Incertidumbre en Arabia Saudí
martes 25 de octubre de 2011, 01:35h
Todo apunta a que tras la muerte del príncipe heredero de Arabia Saudí, Sultan Bin Andel Aziz, será su hermano Nayef quien le sustituya en el puesto. Y no parece que vaya a tardar mucho en alcanzar el trono, dada la mala salud del rey Abdulá -quien, además, pasa ya de 80 años-. La estabilidad política en el corazón del Islam parece asegurada, por cuanto la dinastía saudí ostenta el poder sin mayores sobresaltos. Todo lo más, los roces -cada vez menos soterrados- casi permanentes con Irán, pues ambos países son, respectivamente, el centro espiritual de suníes y chiíes. En Arabia Saudí, además, predomina el wahabismo, una de las concepciones más rigoristas del Islam.
Es en éste último aspecto donde el nombre de Nayef despierta más susceptibilidades, puesto que es considerado uno de los “duros” del régimen. Ya en 2002 provocó un incidente diplomático al aseverar en Estados Unidos que detrás de los atentados del 11-S estaba el “sionismo”. Tampoco comparte las tímidas iniciativas aperturistas del actual soberano, habiendo manifestado en más de una ocasión su negativa a que las mujeres voten, participen en política o, simplemente, conduzcan. Semejantes extarvagancias no son exclusivas de Arabia Saudí ni de su príncipe heredero; antes al contrario, están más que asumidas en las monarquías feudales del Golfo Pérsico. Si no hubiera petróleo de por medio, posiblemente las cosas serían diferentes, pero no es así. Queda, pues, confiar en que la investigación en energías renovables siga avanzando, para no tener que sufragar anacronismos semejantes. Y, de paso, instar a la comunidad internacional para que, en la medida de lo posible, vele por el respeto de los derechos humanos en el Golfo Pérsico, pues la posesión de petróleo no legitima injusticias y dislates.