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China y el espionaje informático industrial

domingo 06 de noviembre de 2011, 19:29h
Los EEUU acaban de hacer público un informe en el que acusan a China de espionaje informático e industrial, de espías y copiones, en definitiva. Basta leer la noticia y algunos comentarios a ella (uno de los placeres del periodismo actual, en el que los comentarios de los lectores superan a veces en calidad al propio texto del periodista) para darse cuenta de que todo el mundo sabe algo: a. que los EEUU han sido el primer espía mundial, b. que la copia industrial está favorecida por el hecho de que Occidente fabrica todo en Oriente (sobre todo en China) por lo que el acceso a los secretos industriales es relativamente sencillo, o al menos ocurre muchas veces en su propia tierra. También influye el hecho de que la educación en las sociedades orientales se basa de forma tradicional y básica en un proceso de copia: el pupilo repite el modelo del maestro hasta que lo domina. Solo entonces podrá él crear un modelo propio. Lo hizo Japón y ahora lo está haciendo China.

Sin embargo, el informe de los EEUU pone énfasis no tanto en el espionaje industrial, como en el informático y el relativo a las comunicaciones. Los chinos, con los rusos a la espalda, como esas tortugas montadas por una tortuguita (que a la vez está montada por otra), están infiltrándose en todas las redes. (Mi amiga Teresa siempre repite que no está en Facebook porque no se sabe quién está detrás de la foto: “Sí, mucha foto bonita, pero luego detrás está un chino”. ) La lucha del siglo XXI será por el dominio de la comunicación. Occidente se juega mucho en esta guerra: ha perdido la producción, está perdiendo la innovación y aunque domina a su antojo la comunicación, la van saliendo rivales tanto en el mundo árabe como en el chino, aunque no les prestemos mucha atención por el momento en las televisiones españolas. En esta guerra las lenguas jugarán un papel capital, al igual que lo harán los centros de formación, las universidades.

Por el momento, el Instituto Cervantes ya ha anunciado colaboraciones con los organismos oficiales del inglés para contrarrestar la ofensiva de lenguas como el ruso, el hindi o el chino. Por otro lado, en el suplemento dominical del New York Times último, se publicaba hace escasos días un interesante reportaje sobre el sistema educativo universitario y los estudiantes chinos. Estados Unidos tiene seguramente el mejor sistema universitario mundial, con la excepción de dos o tres instituciones británicas. Sus principales valores descansan en la flexibilidad para aceptar estudiantes y contratar profesores (que permite que una institución se defina por ella misma), y una idea clara de la excelencia académica (basada en un desarrollo lo más integral posible del individuo, no solo libresco o profesional). Desde hace muchos años, las universidades norteamericanas han sido el objetivo de estudiantes indios, pakistaníes, iraníes, coreanos, japoneses, europeos, etc. Casi siempre, de los mejores estudiantes. La presencia de estos estudiantes ha dado a los EEUU muchas cosas: mano de obra especializada, difusión de sus ideas e ideales, cosmopolitismo e ingresos. La educación en los EEUU es muchas veces un negocio muy bien montado, en el que un estudiante invierte de forma consciente una gran suma en su educación, suma que deberá devolver durante algunos años de su actividad profesional. El caso es que, por un lado, hay ahora una crisis económica enorme también en los EEUU y que, por otro lado, los estudiantes chinos se han apuntado de forma masiva al objetivo de estudiar en una universidad de los EEUU. No hace falta pensar mucho para ver que estamos ante una combinación explosiva.

Por un lado, las universidades quieren, necesitan a esos estudiantes extranjeros y sus ingresos; por otro, los estudiantes chinos están dispuestos a todo por entrar en ese sistema. El proceso de entrada suele ser similar: estudio del expediente del estudiante formado por sus notas, cartas de referencia, un ensayo en el que desarrollan en inglés un tema y haber pasado el examen TOEFL. ¿Cuál ha sido el resultado? Pues los resultados han sido varios: a. las universidades de los EEUU han mandado a China a reclutadores de estudiantes, b. los estudiantes chinos se han lanzando como locos a intentar entrar en las universidades de los EEUU y, c. en la mayoría de los casos hacen, para ser admitidos, lo que tanto teme mi amiga Teresa, simplemente falsifican su expediente, a veces con la connivencia de preparadores y quizá de los mismos reclutadores. Inflan o cambian notas, se añaden asignaturas, copian cartas de recomendación, mandan a alguien pagado a que se examine en su lugar de inglés, compran ensayos sobre temas que no conocen. El resultado es casi pantagruélico: el último semestre 2.500 estudiantes chinos intentaron entrar en la Ohio State University, una universidad estatal del Midwest, una de las mayores del país. Las universidades no saben bien qué hacer. Por un lado, para algunas supone un negocio redondo; pero la asimilación de estos estudiantes altera los hábitos y las técnicas de estudio habituales. ¿Qué hacer? Habrá que ir viendo. Sin duda, el sistema universitario anglosajón tiene recursos para hacer frente al reto, pero uno se puede preguntar si es consciente de las consecuencias derivadas del asimilacionismo cultural construido sobre bases meramente mecantiles. ¿No es otra forma de facilitar la copia?
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