test electoral
La 'Primavera árabe' cierra filas en torno al islamismo tunecino
martes 25 de octubre de 2011, 16:05h
Primer país que desencadenó el “despertar” de las revueltas árabes contra el despotismo y las dictaduras, Túnez ha sido también el primero en celebrar Elecciones libres y transparentes, algo insólito en el mundo árabe. Occidente y el resto de la órbita islámica han seguido paso a paso el proceso de cambios institucionales en Túnez, considerado como un auténtico laboratorio en el que se gestaba el futuro del espacio político musulmán. Los resultados no han acarreado sorpresas. A espera de su publicación definitiva, los islamistas del partido Enahda aparecen en cabeza, seguido por los “laicos” del Congreso por la República y Atakatul (el antiguo Foro por la Democracia y las Libertades).
El pueblo tunecino se ha volcado en las urnas (más de un 90% de participación), y ha votado aplastantemente por aquellos partidos que han sufrido más la represión de la dictadura policial de Zine Ben Ali. Enahda, dirigido por el jeque Rachid Ghanuchi, fue perseguido ferozmente a partir de 1992, con miles de presos, torturados y desaparecidos. Su líder debió exilarse y se instaló en Londres. El Congreso por la República, dirigido por el médico Moncef Marzuki, conoció igualmente la represión y la clandestinidad durante años. En cuanto a Atakatul liderado por el también médico Mustafá Ben Jaafar, estuvo en la lista negra del régimen derrocado. A Ben Jaafar se le prohibió presentar su candidatura a las Elecciones presidenciales, porque aun siendo éstas amañadas la figura del opositor y sus repetidas denuncias de la corrupción ensombrecían el endiosamiento de Ben Ali. El apoyo mayoritario de la población a estos partidos se debe a la imagen que trasmiten, de gente ajena a la corrupción, y en quien la población confía.
Enahda ha asegurado haber recibido entre un 25% a un 30% de los votos, lo que le otorga no menos de 60 escaños en la Asamblea Constituyente que contará con 217 miembros. Los otros partidos no han hecho pronósticos, pero se calcula que entre los dos que siguen al movimiento islamista, obtendrán otro tanto. El portavoz de Enahda, Abdelhamid Jlassi, ha querido enviar un mensaje de tranquilidad a los inversores, a los socios extranjeros y a la opinión publica tunecina, al afirmar que su partido intentará “establecer una alianza política estable en la Asamblea Constituyente”.
Enahda quiere formar un bloque con el Congreso por la República y Atakatul, sobre la base de “los puntos comunes” que tienen. Hace ahora un poco más de un año, las tres formaciones, junto con el Partido Comunista de Obreros de Túnez, formaron una alianza democrática en París, en aquellos momentos con el objetivo de unir sus fuerzas en la lucha contra la dictadura. Hoy, un año después, las tres formaciones estudian constituir un bloque para defender los lineamientos de la futura Constitución y alcanzar un acuerdo de Gobierno.
Es la primera vez en el mundo musulmán que un partido islamista ganador de las Elecciones tiende la mano a partidos “laicos” para formar una alianza. El Partido de la Justicia y el Desarrollo (AKP) de Turquía que dirige el primer ministro Tayyip Erdogan, decidió gobernar en solitario al tener mayoría absoluta de votos; lo mismo iba a hacer en su tiempo el Frente Islámico de Salvación argelino cuando se dibujaba su victoria electoral en 1991 en Argelia. En cambio Enahda ha optado por un acuerdo con partidos laicos.
Rachid Ghanuchi es considerado en el mundo musulmán como un pensador con autoridad. Sus libros y discursos son seguidos por un gran sector del islamismo político. Aun siendo el mismo discípulo de la escuela de los Hermanos Musulmanes de Egipto, su estatura política ha sobrepasado a la de sus maestros en religión. Entre sus proyectos está el reunir un gran congreso de formaciones políticas islamistas de todo el Norte de África y de Oriente Próximo.
El partido que lidera Ghanuchi, Enahda, ha declarado repetidamente que aceptará todos los artículos de la anterior Constitución que fijan por Ley los derechos de la mujer, su igualdad y las conquistas obtenidas por las tunecinas desde la independencia. Igualmente, Enahda se ha comprometido a respetar los valores democráticos y las libertades. Su proyecto de alianza con los dos partidos laicos que le siguen en votos, es muestra del pragmatismo que se propone llevar adelante.
La clave, para muchos observadores políticos de la situación en Túnez, está en impedir que el sector más conservador y fundamentalista que coexiste en su interior, pueda tener preponderancia. Para ello es indispensable marginar al Hisb ua Tahrir, un partido islamista radical de tendencia salafista y yihadista, que ha protagonizado violentos incidentes en las últimas semanas. Enahda se ha diferenciado de él y ha condenado sus actos violentos, impidiendo de este modo que salga a la luz cualquier tipo de simpatía por el extremismo entre sus filas.