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mundo árabe

Islamistas y laicos irán juntos en el gobierno en Túnez

viernes 28 de octubre de 2011, 19:01h
La revuelta popular en Túnez inauguró la página del despertar árabe; un gobierno de alianza entre islamistas y laicos, culminará el proceso y abrirá un nuevo capítulo en la historia del espacio geopolítico musulmán. En un mes se formará un Gobierno de coalición entre el islamista Enahda (90 escaños) y el laico Congreso por la República (30 escaños), al que puede asociarse Etakatul con otros 21 escaños. Europa sigue absorta.
Hace dos decenios los gobiernos europeos apoyaron sin contemplaciones la anulación del escrutinio electoral en Argelia. Motivo: el Frente Islámico de Salvación iba a hacerse con el gobierno del país magrebí. París convenció a la Unión Europea de cerrar los ojos ante el atropello que suponía le irrupción del Ejército para anularlas primeras Elecciones libres y democráticas que presagiaban el triunfo del islamismo político argelino. Veinte años después la Historia se repite, pero los parámetros han cambiado.

El resultado electoral en Túnez no tiene vuelta de hoja. Más del 90% del pueblo tunecino que ha acudido a las urnas ha mostrado su voluntad de ruptura con el pasado. Han ganado los partidos que lucharon y sufrieron la represión de la dictadura. Los islamistas de Enahda han obtenido un 42% de votos, lo que les ha dado 90 escaños en la Asamblea Constituyente ; los del Congreso por la República, un 14%, y los 30 escaños correspondientes ; y Etakatul, con cerca de un 10%, 21 escaños. En total,los trespartidos que encarnan la nueva Túnez suman la mayoría absoluta de la Asamblea con 141 escaños y dos tercios del electorado.

Los medios de comunicación de obediencia « occidental » ponen el grito en el cielo alegando que « los partidos de la izquierda laica y progresista » se han visto arrinconados y deberán soportar los probables embates del « islamismo conservador ». Independientemente del agravio que supone para la casi mitad del pueblo tunecino el haber apoyado al partido Enahda, se oculta deliberadamente el que tanto el Congreso por la República de Moncef Marzuky, como Etakatul de Mustafá Ben Jaafar, son partidos irreprochablemente demócratas y laicos hasta la médula.

Es más, estos mismos medios de comunicación agitan la sospecha del « fraude electoral » al insinuar que la decisión de suspender las listas del movimiento « Petición popular » dirigido por un tránssfuga del movimiento islamista y poderosos hombre de negocios en la city londinense Hachmi el Hamdi, es como mínimo un abuso de poder. La citada lista ha sido en realidad un coladero para que antiguos miembros del partido de Ben Ali, el RCD (Reagrupación Constitucional Democrática) haya intentado infiltrarse en las instituciones con el ánimo de defender los intereses de los lobbys benalistas. La opinión pública tunecina no se ha dejado engañar y ha visto en los incidente protagonizados por varios cientos de jóvenes en Sidi Buzid, una provocación con trasfondo mercantil.

En el plazo de un mes, el islamista Hamadi Jebali, secretario general de Enahda, será primer ministro y formará un gobierno de coalición, según fuentes consultadas por El Imparcial. Aunque sólo le hace falta el apoyo del Congreso por la República de Moncef Marzuki para obtener la mayoría en la Asamblea, propondrá como ministros a varios miembros del movimiento de Mustafá Ben Jaafar, Atakatul. No tiene necesidad de sus votos, pero Enahda está dispuesto a hacer el gesto: dar paso a destacadas figuras del partido de Ben Jaafar, como reconocimiento de su papel en la lucha contra la dictadura de Zine Ben Ali.

Francia se ha visto sorprendida por los resultados electorales. El gobierno galo esperaba que el Partido Demócrata Progresista, dirigido por Ahmed Chebbi, obtuviera suficientes votos como para postular por un gobierno de coalición con otros partidos minoritarios. Chebbi fue recibido en gran pompa en el palacio del Elíseo en París, y en La Moncloa. Sarkozy y Zapatero han creído que sería el caballo ganador. En cambio ha sido un alim (doctor de la Ley islámica), perseguido por el régimen policial de Ben Ali y exiliado en Londres – ningún país de la Europa continental le admitía en su suelo – Rachid Ghanuchi, quien ha canalizado el ansia popular de libertad.

A Rachid Ghanuchi no le mueve el ansia de revancha. Ni siquiera se postula para la candidatura de Jefe de Gobierno, y, según ha sabido El Imparcial, tampoco será candidato a Presidente. Su ambición es recuperar para el Islam político el lugar que según él le corresponde. Un Islam, según Ghanuchi, respetuoso de la modernidad, abierto a las libertades civiles y a los derechos democráticos.

El futuro Gobierno español deberá hacer frente a una tara heredada de la « era socialista ». Siendo presidente Felipe González, Rachid Ghanuchi fue expulsado de España –pretendía asistir a un encuentro intelectual junto a otros pensadores musulmanes en Córdoba en 1995 – por « sospechas de pertenencia terrorista ». Enahda no lo ha olvidado. Es más, hace algo más de un año, otro militante de Enahda fue expulsado de España, donde residía.

Para colmo, la oposición tunecina en el exilio – principalmente el Congreso por la República y Enahda – solicitaron al gobierno de Rodríguez Zapatero el apoyo para organizar una conferencia en territorio español de la disidencia democrática al régimen de Ben Ali hace tres años. El ministerio de Exteriores dirigido en ese momento por Miguel Ángel Moratinos, les comunicó su negativa. Un escalón más para el futuro gobierno que debe remontar y recuperar la imagen de España en el mundo árabe.
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