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El inicio de campaña

sábado 05 de noviembre de 2011, 20:55h
La campaña ha comenzado como una película de cine negro cañí. Las gasolineras como lugares de reunión y pagos al contado. Cinco millones de parados, crecimiento cero y la sombra de Grecia que es cada día más alargada. Los asesinos de ETA van a juicio mientras la viuda de Múgica les sostiene la mirada después de haber contado cómo se quemaba su marido. Las víctimas del terrorismo siempre están por encima de los verdugos. Mientras tanto, la amenaza nacionalista se cierne hoy más que nunca sobre España.

La pegada de carteles tiene un sabor ya rancio, demodé, un poco triste como la letra de un tango los domingos. Los mítines del PSOE deberían comenzar con un quejío de dolor que no termina y los del PP con la Sinfonía Heroica. Rubalcaba se ha retirado para preparar el debate del lunes con Rajoy. Rodríguez Zapatero va dejando un aroma a crisantemos que nadie puede disipar. Han reaparecido los fantasmas del pasado: González y Guerra ¡Vaya tropa!

Al fondo, está España rota, postrada, arruinada… Un gran país sumido en el marasmo creado por un Presidente en retirada. Las navajas se están afilando para el próximo Congreso del Partido mientras en las tertulias se intercambian chismes y rumores sobre ministrables y embajadores. Cada vez hablamos más de lo que los políticos dicen y menos de lo que hacen y de lo que deben hacer. En campaña y en las semanas anteriores, la retórica electoral ocupa casi todo el espacio público. El balón de oxígeno del comunicado de ETA se ha ido desinflando mientras el efecto Rubalcaba iba languideciendo. Rajoy va tranquilo sabiendo que los socialistas se están cociendo en su salsa: el paro, la parálisis económica, las luchas internas, el caos, Blanco.

Tampoco la opinión pública está para muchos matices. El cansancio de la palabrería de los políticos es cada vez mayor y el descontento lo rentabiliza el llamado 15-M, cada vez más radicalizado y menos creativo, más manipulado y menos alternativo… Ya conocemos el movimiento okupa, las turbas antiglobalización, los nostálgicos de Mayo del 68 que naturalmente siempre corrieron delante de los grises.

Se presta atención al que más grita por mucho que diga disparates. Esta semana han amenazado de muerte a Federico Quevedo. Si alguien se pregunta por qué, que se pregunte también si puede haber un porqué que justifique esa amenaza. El linchamiento mediático de quien discrepa –sea de izquierdas, de derechas o sin adscripción- es el único síntoma de que estamos llegando al grado cero de la comunicación. El insulto –que a menudo concentra su odio en sólo 145 caracteres- parece ir cediendo ante el gruñido. Es como si estos casi ocho años de zapaterismo hubiesen sacado lo peor de nuestra sociedad ¿Qué será lo próximo?

Hay que trabajar por el empleo, el crecimiento y la unidad de España. Hay que acometer reformas profundas y encauzar situaciones que se han desbocado. Necesitamos moderación, sensatez, valentía y firmeza.

Si no, estamos perdidos.

Ricardo Ruiz de la Serna

Analista político

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