friedrich A. Hayek, escribió un gran artículo que se llamó, precisamente, La paradoja del ahorro y del que no cabe una recomendación que sea suficiente. En éste, Hayek exponía la idea de Carl Menger y Eugene von Böhm Bawerk de que la producción no está compuesta sólo de dos fases: producción y consumo, que es exactamente lo que Keynes tenía en mente. La producción, decían estos economistas de Viena, ocupa muchas fases encadenadas, todas encaminadas a un último fin, que es el consumo. Cuando se ahorra, se detrae demanda de las últimas fases, las más cercanas al consumo, pero por la vía de la inversión aumenta la demanda en las fases más alejadas. Se transforma el proceso productivo, de menos a más capitalista, pero no se detiene.

Luego Hayek criticó el libro de Keynes en dos artículos, y éste se limitó a criticar a Hayek antes de decir que todo daba más o menos igual porque él ya había cambiado de pensamiento. Estaba ya pergeñando su Teoría general.

El ahorro, ¿está perjudicando a la economía? Por lo que se refiere al argumento expuesto por el CEPR, aunque el asunto desborda lo que podamos tratar en estas crónicas, cabe decir que la contabilidad nacional, tal como está concebida, desdeña todo ese largo proceso productivo y sobrevalora el consumo. Por eso se ve la caída del consumo como algo necesariamente malo.

Por otro lado, hasta los más críticos con el pensamiento ortodoxo, creyendo ingenuamente que encontraban en lo que decían reforzaba su posición, señalaban que las actuales dificultades vienen de un exceso de consumo, financiado con una deuda falsa, creada de la nada. Si el exceso de deuda está en la raíz de la crisis, ¿cómo puede ir en el mismo sentido su reducción?

La crisis es la recuperación. Porque la crisis es el ajuste a partir de todos los excesos del pasado. El crecimiento, medido en términos de PIB, puede resentirse. Pero en realidad estamos sentando las bases de una recuperación más sana.
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