El centenario de un gran periódico (y 2)
José Manuel Cuenca Toribio
viernes 28 de octubre de 2011, 21:29h
La cultura se le resistió siempre a la Iglesia en la España contemporánea. Por su efectismo, la frase anterior podía semejar entresacada de un artículo periodístico con vocación de impacto o ser ella misma el titular de una página destacada de la prensa diaria o hebdomadaria. Sin embargo, bien se entiende que se encuentra muy lejos de ello por su autoría e intención. Hace al caso para insistir en una idea fuerza del modesto planteamiento del cronista en su menester historiográfico de estudioso a la vez profesional y comprometido en los avatares de la religión tradicional de sus compatriotas.
En una centuria bajo el peso obsesivo de la economía, la cultura siguió siendo un peón capital en el desenvolvimiento de la identidad nacional a lo largo del novecientos; y el catolicismo permaneció, pese a la drástica e irreversible rebaja de su perfil, como uno de sus elementos definitorios. Una y otro, afianzando una tendencia bien visible desde mediados de la centuria anterior, se excluyeron mutuamente: la primera por conciencia de superioridad y el segundo por invencible complejo de inferioridad. Ambos tabicaron con ahínco sus respectivos recintos: la cultura moderna sin mayor interés por conocer lo que acontecía en un territorio al que visualizaba en la cuneta de la contemporaneidad, y el catolicismo español reforzando sus peores inclinaciones en el cultivo de la inteligencia y las artes. La suma de entrambas posturas no pudo ser más letal para el desarrollo de una nación ya por entero expulsada con el Desastre ultramarino del escenario que ocupara, con incontestable legitimidad, a lo largo de más trescientos años. Atribuir responsabilidades carece de sentido. Frente al olimpismo de las fuerzas patrimonializadoras de la cultura contemporánea, las conservadoras –en su práctica totalidad, de cochura confesional- se encastillaron en el victimismo. El sectario talante de sus oponentes, su negatividad a ultranza cara a las actividades de los medios tradicionales proveyeron a éstos de abundante munición para, en ocasiones, demonizarlos, a su vez. Los puentes de diálogo no existieron o fueron tan frágiles que se hundieron al primer empeño. La cultura de la tolerancia, eje axial y primer principio de las sociedades occidentales modernas, fue la gran desconocida de la España contemporánea.
Con numerosas omisiones y fallas, según puntualizase un gran especialista en el estudio de su pensamiento y biografía, J. M ª García Escudero, Ángel Herrera se mostró denodado defensor de una convivencia madura y fecunda entre los españoles. Sus héroes intelectuales fueron, en la contemporaneidad nacional, Jovellanos, Balmes y el Menéndez Pelayo de los últimos años, a cuyo alto patrocinio encomendó sus tareas doctrinales, singularmente, su criatura predilecta, el diario El Debate. Monárquico de educación y sentimiento, no vaciló, en una coyuntura crucial de la vida nacional, en enfatizar la accidentalidad de las formas de gobierno profesada por el magisterio de los Papas y, de una forma particular, en la Europa de los tensionados años treinta, por Pío XI, el pontífice (1922-39), entre los muchos que conociera con alguna intimidad, que más influyese en su conducta ante el mundo de la contemporaneidad y el más próximo a su cosmovisión. Elogioso y hasta enaltecedor de no pocas facetas de la acción educativa y asistencial de la Iglesia institucional en el desenvolvimiento del país, censuró sin tregua y fuerte acento la carencia absoluta de sensibilidad social del lado de los sectores acaudalados incardinados en la fe católica, así como su ausencia del terreno cultural. Pragmático y hombre de acción antes quizá que de pensamiento e intelectual, creyó firmemente en que una reforma profunda de las estructuras económicas sentaría las bases indispensables para el salto a la modernidad que él y “su” periódico El Debate propugnaron con limitaciones harto visibles, pero con no menor entusiasmo y sinceridad.
Bagaje nada desdeñable para que, uno y otro comparezcan ya ante la historia con confianza en su veredicto.