España, acojonada
José Antonio Ruiz
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jantonruytelefonicanet/9/9/20
viernes 28 de octubre de 2011, 21:36h
«La castración mental de España» no es el título de ninguna novela negra de Raymond Chandler, género pujante en tiempos aciagos de desesperanza, siempre tan propicios para que fragüe el crimen organizado y el gansterismo, un modus vivendi que per saecula tiene contraída una deuda con las Cinco Familias de Nueva York, el clan mafioso italo americano de Salvatore Maranzano, y con los Outfit de Chicago de Johnny Torrio, al abrigo de cuyos sabios consejos prosperó Al Capone, su protegido y heredero, promotor del “Sindicato del Crimen” (precedente imaginario de la secuela mediática ibérica) y “Rey del hampa”.
La celda cinco estrellas de la penitenciaria que ocupó el hijo de un humilde barbero que acabó superando a su mentor va a quedar devaluada a la categoría de pensión picadero, pongamos por caso del barrio chino de Barcelona, puesta a comparar con las suites de alto standing que aguardan la llegada a Vascongadas de asesinos etarras convictos irredentos para que disfruten, a pajera abierta, de unas merecidas vacaciones caribeñas de presidiarios VIP previas a su redención. Los cuatro mil años de condena de Henri Parot se van a quedar en un día de “arresto domiciliario” recluido en una herriko taberna y en una oferta de trabajo como chef tres estrellas Michelin. (…) La castración mental de España no es el título de ninguna hard-boiled, pero podría serlo.
«Sus lágrimas son nuestras sonrisas», llegó a escribir De Juana Chaos en marzo de 1993, tras el asesinato del concejal sevillano Alberto Jiménez Becerril y de su esposa. Cinco años después, en mayo de 1998, el mismo sujeto fue lo suficientemente miserable como para pedir al alcaide de la prisión donde estaba enjaulado que tuviera a bien enviarle a sus aposentos una ración de langostinos y una botella de champán a fin de poder celebrar como es debido la noticia de la ejecución del edil de UPN Tomás Caballero. Al tiempo, el “angelito”, hoy en paradero desconocido tras superar un virulento sarpullido hemorroidal y una experiencia laboral fallida como taxista driver en Belfast, acabará regresando a España como un venerado héroe de guerra del movimiento nacionalsocialista de liberación vasco, candidato al martirologio abertxale, elevado a los altares de la ignominia, coincidiendo con el ascenso de Otegui a la Lehendakaritza.
Por eso, entiendo que a las víctimas del terrorismo, cuya vida destrozada dejó de ser vida desde que perdieron a sus seres queridos, se les cuarteen las meninges cuando presencian las imágenes de políticos que se emocionan en pleno mitin al rememorar el comunicado de arranque de campaña del trío de encapuchados, pero que no han derramado en público una sola lágrima por las 858 muertes en balde, aunque personalmente estoy convencido de que las sintieron tanto o más que cualquier persona de bien.
Pocos alcanzábamos a imaginar que tuviéramos unos candidatos de lágrima tan fácil. ¡Cuánta llorona! Se han propuesto convertir la carrera hacia las urnas en la “campaña de la cebolla”, y a buena fe que lo van a conseguir. Que a Jennifer López se le salten las lágrimas en el escenario, en plena actuación, tiene hasta su explicación, a mi machista entender, estando como está la moza tan maciza que se rompe; pero que Patxi López, Odón Elorza y Rubalcaba se descuelguen con una sinfonía acongojante de pucheros, es como para comenzar a preocuparse por el exceso inenarrable de sentimentalismo barato de buena parte de nuestra clase política.
Doy por hecho, dicho sea sin sarcasmo, que todos los citados actúan guiados por la buena fe, de acuerdo con su desconcertante esquema de valores. Pero ni se imaginan lo deplorable que resulta el llanto impostado como espectáculo político al albur del pasteleo que, de unos años a esta parte, se traen algunos administradores de la cosa pública con los matones. Puede que la performance del gimoteo les reporte algún rédito electoral; pero dudo mucho que consigan ganarse el aprecio de las víctimas. Me río por no llorar.
Uno que no necesita fingir como un mal actor y que no precisa de la ayuda de lágrimas artificiales para parecer creíble es el tal Anasagasti, que en una entrevista tabernaria con el Follonero de La Sexta ha tenido los reales de contestar, al ser preguntado por la justicia que según su particular parecer debería administrarse a los etarras con delitos de sangre, que «el mayor delito de sangre fue el de Franco». El adjetivo “repugnante” se me antoja corto para describir la sensación que produce a este cronista la estructura mental del famoso senador que debe su celebridad al tupé de ensaimada mallorquina que peina.
Socialistas ¿frívolos o malvados? (…) El tiempo dictaminará, siendo como sería una vileza que Zapatero le dejara un pufo irreversible e inmanejable al gobierno entrante.
Populares ¿lerdos, o se lo hacen? (…) El tiempo igualmente nos sacará de dudas, siendo como sería una vileza que Rajoy traicionara sus propias palabras: «La única hoja de ruta es la ley y el estado de Derecho».
Herencia inter vivos envenenada con cicuta, el «perejil de los tontos». Qué tendrá el poder para que nadie quiera estar presente cuando el señor notario proceda a la lectura del testamento de Zapatero, a sabiendas de que tiene trampa. Nadie, salvo Mariano, heredero forzoso de la legítima, que con un par, descarta la idea de la renuncia, decidido como se le ve a aceptar el legado de José Luis, aunque eso sí, a beneficio de inventario, lo que llegado el caso le obliga a hacer frente a deudas y cargas, pero sólo hasta el límite de los bienes recibidos.
Con la losa del pasado reciente cargada sobre nuestras espaldas y un presente colapsado por la falta de expectativas, el futuro se vislumbra, cuando menos, como una profesión de riesgo, por más capotazos interesados que nos eche Sarzoky asegurando, sin disimular el cinismo de la exposición de Francia a nuestra deuda, o sea, por la cuenta que le trae, que gracias a ZP y a MR España ya no está en primera línea de fuego. No pasaba nada y llevaba el ojo en la mano.
La herencia de Zapatero está más llena de trampas, tramperos y tramposos que los bosques siberianos de Dersu Uzala donde Akira Kurosawa volcó todo su talento como cineasta. Pero por desgracia no será un canto a la amistad y a la bondad desinteresada, porque en el ambiente ya se huele a encerrona sindical, perrofláutica y cejijoide, aunque los autodenominados “intelectuales y artistas” hayan cambiado in extremis de bando. Como da por hecho Anson, «los sindicatos están dispuestos a paralizar la maquinaria del Estado para justificar su existencia, sus prebendas y las incontables subvenciones directas o indirectas con que son obsequiados». Los cinco millones de parados les importan un huevo.
Como se puede apreciar, estoy de un optimista desbordante que me salgo. Pero me entran sudores tifoideos de pensar que España es una metáfora del bingo de juguete que ha sorteado a los 36 miembros del jurado popular que juzgará a Camps para que le hagan un traje a la medida.
El incierto final de ETA tiene más flecos que la manta zamorana de la negociación. Y no teniendo bastante, son tantas las asignaturas adicionales pendientes que están por aprobar, empezando por las reformas laboral, fiscal y financiera, que quien no se consuele será porque no quiera.
Mucho tienen que cambiar las cosas para que no nos acabe empitonando el rinoceronte de Java. España, en tercer grado. Veinte años de prosperidad y una canción desesperada. Dame la manita Pepeluis y que Dios nos coja confesados.
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Periodista
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jantonruytelefonicanet/9/9/20
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