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Europa, centro del G-20

viernes 04 de noviembre de 2011, 02:14h
En abril de 2009 tuvo lugar la reunión del G-20 en Londres. Fue la primera en la que participó Barack Obama, quien recibió general aplauso por liderar una respuesta contundente ante la crisis económica, pese a marcar una relativa pérdida de influencia de los Estados Unidos. Se acordó responder de forma solidaria y coordinada ante la crisis financiera, recurriendo a las viejas ideas del apoyo fiscal y monetario. Tras su conclusión se respiraba un ambiente de moderado optimismo.

Hoy, dos años y medio más tarde, se vuelve a reunir el G-20. La perspectiva es muy otra. Ni las acciones coordinadas de los bancos centrales ni el despliegue de gasto e inversión pública de que han hecho gala los Estados han sacado al mundo de la profunda crisis que vive. Es más, estas políticas nos han legado nuevas amenazas que ahora nos vemos obligados a atajar. De forma destacada la crisis fiscal que amenaza con romper el euro y compromete el mismo proyecto europeo, tal como lo conocemos.

De hecho el certámen comienza con Grecia en la mayor crisis económica y política desde la II Guerra Mundial, y ni siquiera constituye el principal problema de la eurozona y de la propia UE. Aunque no pueden desligarse un caso de otro, lo que le quita el sueño a los responsables europeos es Italia, que tiene una deuda pendiente de 1,9 billones de euros. El anuncio de referéndum por Grecia, ahora descartado, llevó los intereses de su deuda al 6,1 por ciento. Se considera que por encima del 6,5 el país necesitará asistencia. Y si no podemos reconducir la situación de Grecia, una Italia con problemas parece ser demasiado incluso para la poderosa Alemania. No podrían con una situación así ni un fondo de rescate ampliado con el concurso del FMI. Por eso ha dicho el presidente del Eurogrupo, Jean Claude Juncker, que Grecia debe permanecer en el euro “a toda costa”. Porque puede convertirse en la grieta por la que salgan otros países del euro. Por eso han acordado acelerar las reformas aprobadas el 27 de octubre en el seno de la eurozona, aunque se reconoce que puede que no sean suficientes.

Por último, es significativo que los problemas de Europa hayan eclipsado el resto de problemas que ocupan la reunión de las primeras potencias. El mundo sigue, con sus urgentes problemas por atender, como el precio de los alimentos. Pero nuestro continente no está para liderar los cambios mundiales, sino para atender sus debilidades y no dejarse arrollar por un cambio global
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