La "pinza" de Zapatero
domingo 06 de abril de 2008, 23:51h
El todavía presidente de ERC, Josep-Lluís Carod-Rovira, ha acusado a Zapatero de formar una “pinza permanente” con CiU contra el tripartito. A nadie escapan los guiños que el presidente del Gobierno ha dedicado a la formación que dirige Artur Mas, y cuyo objetivo es ganarse su confianza de cara a futuras alianzas, tanto en el Congreso como en Cataluña. Y es que, por mucho que le pese a Carod, los 11 escaños con los que cuenta CiU constituyen la llave del Gobierno para el PSOE, que ve cómo, además, el pacto con la derecha catalanista le liberaría de tener que llegar a acuerdos con otros grupos nacionalistas.
Es comprensible la frustración de Carod. Esquerra ha pasado de estar en el centro de la escena política nacional y catalana a pasar a un tercer plano, dejando de ser el ingrediente principal de todas las salsas. ¿De verdad creía el ínclito Josep Lluís que ERC iba a mantener su peso de la anterior legislatura después de haber quedado reducida a 3 escaños? Es más, aunque hubiera repetido los resultados electorales de los anteriores comicios, ¿qué le hace pensar que Zapatero habría vuelto a confiar en su partido? Esquerra ya ha dejado patente que contar con ella para gobernar garantiza una jaqueca constante al presidente del Ejecutivo, y Zapatero ha escarmentado. Amen de que ahora los necesita menos.
Desde Ferraz quiere transmitirse una cierta idea de fortaleza cara a posibles alianzas con los nacionalistas, y al mismo tiempo, se lanzan propuestas vanas de acercamiento al PP. Pactar en grandes cuestiones de Estado. Por eso muestra una cara presuntamente inflexible ante el PNV, y por eso mismo, ERC no entra en sus planes. Por eso y porque ahora es el turno de CiU, un formación “pactable”. Por eso, Carod se sabe vencido, pero se resiste a caer. Reducidas a nada sus opciones de protagonismo en esta nueva legislatura y cuestionado dentro de su propio partido, donde Puigcercós le ha ganado la batalla, al vicepresidente del tripartito sólo le queda patalear. Eso sí, en castellano.
IGLESIA Y MODERNIDAD
El Obispado de Ciudad Real ha conminado a la Hermandad de la Virgen de la Encarnación de Abenójar a expulsar a María Rey Santos, de 54 años, por ser lesbiana y estimar que su conducta ha sido "manifiestamente escandalosa". Tal falta de decoro proviene del pasado febrero de 2007, mes en el que María Rey contrajo matrimonio civil con su pareja, otra mujer. Ambas llevaban conviviendo más de 15 años. La protagonista de esta historia afirma sentirse muy mal, toda vez que su familia es de "honda tradición católica", y que la situación personal que ha derivado de tales hechos no es en absoluto agradable.
Cuesta entender determinadas conductas a estas alturas de siglo. El posicionamiento de la Iglesia en asuntos tales como la objeción en la asignatura de Educación para la Ciudadanía puede entenderse en base a las razones esgrimidas por los prelados. Se podrá estar de acuerdo o no, pero les asiste el derecho a manifestar lo que crean conveniente. Para ello vivimos en un Estado de Derecho, garante de nuestras libertades y obligaciones. Una de ellas es la de respetar la intimidad de las personas, sea cual sea su condición o pensamiento. Y es palmario que la orientación sexual no está reñida con la fe (excepto si se es musulmán y homosexual al mismo tiempo, en cuyo caso la vida del individuo en cuestión corre peligro en determinados países islámicos). María Rey puede ser tan buena cofrade como cualquiera. Y con quien comparta su vida, es asunto suyo. Y de nadie más.
NADIE QUIERE OTRA GUERRA FRÍA
El encuentro que han mantenido este fin de semana George Bush y Vladimir Putin en la ciudad rusa de Sochi ha quedado en una mera declaración de buenas intenciones. De hecho, no ha habido un avance claro en los temas que más han separado a Washington y Moscú durante los últimos meses: la ampliación de la OTAN, Kosovo, las relaciones comerciales y, sobre todo, el escudo antimisiles que Estados Unidos pretende levantar con bases en Polonia y la República Checa. Aún así, parece que flota un cierto optimismo en el ambiente. Diera la impresión de que la imagen que ambos mandatarios han intentado transmitir es que, pese a sus enormes diferencias, Rusia y Estados Unidos están condenados a entenderse.
No obstante, la realidad, intramuros, va por otros derroteros. Es obvio que las tensiones de la Guerra Fría son ya cosa del pasado, y que a día de hoy, se antoja harto complicado que vuelva a repetirse una situación semejante. Pero resulta evidente que tantos años de enfrentamiento soterrado no pueden eliminarse de un plumazo. Por el lado americano, sus ciudadanos llevan generaciones creciendo en democracia y prosperidad. Esas mismas generaciones han sido educadas en el recelo hacia la Madre Rusia. Hoy el enemigo es otro, pero siempre quedará latente una rivalidad que nunca murió.
Y en Rusia han de hacer frente a siete décadas de comunismo. Digerir tal herencia es tarea dificilísima. Ante sí, una vastísima extensión de terreno donde nada funciona como debe, donde la corrupción campa a sus anchas, y donde una proverbial desidia, legado de la época soviética, supone hoy uno de los peores lastres para el progreso de sus desencantados ciudadanos. Gobernar semejante nave requiere de un capitán firme, y Putin ha demostrado serlo. Además, el aumento del precio de los hidrocarburos ha hecho que Rusia ingrese en sus ya no tan maltrechas arcas cantidades ingentes de dinero. Tales sumas han ido, en parte, dirigidas a modernizar el mecanismo bélico que antaño impusiera tanto respeto. China sigue a lo suyo, pero sin perder ripio de lo que sucede en el concierto internacional. Sotovoce, eso sí. Y el Islam es enemigo de ambos, por mucho que Moscú y Teherán mantengan buena sintonía.
Visto lo cual, nada ha cambiado. Las dos grandes potencias siguen siéndolo. Se vigilarán, como han hecho siempre, desconfiando la una de la otra, y en suma, nada cambiará. Aunque los tiempos sí lo han hecho, y por mor de esos cambios, ahora al menos impera una cierta cordialidad que siempre es bienvenida.