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Frente al silencio de Rubalcaba

Rajoy propone recuperar el papel de España en el mundo

martes 08 de noviembre de 2011, 12:48h
La política exterior de España con José Luis Rodríguez Zapatero ha sido inconstante, errática y plagada de ambigüedades. Lo que ha llevado a un deterioro que no hay que imputar a la fatalidad sino al cúmulo de errores cometidos con los países iberoamericanos por una parte, y los del sur del Mediterráneo, el Magreb y Oriente Próximo, por otra.
La política exterior española en estas dos legislaturas ha sido inconstante, errática y plagada de ambigüedades. Lo que ha llevado a un deterioro del prestigio de España en el mundo, a la pérdida decredibilidad de nuestra diplomacia en unos casos, y al decaimiento de su función mediadora en otros.

Deterioro que no hay que imputar a la fatalidad sino al cúmulo de errores cometidos con los países iberoamericanos por una parte, y los del sur del Mediterráneo, el Magreb y Oriente Próximo, por otra. Esto, junto a la creciente falta de credibilidad en Europa, ha hecho perder a España muchos puestos en su proyección internacional.

La reciente cumbre iberoamericana con la ausencia de más de media docena de Jefes de Estado, ha mostrado de manera palpable que el Gobierno de Rodríguez Zapatero no ha ofrecido un proyecto atractivo para las naciones iberoamericanas. Proyecto que debe tener como principal base el respeto de las libertades democráticas y de los derechos de las personas, y acompañarse de planes de desarrollo socio-económico en la perspectiva de una integración supranacional.

Pérdida en la UE y sin frutos en el mundo árabe
Tampoco en Europa ha sido brillante la diplomacia española en estos años. La pérdida del papel de “potencia media” de España en la Unión Europea no sólo se ha debido a la retrocesión de puestos en el potencial económico y financiero del país, sino también a factores políticos: inconstancia en los planteamientos en el seno de la Unión, seguidismo a la política de Francia, distanciamiento de otros aliados como Alemania y Gran Bretaña. España ha estado cada vez más ausente de las cumbres reducidas llevadas a cabo en Europa, y cuyos protagonistas han sido principalmente Alemania, Francia, Italia, Gran Bretaña y Rusia.

En cuanto a la política seguida con el mundo árabe, a pesar de algunas declaraciones altisonantes, no ha dado los frutos esperados. Por ejemplo, la tan cacareada luna de miel que el gobierno español ha vivido con Marruecos no se ha plasmado en la constitución de ningún mecanismo institucional capaz de absorber las crisis periódicas que surgen con nuestro vecino del sur. A pesar de la veintena de visitas que hizo el ministro Moratinos a Marruecos - Trinidad Jiménez sólo realizó un viaje de despedida hace pocos días – las relaciones con el Reino alauita siguenlastradasy cargadas de mutua desconfianza. España manifestó dudas y descontento por la designación por parte del rey de Marruecos del nuevo embajador Ahmed Suilem, que el gobierno tardó en aceptar, cuando Rabat es soberano para proponer a quien considere oportuno.

PIE DE FOTOEs cierto que durante la presidencia española de la Unión Europea en elprimer semestre de 2010, España hizo todo lo posible para promocionar la cumbre UE-Marruecos que debía sancionar un Estatuto avanzado en las relaciones entre el Reino alaui y la Unión Europea. Sin embargo a dicha cumbre no consideró necesario asistir Mohamed VI. Y ello a pesar de que el Gobierno español dejó de lado temas cruciales que Marruecos tiene en suspenso en sus relaciones con Europa: el narcotráfico, una política firme para atajar la inmigración ilegal, el conflicto del Sahara Occidental, el cierre de fronteras con Argelia, la delimitación de aguas territoriales con España, así como temas relacionados con el respeto a los derechos y libertades democráticas.

