www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

Referéndum griego

jueves 03 de noviembre de 2011, 21:44h
Lo de los griegos ha pasado de una tragedia de Eurípides a una comedia bufa de Aristófanes. En un día y medio han pasado de desconvocar el referéndum para decidir si aceptan o no el plan de ajuste del gobierno a censurar a su gobierno y dar paso a un gobierno de concentración nacional. Eso sí, antes habían decidido llamar a plebiscito al pueblo soberano sin avisar a sus socios de la UE con quienes habían cerrado un acuerdo el día 26 de octubre. Aquí ya produce la reconversión del teatro clásico en una mezcla de esperpento, sainete y vodevil. Bromas aparte, la coyuntura europea es, como diría un porteño, imposible ché... Dicho esto, las medidas adoptadas en la Cumbre del pasado 26 de octubre no sirven para estabilizar la Eurozona y conjurar la crisis de deuda y bancaria. Lo divertido, valga la frivolidad, es que la incompetente gestión de los problemas griegos por parte de la UE ha hecho de un país insignificante en términos económicos y financieros el factor determinante de la supervivencia del euro.

Lleven a cabo o no su programa de austeridad fiscal y de reformas estructurales, aplíquese o no la quita de un 50 por 100 a los tenedores de deuda helena, Grecia está en quiebra técnica y tiene serias posibilidades de hacer defaulen los próximos dieciocho meses. ¿Cómo puede salvarse de la bancarrota un país cuya ratio Deuda-PIB se situará en 2020 en el 120 por 100 después de hacer todos los deberes impuestos por la troika UE-FMI-BCE? Esta es la realidad que la broma del referéndum y sus corolarios no puede ocultar. La economía griega no tiene salvación dentro del euro, salvo que se le inyecte liquidez de manera indefinida. Eso sí, quizá en décadas, Grecia sea capaz de ser un país serio y solvente...
Alemania y, en menor medida, Francia tienen una responsabilidad directa en el caos griego y, en su consecuencia, el contagio de la peste griega al conjunto de la Eurozona. En primer lugar fueron sus bancos quienes financiaron durante años a una economía que no respetaba las reglas de la unión monetaria. En segundo lugar, fueron los Estados francés (Chirac) y alemán (Shroeder) quienes dinamitaron el Pacto de Estabilidad y Crecimiento que ponía coto a los potenciales desmanes presupuestarios de los Estados de la UEM. De aquellos barros vienen los actuales lodos. En cualquier caso si se hubiese realizado una reestructuración de la deuda griega, se la hubiese dejado hacer default o se la hubiese expulsado del euro, nunca se habría producido la metástasis del cáncer heleno al resto de la periferia.

La ortodoxia macroeconómica y la flexibilidad de la economía son condiciones necesarias pero no suficientes para mantener una unión monetaria. Cuando esos dos principios no se asumen y no hay sanciones creíbles que obliguen a respetarlos, el mantenimiento de una moneda común es imposible. Ese ha sido el origen del actual drama europeo y escapar a sus consecuencias es muy difícil a estas alturas de la película, permítaseme el casticismo. Se eliminaron las restricciones institucionales destinadas a prevenir un exceso de endeudamiento de los Estados. Las exuberantes condiciones de liquidez generaron un sobre endeudamiento privado y una burbuja de activos insostenible. Cuando la crisis financiera americana pinchó la “euforia”, todo el edificio de derrumbó. Las empresas, las familias, las entidades financieras y los Estados vieron cuestionada su solvencia y la crisis sistémica se volvió inevitable. Y de ahí al desastre...

La situación actual es el resultado de una serie de errores acumulados. En lugar de liquidar el problema de Grecia, cuyo impacto sobre el conjunto de la Eurozona hubiese sido marginal, los líderes europeos consideran la ligazón del país de los Helenos con la UEM vital para la supervivencia del euro. Cuando la crisis griega no se atajó, los Estados de la periferia con problemas “similares” se contagiaron y, obviamente, si el euro no podía sobrevivir sin Grecia tampoco podría hacerlo sin Irlanda y Portugal. En consecuencia, los mercados restringieron la financiación a esos países, convencidos y así fue, de que la UE los salvaría de la bancarrota. Y después, España e Italia que eran más grandes y, por tanto, era imposible que cayesen. Esta espiral de contagio se ha vuelto imparable. No existe límite alguno a la transmisión de la epidemia porque cada enfermo es vital para la supervivencia del conjunto. Por tanto, el problema ha crecido hasta volverse inmanejable.

Ahora, el cuestionamiento de la capacidad de pago de la deuda de la periferia se ha disparado y el cuestionamiento de la solvencia de la banca europea también porque uno de sus principales activos son los bonos soberanos. En estas condiciones, no hay recursos privados ni públicos capaces de estabilizar la situación y los inventos como el Fondo de Estabilidad cuya dotación es ridícula para un problema de estas dimensiones y su gobernanza irracional (se exige unanimidad para suministrar fondos a los países que los demanden) no sirven para nada. Aunque Alemania estuviese dispuesta a aumentar su aportación al FEEF, que no lo está, esta sería insuficiente para calmar a los mercados.

En estas condiciones, la austeridad fiscal y las reformas estructurales son condiciones necesarias pero no suficientes para evitar un estallido de la deuda, de la banca y del euro. Hacen falta recursos para financiar el período de transición de la estabilización económico-financiera del Viejo Continente hasta la recuperación de la economía y la única fuente de esos recursos es el BCE. El resto es literatura...
¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (0)    No(0)

+

0 comentarios