Inquietud mundial
G20: de la refundación del capitalismo a la tragedia griega
sábado 05 de noviembre de 2011, 12:24h
La cumbre del G20 en Cannes se ha convertido en la cumbre de Grecia. Atrás quedaron las reuniones de este grupo en las que se aspiraba a fines grandilocuentes como ‘la refundación del capitalismo’ o ‘la solución de la crisis’. Los dirigentes mundiales se han contentado con achicar aguas en la economía griega, cuyo tamaño apenas representa el 0,4% del PIB mundial y el 2,8% de la eurozona.
La crisis de Grecia ha sido el asunto capital de la cumbre del G20 celebrada en Cannes, que tuvo como ominoso precedente la cena de urgencia en la que Merkel y Sarkozy amenazaron a Papandreu con expulsar a Grecia de la economía del euro en el caso de que rechazara el rescate en referéndum. Esta expulsión conlleva la retirada de ayudas al país situado junto al Egeo y, por tanto, su bancarrota. Una quiebra que no sólo afectaría a los ciudadanos griegos.
A falta de que se despeje la incógnita griega, cabe preguntarse, ¿puede una porción de la economía tan pequeña como la de la nación helena poner en jaque las finanzas en todo el mundo? De nuevo, como ya se puso de manifiesto en la quiebra de Lehman Brothers, una sola pieza puede desencadenar una reacción que pone en peligro a todo el sistema. Precisamente, el riesgo sistémico que los dirigentes mundiales querían atajar mediante la regulación de las finanzas en aquel la cumbre del G20 en Londres celebrada hace 3? años.
“Se debe tener en cuenta lo que hay detrás”, asegura a EL IMPARCIAL el Presidente del Consejo General de Colegios de Economistas, Valentí Pich, “que es la desconfianza sobre la gobernabilidad del euro”. Afirma que Grecia es la “excusa” para hablar de los problemas de la que en poco tiempo se ha convertido en una de las tres principales divisas del mundo.
En la misma línea, el investigador del IESE, Gonzalo Gómez Bengoechea, dice a este diario que donde se habla de la solvencia Grecia, en realidad, se está hablando de la de otras economías que podrían encontrarse en una situación parecida, como España o Italia.
La situación griega, por tanto, es una pequeña brecha que, como la del Titanic, pude hundir todo el barco: según el Banco de Pagos Internacionales (BIS, por sus siglas en inglés), la exposición de los bancos franceses y alemanes a la economía helena es elevada: 31.000 millones de dólares en el caso de la entidades francesas y 23.000 en el caso de las alemanas.
Si se extiende a otros países como Irlanda, España y Portugal la exposición de las entidades francesas asciende a 106.000 millones de dólares y 68.000 en el caso de las alemanas, según el BIS.
Pero ese riesgo visible obvia otro más soterrado, el de los seguros contra el impago de deuda, o los temidos CDS (credit default swaps), que dinamitaron los mercados financieros tras la quiebra de Lehman. Estos derivados financieros son comercializados por los bancos, y se comprometen a indemnizar al comprador en el caso de que el activo asegurado –en este caso deuda soberana-, registre un impago.
Uno de las principales consecuencias de un ‘default’ o impago griego sería que aflorarían los tenedores de estos instrumentos, cuyo mercado es opaco. Sin embargo, algunos observadores coinciden en señalar que tras el interés de Barack Obama por dar solución rápida a la crisis de la deuda en la eurozona subyace la alta exposición de la banca estadounidense a un impago por vía de los CDS. “El problema es que hasta hace poco la deuda soberana era un activo sin riesgo, pero ahora se ha demostrado que no es así”, asegura Bengoechea, que explica que en caso de producirse “una espiral de impagos, la dispersión es menor que en el caso de Lehman”.
Precisamente, la falta de transparencia es uno de los problemas que los líderes del G20 se disponían a erradicar hace tres años, sin éxito.
Y bajo el problema, subyace la falta de liderazgo para atajar los problemas de la economía y la pujanza de las nuevas potencias, como China. “El primer mundo ha perdido su peso en la escena internacional”, analiza Valentí Pich. “Por un lado, existe la desconfianza en la eurozona, por otro la elevada interconexión en los mercados financieros, y, por último la desgobernanza mundial”, explica Pich, que se muestra escéptico en cuanto a una solución política al problema: “Esto no se arregla con reuniones, queda fiesta para rato”, sentencia.