Intereses nacionales y buena vecindad
A menudo el Gobierno de Rodríguez Zapatero confundió la defensa de los intereses nacionales con la buena vecindad, y dejó de lado los primeros para no dañar el segundo. Por ejemplo dio instrucciones para que la delegación española apoyase la petición de Francia en el Banco Europeo de Inversiones de un préstamo de 400 millones de euros para financiar el Tren de Alta Velocidad marroquí, cuando ese contrato se había otorgado a dedo, sin oferta pública, y porlo tanto en detrimento de las empresas españolas del sector, muy competitivas como se ha visto en el contrato conseguido en Arabia Saudita por el empeño personal del embajador saudí en España, el príncipe Saudbin Nayefbin Abdulaziz, hijo del actual Príncipe Heredero y futuro rey. Al final el BEI rechazóla petición francesa por la oposición de Alemania, cuyas empresas como Siemens también se vieron perjudicadas.

Las relaciones entre España y Marruecos ciertamente están impregnadas de sensibilidad. Algo que nuestra diplomacia debe tener en cuenta. En enero de 2005 con motivo de la visita de los Reyes de España a Marruecos, se puso en marcha un ambicioso proyecto que contaba mucho para nuestro vecino: la universidad Dos Reyes de Tetuán. Un proyecto que esperaba estar listo para 2008 y recibir tres mil alumnos que cursarían sus estudios en lengua española. Al día de hoy el proyecto está estancado. España no ha querido o no ha sabido superar los escollos para ponerlo en marcha. Uno de estas trabas fue sin duda la visita que los Reyes realizaron a Ceuta y Melilla en noviembre de 2007. Una visita absolutamente justificada y legítima, pero que la diplomacia española no supo comunicar debidamente a Marruecos.

A menudo para compensar la irritación de nuestro vecino del sur, la diplomacia española improvisaba propuestas destinadas a complacer a Rabat. Como la tenida por Trinidad Jiménez al proponer que las Naciones Unidas envíen una misión a Tinduf para examinar las condiciones de seguridad en los campamentos de refugiados, tras el secuestro de los tres cooperantes, dos españoles y una italiana, en uno de los campos de refugiados saharauis. Conociendo la alta sensibilidad que tienen todos los países árabes en relación con su soberanía, que en el caso de Argelia se puede considerar hipersensibilidad, la propuesta es vista como ilusoria, si no claramente provocativa. Argelia nunca aceptará que una delegación de un organismo internacional viaje a su país para verificar si sus fronteras son debidamente guardadas; y el territorio donde están instalados los campamentos de refugiados saharauis es argelino.


Vaivenes de la diplomacia en el Magreb
Precisamente los vaivenes de la diplomacia española en el Magreb se reflejan claramente en las relaciones con este último vecino, Argelia, que siguen impregnadas de desconfianza. Desde hace cinco años (octubre 2006) no visita España el ministro de Exteriores argelino. Y desde hace tres (julio de 2008) ningún ministro español de Exteriores va a Argel.Una situación que echa por tierra los frutos de la firma del Tratado de Amistad, Buena vecindad y Cooperación con Argelia firmado en noviembre de 2003, durante el último gobierno del Partido Popular.

La ambigüedad y la falta de firmeza en las relaciones con Libia han ocasionado igualmente un perjuicio que puede tener graves consecuencias en las relaciones con este país y en los intereses españoles en el mismo. A pesar de la incorporación de España a la coalición militar que intervino en Libia en contra del régimen de Muamar Gadafi, el Gobierno de Zapatero se mantuvo en el furgón de cola. El 12 de marzo, Francia, Portugal y el Reino Unido reconocieron al Consejo Nacional de Transición libio, formado por los rebeldes opositores a Gadafi y con sede en Bengazi. España no lo hizo. Se limitó a secundar la Unión Europea y aceptar al CNT como “interlocutor válido”. Italia, por su parte, reconoció al CNT libio como único interlocutor el 4 de abril. España esperó incluso hasta el 13 de abril para anunciar su intención de enviar un “enlace” con el CNT en Bengazi, que sólo se incorporó a primeros de mayo. Era un simple enlace político y no un embajador en funciones. Porque España seguía reconociendo diplomáticamente al régimen de Gadafi, a pesar de que desde el 21 de marzo anterior, la coalición militar intervenía en Libia para proteger a lapoblación civil contra la represión generalizada del régimen. En Madrid durante todo ese tiempo se mantuvo la duplicidad: la embajada libia seguía en funciones, aunque a su embajador AjeliAbdussalamAliBrenise le había pedido que abandonara España a principios del mes de marzo. Tan solo el 8 de junio, casi tres meses después de que lo hiciera Francia, España decidió romper las relaciones con el régimen de Gadafi y reconocer el Consejo Nacional de Transición como representante único y legitimo del pueblo libio. Una tardanza que los libios no han olvidado y que tendrá consecuencias en la futura participación española en la reconstrucción del país norteafricano devastado por seis meses de guerra.

