Chávez el jefe de campaña de Ortega
viernes 04 de noviembre de 2011, 02:12h
Nicaragua se prepara para celebrar elecciones presidenciales este próximo domingo 6 de noviembre, en donde el líder del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) y actual gobernante de ese país, Daniel Ortega, aspira a la reelección. Unos comicios que forman parte del dinámico año electoral latinoamericano del que hemos sido testigo en las últimas semanas, al punto que también coinciden en fecha con los guatemaltecos.
No obstante, esta cita democrática podría transcurrir como algo perfectamente normal y natural, con la excepción de que tanto el ejecutivo de Ortega como su campaña contó con el patrocinio del presidente venezolano, Hugo Chávez, que como ya hemos mencionado en editoriales anteriores y noticias publicadas por este diario, es tan amigo de sus amigos, que prefiere patrocinar a sus aliados políticos que a su propio país.
Las injerencia del caudillo mal llamado “bolivariano” en el Gobierno de Managua es tan conocida e incluso descarada, que los nicaragüenses son conscientes de que el mandatario aportó para la campaña de su gran amigo Ortega 1.944,5 millones de dólares, sin olvidar que los petrodólares de PDVSA han contribuido sustancialmente al presupuesto de la nación centroamericana para este año que se sitúo en 1.624,4 millones de dólares y que contribuirá de forma filantrópica para situar el de 2012 en unos 1.858,2 millones de dólares.
Es indiscutible que Venezuela ha sido la mejor ONG que ha operado en Nicaragua. Algo que el sandinismo y el chavismo buscan capitalizar al 100% con políticas populistas, que van desde la entrega de láminas de zinc para construir “hogares”, créditos concesionales, becas y un bono extrapresupuestario de 30 dólares que desde mediados de 2010 reciben mensualmente alrededor de 130.000 empleados públicos de uno de los países más pobres y menos desarrollados del continente.
Tanta generosidad se traduce en un 48% de aprobación popular para un Daniel Ortega que parte como favorito a repetir mandato, y una oposición que se ve anulada por los billetes verdes y la voraz campaña orquestada por Hugo Chávez. Ojalá esto no termine por hipotecar la joven democracia nicaragüense, que muestra síntomas de un inquietante retroceso.