José Blanco no está indefenso
lunes 07 de noviembre de 2011, 08:28h
El cerco judicial contra José Blanco, ministro de Fomento y portavoz del Gobierno de Rodríguez Zapatero, se va estrechando. La juez Estela San José ha remitido al Tribunal Supremo una exposición razonada en la que aprecia indicios de la comisión de supuestos delitos de cohecho y tráfico de influencias en la denominada “Operación Campeón”, que llevan aparejados penas de prisión, multa e inhabilitación.
El señor Blanco un día sí y otro también, se queja de que está siendo sometido a un juicio mediático paralelo, e incluso ha llegado a afirmar que se encuentra indefenso. Sin duda, no deben hacerse juicios paralelos; y no es la primera vez que este periódico ha editorializado contra la pésima costumbre española de aprovechar la intolerable lentitud de la Justicia para crucificar sobre el papel, o en la pantalla, a gentes imputadas o simplemente acusadas de un delito no probado: algo que sustituye la presunción de inocencia por la de culpa. El hecho de que el señor Blanco haya hecho frecuentemente de Torquemada contra otros, no autoriza a nadie a someterle a él a un trato inquisitorial similar. Sin embargo, tampoco es cosa de que el ministro de Fomento pase de la prepotencia al victimismo. No es otro que él mismo quien está fomentando ese supuesto juicio paralelo con su obstinación no ya solo en no dimitir, sino en no dar la más mínima explicación sobre su oscuro encuentro con el empresario Jorge Dorribo en un lugar tan insólito –parece que el señor Blanco huía como de la peste de la luz y taquígrafos- como la ya tristemente famosa gasolinera de Guitiriz. Por tanto, lo primero que debería hacer el portavoz del Gobierno es una severa autocrítica. Pero, en este sentido, no se le ha visto la menor intención.
El ministro de Fomento goza, por supuesto, como cualquier otro ciudadano en un Estado de Derecho, de la presunción de inocencia. Y esto nadie lo pone en duda. Pero otra cosa es la responsabilidad política. El decoro republicano es más exigente si cabe cuando se trata de un cargo público. El más elemental sentido ético, debería haberle llevado a don José Blanco a dimitir en el mismo instante en que la “Operación Campeón” estalló. En lugar de esto, se atrinchera, incluso a costa de estar causándole un gran prejuicio a su propio partido. El señor Blanco no está indefenso, pues será finalmente será el Supremo quien determine su supuesta culpabilidad. Pero debería por lo menos salvar los muebles de su cuestionada honorabilidad no aferrándose a toda costa al poder.