PIE DE FOTOMediador en el conflicto medio-oriental
Del mismo modo España ha perdido en este periodo de gobierno socialista su capacidad de ser mediador en el conflicto medio-oriental. Porque para ser intermediario hace falta el reconocimiento de las partes en conflicto. Cuando alguien se inclina por una de las partes, pierde su papel de mediador. Y es precisamente eso lo que acaba de hacer la diplomacia española al apoyar la propuesta de reconocimiento de un Estado palestino independiente por las Naciones Unidas. El voto español también ha sido favorable al reconocimiento de Palestina como miembro de pleno derecho en la UNESCO celebrado días atrás.

Y sin embargo aprincipios de julio, en la reunión que mantuvieron la ministra española Trinidad Jiménez y la Secretaria de estado norteamericana Hillary Clinton, ambas estuvieron de acuerdo en que un reconocimiento del Estado palestino por parte de la comunidad internacional sólo tendría sentido si se hace con el acuerdo de Israel.

España no necesita demostrar su apoyo histórico al pueblo palestino. Ha sido una constante desde el origen del conflicto cuando lapartición de Palestina aprobada por las Naciones Unidas en 1948 y la creación del Estado de Israel. Pero al alinearse con una posición, el Gobierno echa por tierra la posibilidad de jugar un papel mediador más eficaz.

Si durante los gobiernos anteriores España tuvo la precaución de mantener una posición neutral y equidistante en los conflictos existentes en el Norte de África, también eso se rompió con el periodo socialista. Conflicto que se centra en el Sahara Occidental, pero que incluye la tensión entre Marruecos y Argelia, con la frontera común terrestre cerrada y el estancamiento de la Unión del Magreb Árabe.

Guerra de Irak
Durante el periodo socialista el MAEC nunca dedicó el más mínimo esfuerzo para contrarrestar la falsedad de que “España apoyó militarmente a Estados Unidos y participó en la guerra de Irak”. Era éste un slogan que le había servido al PSOE para movilizar la opinión pública en contra del gobierno anterior del Partido Popular y recabar los votos de la izquierda y de los movimientos pacifistas. Tras la llegada al gobierno Rodríguez Zapatero tuvo interés en mantener el mismo slogan. Se trataba de una falsedad manifiesta. Pero el ministerio de Exteriores socialista permaneció mudo. Fue una delegación del Partido Popular en el Congreso del partido nacionalista marroquí El Isticlal quien explicó más tarde que “ningún soldado español intervino en los combates en Irak”. La delegación del PP fue la única delegación no-árabe a la que se permitió intervenir en el plenario, y la explicación de la posición española fue bien acogida por el partido marroquí y las delegaciones árabes presentes.

En este periodo de crisis económica y financiera internacional, y en el momento en que la economía española está tocando fondo, el gobierno socialista no ha sabido aprovechar la simpatía de la que goza España en el mundo árabe para atraer las inversiones del Golfo Pérsico.

El próximo gobierno deberá enderezar la diplomacia y recuperar el papel que le corresponde a España en el concierto de naciones, papel que tiene la capacidad y el deber de jugar.
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